Tim Marshall se ha posicionado como una autoridad en el campo de las relaciones internacionales gracias a su experiencia como reportero y al éxito de su libro Prisioneros de la geografía (2017). Su segundo libro, El poder de la geografía (2021), continúa analizando territorios clave para la geopolítica actual, y ya se ha publicado en español (2024, Península). Hablamos con él para conocer las razones detrás de su elección y su perspectiva sobre los conflictos en Ucrania y Gaza y la tensión entre China y Estados Unidos.
PREGUNTA – Su tesis es que la geografía es fundamental para entender el mundo. ¿Por qué?
RESPUESTA – Defiendo firmemente que la geografía es uno de los principales factores que explica lo que ocurre, pero no soy un determinista geográfico. Existen otros factores, pero la geografía siempre es importante. Hace 150 años, saber dónde se encontraban las reservas de carbón era muy relevante. Hoy ocurre lo mismo con el litio. Ambos casos tienen que ver con la geografía.
Tomemos nuestros países de ejemplo. Si miramos a España, la geografía del país fue clave para su organización interna. En cuanto al Reino Unido, tenemos una costa muy irregular, que permite tener puertos de aguas profundas. ¿Qué más teníamos? Extensos bosques de robles que nos permitían construir grandes barcos. Esos dos elementos, los puertos y los barcos, dan como resultado un gran imperio.
Algunas personas han criticado su tesis por ser demasiado determinista. ¿Qué opina al respecto? ¿Cómo podemos evitar esa crítica al hablar de geografía o de su importancia?
Podemos evitarla señalando hechos geográficos e históricos, mostrando que ambos van de la mano. Los críticos suelen argumentar que a quienes nos interesa la geopolítica creemos que la geografía lo determina todo. Yo no creo que lo haga, pero no veo por qué no habría de ser uno de los factores que moldea lo que ocurre.
Pensemos un ejemplo moderno: Neom, la ciudad de cien millas de largo que los saudíes dicen que van a construir en los próximos años. No podrían siquiera empezar si las primeras veinte millas fueran planas, pero las siguientes veinte montañosas, las siguientes veinte un pantano y las siguientes una llanura costera que se inunda frecuentemente con el mar. Pueden hacerlo porque tienen cien millas de desierto.
Otro ejemplo: China tiene una población masiva. ¿Por qué? Una de las razones es la franja de lluvias que divide a China. En un lado es donde se concentra la mayor parte de la población. Las abundantes lluvias que recibe esa porción del país generaban tierras más fértiles que permitían dos cosechas al año. Con dos cosechas al año, hay más alimentos y, con más alimentos, puedes tener más población. Cada país en el mundo tiene ejemplos como estos.
En su primer libro, Prisioneros de la geografía, analizó grandes potencias como Estados Unidos o China. En El poder de la geografía ha elegido potencias medias como Irán, Arabia Saudí o Turquía. ¿Por qué eligió estos países?
Después de estudiar las grandes potencias y macrorregiones en el primer libro, me apetecía profundizar en potencias de segundo nivel, aquellas que copan las noticias por distintas razones. Yendo una a una, elegí Australia porque es un lugar enorme y muy interesante geográficamente. Se puede ver claramente que la geografía ha determinado parcialmente su historia. El 85% de su población vive en una esquina del país, donde está el agua. Además, Australia es un actor clave en el Indo-Pacífico. No se puede hablar de esta región y ni de su historia sin incluir a Australia.
En cuanto a Irán: siempre está en las noticias y seguirá estándolo, por lo que es útil explicar su geografía. Permite comprender la historia no sólo del país, sino de todo Oriente Próximo. Lo mismo podemos decir de Arabia Saudí. El Reino Unido sigue siendo una potencia de segundo nivel: es un miembro permanente del Consejo de Seguridad [de la ONU], una potencia nuclear y la sexta economía más grande del mundo.
Grecia, porque a menudo se pasa por alto, pero su posición estratégica, sus puertos, sus conexiones y su relación con Turquía la hacen relevante. Desde que escribí el libro, el concepto del IMEC, el corredor India-Oriente Medio-Europa que ideó la Administración Biden para contrarrestar la Nueva Ruta de la Seda china, lo ha hecho aún más importante, ya que Grecia es un actor clave gracias a sus puertos y conexiones. Y si escribía de Grecia por esto, tenía que incluir a Turquía por razones similares.
El Sahel es una región inherentemente inestable y un campo de batalla para las grandes potencias. Los franceses han sido expulsados, mientras que los estadounidenses y los rusos están ganando terreno. Desde que escribí el libro, la violencia se ha extendido a la costa oeste africana, como Togo, Benín y Costa de Marfil, así que cobra todavía más sentido estudiarla. Etiopía es fascinante por su relación con Egipto debido al Nilo, que los conecta, y por la presa etíope. También porque es la mayor potencia del Cuerno de África.
España me interesaba porque está siendo pasada por alto. Es una potencia de segundo nivel líder, con una historia increíble, similar a la británica, tanto en lo bueno como en lo malo. Está en la primera línea de los movimientos migratorios. Su geografía es fascinante, pero fuera de Iberia no se entiende bien su papel en la OTAN y en defensa, con sus puertos, su marina y sus islas. Merecía la pena explorarla.
Y los apuntes finales sobre el espacio exterior fueron un momento de inspiración. Es un área que ha ganado mucha relevancia y que también tiene una geografía interesante.
Escribió los dos libros antes de que estallaran las guerras en Ucrania y Oriente Próximo. ¿Cambiaría o añadiría algo si lo hubiera sabido de antemano?
Escribiría sobre ellas (risas). Pero hablando en serio, no me sorprendieron. En Prisioneros de la geografía dije que Rusia volvería. Y en El poder de la geografía expliqué la lógica de Irán, que es expulsar a los estadounidenses de Oriente Próximo, lo que les permitiría dominar la región y destruir a Israel. Irán lo ha intentado utilizando a sus proxies —Hezbolá, Hamás y los hutíes— y han fracasado estrepitosamente. En el fondo, las razones que expliqué en los dos libros no han cambiado, sino que se han reforzado.
“El subconsciente colectivo ruso interioriza que siempre buscarán controlar Polonia y, si no pueden, Bielorrusia y Ucrania”
¿Qué importancia tiene la geografía en estos dos conflictos?
En el caso de Rusia, su geografía e historia son clave. Todo se centra en la llanura del norte de Europa. Es plana en Francia y se estrecha al acercarse a Polonia, donde se crea un corredor desde los Cárpatos al sur y el mar Báltico al norte. Luego, al salir de Polonia, se ensancha de nuevo en Bielorrusia y Ucrania. A lo largo de la historia de Rusia, por ese pequeño corredor llegaron el imperio polaco-lituano, los suecos, Napoleón, los alemanes en 1940 y luego en 1941.
Si tienes esa geografía y esa historia, el subconsciente colectivo ruso interioriza que siempre buscarán controlar Polonia y, si no pueden, buscarán controlar Bielorrusia y Ucrania. Por eso, cuando Ucrania decide que quiere un futuro diferente, siguiendo los pasos de otros tantos países de la antigua órbita soviética, Rusia reacciona como lo hizo. Eso no lo justifica, pero sí que lo explica.
En cuanto a Oriente Próximo, voy a fijarme solamente en la perspectiva iraní, no la de israelíes o palestinos. Los persas siempre han buscado proteger su flanco occidental, Mesopotamia. Esto no ha cambiado porque ahora se llamen Irán en vez de Persia. Cuando los estadounidenses invadieron Irak, eliminaron un régimen suní que fue reemplazado por uno chií que se hizo amigo de Irán. Esto creó la conexión Bagdad-Teherán. Al oeste está Damasco, donde la familia Asad es alauí, una rama del chiismo. También forjaron una alianza con ellos. Luego llegamos a Líbano, donde está Hezbolá, la milicia chií financiada por Irán.
El resultado de esta red de alianzas es un corredor chií a través de Oriente Próximo hasta el Mediterráneo, por el que transfieren bienes y armamentos y proyectan poder e influencia. Por eso en la guerra civil siria Irán envió cientos o miles de tropas para mantener abierto ese corredor, que muchos otros actores en esa guerra querían romper. El golpe de efecto final es su alianza de conveniencia con Hamás, un grupo suní, al que le unen su política anti-Israel. También se aliaron con los hutíes chiíes en Yemen, creando lo que llaman un “círculo de fuego” alrededor de Israel. Esta es la explicación geográfica, aunque, por supuesto, hay más factores.
Este último año hemos visto a Israel atacar Gaza y expandir el conflicto a Líbano. ¿Deberíamos esperar un conflicto entre Israel e Irán teniendo en cuenta sus características geográficas?
Actualmente Irán está en una posición de gran debilidad. Sus proxies han sufrido grandes pérdidas en Gaza, Irak, Siria y en menor medida Yemen, lo que ha reducido su capacidad operativa. Además, los sistemas de defensa iraníes fueron seriamente dañados en los ataques cruzados con Israel y no han tenido el tiempo suficiente para reconstruirlos.
Por contra, Israel tiene una ventaja geográfica y militar significativa. Han conseguido dominar el repostaje de sus aviones de combate en pleno vuelo, lo que desde un punto de vista geográfico les otorga gran agilidad a la hora de bombardear territorio iraní. Irán carece de una capacidad similar. Si aun así, los iraníes atacan de nuevo, los israelíes no se van a contener en su respuesta.
Ahora bien, no van a invadir Irán, se limitarán a ataques aéreos. No podrían invadirlo. Los estadounidenses sí, pero jamás querrán. Por dos razones principales. La primera es la experiencia en Irak, que quemó mucho tanto al electorado como a la clase política estadounidense. Creo que hace falta que pase al menos una década para que estén dispuestos a embarcarse en una aventura (o desventura) similar. La segunda es que, aunque quisieran hacerlo, el territorio complica mucho una invasión. La línea de costa es una llanura relativamente estrecha que después se encuentra directamente con los montes Zagros. ¿Realmente quieres luchar por cruzarlas? Aunque lo lograsen, con increíbles pérdidas, luego se enfrentarían a cientos de millas de pantanos salinos y luego más montañas. Nunca digas nunca, pero no van a invadir.
Ni siquiera con Donald Trump en el poder. Dudo que Trump ni siquiera dé luz verde a un ataque a las instalaciones nucleares iraníes. Es la línea roja definitiva. La gente deja que su odio hacia Trump les nuble la comprensión de sus políticas. Lo odian tanto que eso se interpone en su entendimiento. Él no es un hombre conflictivo, no ha iniciado ninguna guerra, deportó a muchas menos personas que Obama… Hay matices en su vulgaridad que deben entenderse. No ha ganado las elecciones para arrastrar a Estados Unidos a una guerra ni le interesa que Israel e Irán se enfrenten, porque dispararía los precios del petróleo.
“Los europeos están muy lejos de poder defender Europa sin los estadounidenses”
Respecto a Ucrania, casi tres años después de la invasión rusa: ¿cuánto tiempo más pueden resistir ambas partes? ¿Cómo podría terminar la guerra, especialmente teniendo en cuenta la política más aislacionista de Trump?
Desde el principio del conflicto, cuando Rusia no logró tomar Kiev, Putin empezó una cuenta atrás hasta las elecciones de Estados Unidos. Sabía que todo lo que tenía que hacer era aguantar hasta el posible regreso de Donald Trump. Ahora que ha sido reelegido, creo que terminará forzando una negociación. La pregunta es si Ucrania negociará desde una posición de fuerza o una de debilidad.
Si los estadounidenses retiran su apoyo, creo que los ucranianos tendrán que sentarse a la mesa desde una posición de debilidad y hacer todo tipo de compromisos, incluyendo ceder territorio. Volveremos al siglo XX, donde se podía conquistar territorio por la fuerza en Europa. La OTAN quedará fundamentalmente debilitada, China se verá envalentonada, y los europeos harían bien en despertar. Ahora mismo, los europeos están muy lejos de poder defender Europa sin los estadounidenses.
Además, en este escenario, si Ucrania no recibe garantías sólidas de seguridad para sus fronteras por parte de Europa, y con suerte de los estadounidenses, pasarán de cinco a diez años antes de que Rusia vuelva y tome más territorio. Por el contrario, si Ucrania recibe esas garantías y los europeos despiertan del estúpido coma en el que han estado durante veinte o treinta años, entonces la integridad de lo que queda de Ucrania podría mantenerse.
Hacer entrevistas como esta es posible gracias a quienes apoyan la divulgación internacional.
¿Qué hay sobre la competencia con China? ¿Puede permitirse Estados Unidos desacoplar su economía de la china? ¿O están condenados a entenderse?
El término “desacoplamiento” es demasiado extremo porque es prácticamente imposible desvincular completamente la economía de China. A diferencia de la Unión Soviética en el antiguo orden bipolar, que no producía bienes esenciales para la economía global, China sí que es un actor fundamental en las cadenas de suministro internacionales.
En lugar de desacoplamiento, lo que está ocurriendo es un proceso de “reducción de riesgos” (de-risking). Esto implica diversificar, buscar socios alternativos en áreas estratégicas, por ejemplo, los medicamentos. Este proceso explica por qué Vietnam, Indonesia o, en menor medida, México, están atrayendo cada vez más comercio e inversiones extranjeras. Ese es el camino a seguir a nivel económico. Donde sí se desvincularán de China es en el ámbito de la seguridad.
“La guerra entre Estados Unidos y China no es inevitable”
¿Pueden permitírselo?
¡Sí! No pueden permitirse no hacerlo. Ya bajo Biden, los estadounidenses pidieron a los neerlandeses que no compartieran su conocimiento ni su equipo para fabricar chips semiconductores avanzados. Los neerlandeses son muy buenos en esto y accedieron. Lo mismo hicieron con los taiwaneses, quienes, por supuesto, tampoco podían proporcionar esa tecnología avanzada ni las empresas que diseñan los chips en Taiwán. Los estadounidenses ya se han asociado con la empresa taiwanesa de semiconductores y están construyendo fábricas en Estados Unidos para producirlos. Ese tipo de reducción de riesgos y desacoplamiento en el ámbito de la seguridad va a crecer.
Además, la guerra entre Estados Unidos y China no es inevitable. Estados Unidos y la URSS lograron no enfrentarse de forma directa a lo largo de las décadas de la Guerra Fría. Probablemente conozcas el concepto de la trampa de Tucídides, por la cual el hecho de que exista una competición hegemónica entre potencias precipita la guerra. Creo que sólo esa conciencia, que ha sido tan discutida en los círculos de política de seguridad estadounidense, les hace saber que necesitan imponer límites y están tratando de construirlos, buscando entendimiento y diálogo. Habrá puntos de conflicto, como los hubo antes, pero en la iteración previa lograron superarlos. Sólo podemos esperar que haya líderes sabios, muchos límites y foros de discusión.
Es decir, más multilateralismo. A propósito de esa reflexión: ¿son la competencia extrema y el realismo político las estrategias de política exterior más inteligentes hoy en día?
Theodore Roosevelt lo expresó mejor: “Habla suavemente, pero lleva un gran garrote”. El multilateralismo es el mejor foro para unirse y tratar de evitar la competencia entre grandes potencias, pero la competencia entre grandes potencias es la norma. El nivel de multilateralismo que hemos visto en los últimos treinta o cuarenta años es inusual.
Veremos si los estadounidenses pueden presionar a los europeos para que asuman su parte de la carga en materia de defensa. Si lo hacen, la cooperación transatlántica irá mucho mejor. Si no, esa tendencia histórica al unilateralismo en Estados Unidos se fortalecerá.
Me gustaría hablar de recursos estratégicos, que son otro factor geográfico. Hoy en día vemos una competencia económica por nuevos recursos estratégicos como el litio o las tierras raras. ¿A qué partes del mundo o países debemos prestar atención en relación con estos materiales?
Fundamentalmente, África Central y la franja de cobre, que es un término para referirse a muchos otros minerales en el Congo. También el corredor del Lobito, que se extiende hacia Angola, desde donde se extraen recursos, se llevan a los puertos y se exportan al resto del mundo. Los chinos ya construyeron un ferrocarril hacia el océano Índico para conectarlo con las rutas marítimas hacia sus costas.
Otra región clave es América Latina. Si miras el mapa de minerales del continente americano, hay grandes reservas de cobre que comienzan en Alaska y llegan hasta Chile. Chile tiene grandes reservas. Y en el centro de Sudamérica está el triángulo del litio: Bolivia, Argentina y Chile. Bolivia es tan políticamente inestable que no recibe inversiones, así que Argentina y Chile son las opciones más atractivas. La gente acude allí para comprarlo. Los chinos llegaron veinte años antes que los demás porque supieron leer el futuro.
Esas son las dos áreas principales, pero una muy pasada por alto es Serbia. Hay mucho litio en Serbia, lo que genera un gran interés. También en el Ártico, donde hay zinc, oro y otros minerales que podrían intentar extraerse a medida que se abran las rutas marítimas del norte.
En su libro también analiza la lucha de Arabia Saudí con su dependencia del petróleo y los planes del príncipe Mohamed bin Salmán para contrarrestarlo. Hemos hablado de territorios que pueden ganar poder geopolítico gracias a los nuevos recursos, pero otros podrían decaer. ¿Puede Arabia Saudí seguir siendo tan poderosa en las próximas décadas?
El príncipe heredero, con todos sus defectos, ha leído el futuro y sabe que Arabia Saudí está en una carrera contra el tiempo. Cuando se descubrió el petróleo, había dos millones de personas viviendo en lo que podríamos denominar pobreza. Ahora hay unos treinta millones viviendo en relativa prosperidad. Si nadie compra lo que venden (energías fósiles), ¿cómo sostienen a treinta millones de personas?
Esto es sólo cuestión de tiempo. Podrían ser décadas, pero no puedes planificarlo en 2050; tienes que empezar ahora. Bin Salman lo ha entendido y está tomando pasos importantes. La diversificación de la economía saudí es muy interesante de observar. Por ejemplo, a través del turismo: un lugar que no está entre los primeros destinos que se nos vienen a la cabeza, probablemente se convertirá en uno muy popular. Será interesante ver la interacción entre la población conservadora, sus líderes y los visitantes.
Más allá de eso, se están especializando hacia la tecnología y la energía solar, construyendo plantas masivas de placas solares y de desalinización, porque obviamente tienen un problema serio con el agua. Se están moviendo rápido y tienen una oportunidad de lograrlo. Arabia Saudí es un ejemplo de cómo posicionarse bien en los próximos veinte años para el resto del siglo.
“España sabe mejor que nadie que lo que ocurre en el Sahel no se queda en el Sahel”
También ha analizado el Sahel, una región que ya lucha contra sequías y conflictos. ¿Por qué deberíamos prestarle atención desde Europa?
España sabe mejor que nadie que lo que ocurre en el Sahel no se queda en el Sahel. Esa inestabilidad abierta en el “cinturón de los golpes de Estado”, que abarca Chad, Níger, Malí, Burkina Faso y, en menor medida, Mauritania y el Sáhara Occidental, se ha extendido claramente a Sudán, Etiopía y Somalia, alcanzando ahora el mar Rojo. En los próximos años podría extenderse hasta el Atlántico, ya que los Estados costeros de África occidental muestran signos de inestabilidad. Benín, por ejemplo, alcanzó cifras de doscientos muertos el último año en ataques terroristas, perpetrados por los mismos grupos que desestabilizan los países sahelianos.
Cuando miras la población de los Estados costeros de África occidental, es aproximadamente cinco veces mayor que la del Sahel. Si se desestabilizan, los movimientos migratorios serán incluso mayores. Esto importa porque la mayoría de las personas desplazadas por esta inestabilidad buscarán ir al norte, desestabilizando la política de Marruecos, de España y del resto de Europa. Es una de las razones del auge de los extremos políticos, algo que seguirá creciendo.
En el capítulo final de su libro habla sobre la competencia en el espacio, y recientemente ha publicado The future of geography, aún no disponible en español, que se centra casi por completo en este tema. ¿Por qué importa esta nueva era espacial?
Importa para las relaciones internacionales porque es otro escenario en el que se desarrollan. Nuestras economías modernas no pueden funcionar sin satélites, que son una parte integral de la infraestructura crítica nacional. No puedes librar una guerra moderna sin acceso a tecnología espacial. La guerra entre Ucrania y Rusia es la primera “guerra espacial” propiamente dicha, en la que ambos lados tienen acceso a tecnología espacial.
También importa económicamente porque intentaremos extraer minerales de la Luna y de asteroides. No sé si será viable económicamente, pero eso no nos detendrá. Ninguna potencia líder ignorará algo en lo que todas las demás están interesados. Es inevitable porque los humanos siempre hemos querido conquistar lo desconocido. Desde el momento en que pudimos salir de nuestra atmósfera, lo hicimos. Esto habla de lo mejor de nosotros: la curiosidad. Aunque muchos aspectos que discutimos son negativos, espero que el espacio y nuestra capacidad para cooperar en él puedan inspirar la idea de una humanidad unida.
Un humano que tiene una gran curiosidad por el espacio exterior y ha sido uno de los principales protagonistas de la nueva competencia espacial es Elon Musk, quien estuvo muy presente en la campaña de Donald Trump y ahora está en su Administración. ¿Es peligroso depender tanto de él para el futuro del espacio, dado sus vínculos con la extrema derecha? ¿Existen alternativas?
Sería peligroso si Musk tuviera demasiado control del mercado, pero una de las razones por las que domina buena parte del mercado es que es un innovador. Ha revolucionado los viajes espaciales. También ha democratizado los viajes espaciales en la medida en que ha logrado hacerlos mucho más baratos. Y eso, junto con los satélites más pequeños, ha permitido que decenas de países, como Nigeria, que no podrían haber ido al espacio, ahora estén presentes en él.
Pero sí, sería perjudicial si él tuviera un monopolio, aunque hay otros muchos actores importantes. Habrá empresas chinas en los próximos años cuyos nombres nos iremos acostumbrando a conocer, así como ahora conocemos a Alibaba como un minorista en línea.
El sector privado siempre ha estado involucrado en la exploración espacial con empresas como Boeing y Lockheed Martin. La diferencia es que no estaban al frente de la manera en que las empresas comerciales ahora lo están en esta carrera espacial 2.0. Sin embargo, los Estados siguen teniendo la última palabra sobre quién opera o no en su territorio. Aunque Musk es muy influyente y, a puerta cerrada, podría intentar orientar la política espacial en su beneficio y el de sus empresas, Trump sólo está ahí por cuatro años. Cualquier gran corporación que intente ir en contra del Estado, especialmente si hay un aspecto de seguridad involucrado, se enfrentará a un gran escrutinio.
Usted ha escrito sobre muchos territorios, tanto dentro como fuera del planeta. ¿Qué región o país cree que deberíamos vigilar de aquí en adelante?
Dos regiones. La primera es el mar de China meridional, por los puntos de conflicto potenciales que involucran a países como Filipinas y las reclamaciones territoriales superpuestas en esa zona. No es descartable que los chinos y los estadounidenses terminen chocando allí.
Y la otra es la explosión demográfica en África. El continente tiene una población de 1.300 millones de personas ahora. Se prevé que aumente a 1.600 millones en 2060. Espero que África pueda crear mil millones de empleos en los próximos cuarenta años: profesionales, profesores, filósofos, constructores de viviendas, emprendedores, médicos… Hay muchas historias de éxito en varias partes de África, pero si no pueden hacerlo, los movimientos de personas se multiplicarán. Y eso será un factor desestabilizador tanto en África como en los lugares al norte de ella. Necesitamos mucha cooperación y asistencia como iguales en esa parte del mundo.