Lugar de nacimiento del Nilo Azul y cuna de históricos imperios como el de Abisinia, el Cuerno de África siempre ha sido una de la regiones más importantes del continente africano. Sus costas dan acceso al mar Rojo y al estrecho de Bab al Mandeb, un enclave estratégico que conecta el continente con Oriente Próximo y por donde circula un 12% del comercio mundial.
Solo en el pequeño Estado de Yibuti, de un millón de habitantes y una extensión de apenas 23.200 kilómetros cuadrados —similar a la de la Comunidad Valenciana—, existen hasta cinco bases militares de potencias extranjeras: Estados Unidos, China, Japón, Francia e Italia, que financian en gran medida la economía del país. Además, hay un proyecto para abrir una base saudí en el enclave.
Pese a esto, el Cuerno de África también es en la actualidad una de las regiones más castigadas e inestables del planeta. Tanto los cruentos conflictos internos como las sequías, que azotan la parte oriental de la región, han convertido al Cuerno de África en uno de los grandes focos de emisión de refugiados del mundo. En Etiopía, el país más extenso y poblado de la región, hay unos tres millones de desplazados internos, provenientes en su gran mayoría de las regiones de Tigray en el norte y Somalí en el este.
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