El Sahel es una amplia región que se extiende desde el desierto del Sáhara hasta la zona tropical del África subsahariana. Se trata de una franja de 6.000 km que cruza el continente africano de este a oeste, en un cinturón que conecta el océano Atlántico con el mar Rojo. Su mapa físico se caracteriza por una geografía variada, con amplias zonas desérticas y pedregosas y, al mismo tiempo, fuentes de agua tan importantes como el río Nilo o el lago Chad.
El mapa físico del Sahel está marcado en su zona norte por el Sáhara, así como por las grandes formaciones geológicas que salpican este desierto. Si bien la imagen turística del Sáhara es la del mar de dunas, lo cierto es que este desierto cuenta con diversas cadenas montañosas, macizos y cordilleras volcánicas que caracterizan la orografía tanto de esta región como la de su vecina, el Magreb.
El antiguo y erosionado macizo de Ahaggar, situado en su mayoría en Argelia, incluye dos macizos montañosos que se extienden por Mali y Níger: el de Adrar de los Iforas y el de Air. Por un lado, Adrar de los Iforas es un macizo montañoso situado en el noreste de Mali cuya superficie es equivalente al tamaño de Ecuador. Esta escarpada región cuenta con cuatro mezquitas que datan de los siglos XV y XVI, consideradas arquitectura clave para entender las raíces del sufismo en África. Además, sus montañas adquirieron una gran importancia política al servir de refugio para los rebeldes de Ansar Dine y Al Qaeda en el Magreb Islámico en el marco de la guerra de Mali.
Por otro lado, el macizo de Air, también llamado montañas de Air, es una formación con forma de triángulo que cuenta con una gran variedad de fauna y flora, comunidades pastorales y emplazamientos arqueológicos. El macizo, así como parte de la llanura del desierto del Ténéré que lo rodea, son considerados reserva natural y forman la zona natural protegida más grande de toda África, aunque el santuario como tal no abarca todo el territorio. Es, además, la primera zona con amplia vegetación que encuentran las aves migratorias tras dejar la costa del Mediterráneo.
En Chad se encuentra otro de los grandes macizos del continente: el de Tibesti. Se trata de un conjunto de volcanes inactivos que forman una cordillera salpicada de pinturas rupestres y aguas termales. Cuenta con las mayores alturas tanto del Sáhara como de la propia región del Sahel, siendo el Emi Koussi su pico más alto con 3.447 metros de altura.
Con alturas algo menores y ubicada en Sudán, la meseta de Darfur tiene casi medio millón de kilómetros cuadrados y está atravesada por una cordillera volcánica. En ella se encuentra el monte Marra, que en árabe significa mujer: nombre que recibe por la silueta de una mujer reclinada que puede verse desde el sureste. Junto con esta, la región se eleva con mesetas de menos altura como la de Jos en Nigeria —única zona del país con clima templado— o la de Mandinga, en Mali, regada y rodeada por las aguas de los ríos Senegal y Níger.
Más allá de las montañas, el Sahel presenta dos tipos de paisajes contrapuestos: los valles y cuencas de grandes ríos, y los desiertos. La región está regada por el Nilo y el Níger, dos de los ríos más largos del mundo. El Nilo ocupa el segundo puesto en el ranking global, por detrás del Amazonas en un reñido liderazgo cuyo debate sigue abierto. Por su parte, el Níger fluye a lo largo de 4.200 kilómetro que lo sitúan como el 14º del mundo por longitud. Junto a estos, la región está bañada por otros grandes ríos como el Senegal o los afluentes del Volta.
Los ríos de la región tienen una función clave más allá de la hídrica, pues ejercen de fronteras naturales en varios países sahelianos fruto del reparto colonial de África. El río Senegal separa Senegal de Mauritania, el río Logone dibuja el límite entre Chad y Camerún a lo largo de 400 kilómetros, y el río Aouk constituye parte de la frontera entre Chad y República Centroafricana.
Mientras estos ríos son cuna de civilizaciones y desarrollos agrícolas, el mapa físico del Sahel cuenta también con el extremo opuesto: un inhóspito desierto. El desierto de Danakil, en el sur de Eritrea, es un árido territorio de calor extremo y volcanes con blancos salares y cráteres que emanan azufre. Danakil, que en su día fue hogar del homo erectus, hoy en día se conoce como el infierno de la tierra.







