Europa es un referente mundial en derechos laborales y en particular en vacaciones pagadas, pero esa imagen no es homogénea entre los diferentes países. Dos de ellos pueden tener el mismo número de días libres al año y repartirlos de formas distintas entre festivos y permisos retribuidos. España, con sus 36 días libres remunerados, está justo por encima de la media europea de 34. Los primeros en disfrutar este derecho en el país fueron los funcionarios en 1918, y no fue hasta 1965 cuando todos los trabajadores españoles alcanzaron las dos semanas de vacaciones que Francia, por ejemplo, ya tenía desde hacía casi treinta años.

Europa, entre vacaciones y festivos
Los días de vacaciones pagadas en Europa varían entre países. La diferencia de partida está marcada por los mínimos legales. La Unión Europea exige un mínimo de veinte días laborables de descanso anual. Sin embargo, hay Estados no miembros que ni siquiera llegan a las dos semanas. Turquía, por ejemplo, tiene 26,5 días de descanso, pero de los cuales 14,5 son festivos nacionales. El decimal se debe a costumbres religiosas como el ramadán, que incluye una celebración de medio día en víspera de la fiesta.
Los datos de World Population Review distinguen las vacaciones anuales, los festivos nacionales y otros permisos retribuidos, y la suma determina cuánto tiempo libre retribuido disfrutan los trabajadores. Los festivos nacionales no suelen contarse e incluirse en rankings de vacaciones pagadas, pero estos datos permiten ver contrastes. Por ejemplo, Francia cuenta con 31 días de vacaciones y once festivos, y Rumanía con veinte y diecisiete, respectivamente. El total puede parecerse (42 y 37), pero la experiencia del trabajador es distinta ya que los festivos son fechas fijas, mientras que las vacaciones pueden variar.
Además, se pueden identificar otros patrones. Los países de Europa tienen una media de 34 días de vacaciones pagadas, la cual está por encima de la media mundial de veintiocho días. Europa Occidental tiende a ofrecer más vacaciones pagadas que festivos, mientras que en Europa del Este hay un mayor peso de los festivos nacionales. El sur de Europa se sitúa en una posición intermedia.
El país que lidera el ranking europeo es Andorra con 45 días, seguido de Rusia con 42,5 y Francia y Luxemburgo con 42. Una particularidad de Francia y Andorra es que tienen el mínimo legal de vacaciones relativamente alto con 31 días y pocos festivos, once y catorce respectivamente. En el otro extremo, San Marino con diez y Moldavia con veinte tienen el menor número de días totales.
En España, el mínimo legal es de veintidós días laborables de vacaciones. A estos se les suman doce festivos nacionales, dos autonómicos y otros dos locales, terminando en una media de 36 días libres pagos. Se habla de una media y no de un total fijo porque, aunque el Estatuto de los Trabajadores fija ocho festivos comunes a todo el país, cada comunidad autónoma puede añadir hasta dos festivos propios y cada ayuntamiento suma hasta dos festivos locales. Esto implica que el número de días libres pagos varía ligeramente si se trabaja en Madrid, Barcelona o cualquier otro punto del país. Por ejemplo, Cataluña y la Comunidad Valenciana son las únicas comunidades donde el Jueves Santo no es festivo.
Un derecho conquistado
Siendo Rusia uno de los líderes en vacaciones pagadas con 42,5 días, no es de extrañar que fuera precursora de este derecho en 1917. En el marco de la Revolución rusa, el decreto Sobre las vacaciones del 18 de junio de 1918 promulgó las primeras dos semanas obligatorias para todos los trabajadores. Aunque se suspendió durante la Segunda Guerra Mundial, fue el primer antecedente de vacaciones pagadas en el mundo.
El siguiente país en institucionalizar este derecho fuera de la Unión Soviética fue Francia en los Acuerdos de Matignon de 1936. Este fue uno de los primeros pactos entre Gobiernos y sindicatos. Puso fin a huelgas, ocupaciones de fábricas y dio entrada al poder al Frente Popular, una coalición de partidos de izquierdas. En junio de ese mismo año, la conquista del Frente Popular estableció dos semanas de este derecho.
Paralelamente, y días antes de los Acuerdos de Matignon, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) había adoptado el Convenio 52, que fijaba un mínimo de seis días laborables de vacaciones pagadas a nivel internacional. En 1948, este derecho se consolidó aún más al ser incluido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas.
Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa Occidental siguió esta política en un contexto de expansión del estado de bienestar. El Reino Unido, Alemania o los países nórdicos, ante la necesidad de reconstrucción social tras la guerra, impulsaron legislaciones laborales más completas. Con el tiempo, las vacaciones se ampliaron desde una a dos semanas en muchos países hacia duraciones mayores, especialmente a partir de los años sesenta y setenta, cuando la universalización del derecho laboral fue más clara.
En España, los primeros en tener derechos de vacaciones fueron los funcionarios: en 1918 se les otorgaron quince días de descanso pago. Este derecho se extendió a todos los trabajadores en 1931 con la Ley de Contrato de Trabajo de la Segunda República, que estableció siete días hábiles. Sin embargo, muchos no podían acceder a este derecho, ya que casi la mitad de los trabajadores vivían de jornales agrícolas en malas condiciones. Ya en 1965, durante la dictadura franquista, España llegó a las dos semanas de vacaciones, y después en democracia el derecho siguió ampliándose. El Estatuto de los Trabajadores en 1980 aumentó los días de descanso a un mínimo de veintitrés, y la reforma de 1983 lo fijó en los veintidós actuales.
Sin embargo, más de cien años después del primer reconocimiento de las vacaciones como derecho laboral, aún existen casos donde no es obligatorio por ley. El único ejemplo en Occidente es Estados Unidos, donde no existe ningún derecho por ley al descanso remunerado. Este derecho queda bajo un criterio libre de los empleadores, resultando en que uno de cada cuatro trabajadores estadounidenses no tiene vacaciones pagadas.
Mientras que en Europa el estado de bienestar de posguerra impulsó los derechos laborales y sindicales, en Estados Unidos ocurrió lo contrario. Las estrategias para contener el comunismo propulsaron una ideología y políticas conservadoras, en donde se veía la intervención estatal como una barrera para el libre mercado. Además, el movimiento sindical fue debilitado por leyes como Taft-Hartley de 1947 —vigente hoy en día—, que limita la afiliación y actuación de los sindicatos. En el clima anticomunista de la Guerra Fría, cualquier propuesta de derechos sociales colectivos corría el riesgo de ser señalada como comunista.
Más vacaciones, ¿menos productividad?
Con todo, un mayor descanso no necesariamente implica menor productividad. De hecho, en países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los que presentan niveles más altos de productividad suelen trabajar menos horas. Por ejemplo, Dinamarca y Alemania trabajan unas 34 horas semanales y generan respectivamente 99 y 94 dólares por cada hora trabajada; los Países Bajos, con apenas 32 horas semanales, alcanza también los 94 dólares por hora trabajada.
La evolución de la jornada laboral también da pistas al respecto. Las horas laborales han caído en la mayoría de países del mundo tras la industrialización, y aun así existe una productividad siete veces mayor que en la posguerra en Francia o Alemania. En cambio, Italia es uno de los países con menos días libres de la Unión Europea y uno de los menos productivos. Para 2018 el trabajador promedio italiano producía 47,9 dólares de riqueza por hora trabajada, mientras que un francés, con diez días más de vacaciones, producía 59,8 dólares. España no escapa de este debate, con 47,5 dólares por hora trabajada, justo detrás de Italia.
Al final, lo que distingue a los países más productivos no es cuánto tiempo trabajan, sino cómo aprovechan ese tiempo. Según la propia OCDE, esto depende de tres factores. Primero, la tecnología y maquinaria con la que se trabaja, porque cuanto más moderna, más se produce en menos horas. Segundo, el tipo de industrias en las que se emplea la población: no es lo mismo trabajar en tecnología o finanzas que en turismo o agricultura. Por último, la formación de los trabajadores. Alemania, Dinamarca o los Países Bajos no producen más porque trabajen más duro, sino porque cada hora de trabajo rinde más. Además, el descanso permite sostener el rendimiento a largo plazo sin agotar al capital humano de los trabajadores.
