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El inicio del curso político en España viene marcado por la crisis migratoria en Ceuta. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, concedió una entrevista este lunes en la Cadena SER. En ella, evitó señalar a Marruecos y declaró que la inteligencia española no alertó de una entrada masiva, como sostuvo su ministra de Defensa, Margarita Robles. En su lugar, acusó a las mafias que trafican con personas y a los bulos difundidos por redes ligadas a Rusia, Israel y una “internacional ultraderechista”.
Al mismo tiempo, el mandatario español sacó pecho por la acción internacional de su Ejecutivo. “Habrá gente que me pueda criticar por muchas cosas, pero no por haber tenido una política exterior valiente, coherente y consistente”, afirmó el líder socialdemócrata. Hasta ahora, Sánchez ha usado la política exterior para sortear sus problemas internos y posicionarse como el contrapeso a la derecha radical en Europa.
Sin embargo, su firmeza con Ucrania, Gaza, Irán o el gasto en defensa en la OTAN contrasta con su tibieza ante Marruecos. Esta política de apaciguamiento con Rabat amenaza con enterrar la mayor baza que le queda a Sánchez de cara a las elecciones generales de 2027. ¿Por qué?
Una política exterior “valiente”, salvo con Marruecos
El Gobierno español ha intentado desarrollar una política exterior más autónoma con Sánchez. España abanderó diversas iniciativas en la pandemia, como los fondos de recuperación europeos ―financiados con deuda conjunta― o el tope al precio del gas. También encabezó la condena a Israel en Europa por el genocidio en Gaza e impulsó el reconocimiento del Estado palestino en varios países de la Unión Europea.
Sánchez tampoco ha titubeado frente a Estados Unidos. El presidente del Gobierno se opuso a la exigencia de Trump de aumentar el gasto en defensa de la OTAN hasta el 5% del PIB. Y en marzo, le negó a Washington el uso de las bases militares en Rota y Morón de la Frontera durante los ataques estadounidenses contra Irán.
Sin embargo, esa fortaleza no se ha manifestado con Marruecos. Ante Rabat, Sánchez ha optado por eludir la confrontación y hacer concesiones. La crisis diplomática de 2021 fue la mejor prueba de ello. El conflicto comenzó después de que España permitiera al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, recibir tratamiento médico en territorio español.
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