Marruecos es prácticamente una isla por culpa de su geopolítica, aunque en el mapa no lo parezca. Con el mar Mediterráneo al norte, el océano Atlántico al oeste y rodeada por el desierto del Sáhara, Marruecos parte de una posición aislada y desventajosa en el noroeste de África y el extremo occidental del mundo árabe (de donde viene su nombre en árabe, al Maġrib, el poniente).
Volcado al Atlántico, y dando la espalda al resto del mundo árabe, el centro de poder del Reino alauita se encuentra entre la cordillera del Rif, al norte, y el Gran Atlas, al sur y este; en la llanura atlántica y los valles de Tensift y Sebú. Una región que alberga tres cuartos de la población y donde se concentra la población árabe marroquí que determina la geopolítica del país, frente a los bereberes de las regiones montañosas periféricas del mapa de Marruecos.
En el corazón de esta región se ubican Rabat (capital política), Casablanca (capital económica) y Fez (capital cultural y espiritual), las tres mayores ciudades del país, formando un triangulo que supone el núcleo de poder e influencia del país.
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