Vladímir Putin lleva meses con la aprobación más baja desde el principio de la invasión rusa de Ucrania. No le ha ayudado ni el aumento de sus apariciones públicas, ahora por las elecciones legislativas, ni que el organismo oficial de investigación de la opinión pública cambiara el método de análisis. La población está cada vez más descontenta, en especial quienes están cansados de la guerra, y las fuerzas que abogan por continuar están insatisfechas por los malos resultados en el frente. Entretanto, el deterioro económico aumenta el descontento general.
En cambio, quienes están contentas son las fuerzas de seguridad, aparte de aquellos que se han lucrado. En concreto, el Servicio Federal de Seguridad (FSB) responde ante la Presidencia y ha ganado competencias y abarcado más espacios en detrimento de sectores civiles. Putin ha sido el garante del equilibrio entre las esferas de influencia que pugnan por el poder en Rusia, pero ahora los organismos de seguridad se pueden descontrolar. Si no han rendido cuentas y se les intenta poner en su lugar, ¿por qué deberían obedecer?
El teatro de la seguridad nacional en Rusia
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