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El eclipse del siglo en España, en mapas

La secuencia de eclipses que vivirá el país de aquí a 2028 es rara pero no inédita. El de este agosto, de hecho, es una copia de otro que ya atravesó la península en 1900

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Más de un siglo después, España volverá a ver este 12 de agosto cómo el Sol es engullido poco a poco por una masa negra que, por unos segundos, sumirá en la oscuridad más absoluta una franja que abarcará desde A Coruña hasta Palma de Mallorca. La última vez que un eclipse cruzó la península ibérica, en 1912, hacía tres días que se acababa de hundir el Titanic.

En esta ocasión, sin embargo, el “eclipse del siglo” forma parte de un trío de eclipses que convertirá a España en el epicentro astronómico global durante los próximos dos años: el país verá otro eclipse solar total en 2027 y otro anular en 2028.

No es una coincidencia. Aunque durante siglos hayan sido interpretados como señales de los dioses, los eclipses siguen ritmos y repeticiones periódicas muy precisas dictados por la mecánica celeste. Los países situados en latitudes medias como España, de hecho, suelen experimentar largas sequías de eclipses interrumpidas por secuencias fugaces, como también ocurrió entre 1900 y 1912.

Una anomalía astronómica rara pero no inédita

De media, un mismo punto de la Tierra debe esperar 375 años para ver dos eclipses solares totales, y algunas zonas incluso varios milenios. Así lo comprobaron Fred Espenak y Jean Meeus, que en 2006 analizaron para la NASA casi 12.000 eclipses solares distribuidos a lo largo de cinco milenios —del año 2000 a.C. al 3000—.

  LOS TIPOS DE ECLIPSES SOLARES

  Los tipos de eclipses solares

Espenak y Meeus, los dos grandes referentes en lo que a predicción de eclipses se refiere, también registraron que estos fenómenos son más frecuentes en el hemisferio norte y en verano, justo como el de este año en España.

“Lo que le espera a España es inusual, pero no inédito”, explica a El Orden Mundial C. Alex Young, director asociado de comunicación científica de la División de Ciencias de Heliofísica de la NASA. “Lo que destaca es la concentración: dos eclipses totales separados por solo 355 días, ambos muy bien ubicados sobre la superficie terrestre de un país de tamaño mediano, seguidos de un eclipse anular. Eso es una racha de suerte extraordinaria”, desarrolla por correo electrónico Young.

España ya posee de hecho un precedente: fue atravesada por dos eclipses totales en 1900 y 1905 y otro híbrido —visible como total sólo durante unos pocos segundos en una franja muy estrecha— en 1912.

La analogía más cercana es la de Angola y Zambia, que vieron dos eclipses totales entre 2001 y 2002. En aquella ocasión, la costa norte de Angola vio totalmente ambos, algo que no sucederá en esta nueva tríada de eclipses en España, ya que las trayectorias de los totales de 2026 y 2027 no se pisan.

  UN SIGLO DE ECLIPSES EN EL MUNDO

  Un siglo de eclipses en el mundo

Estados Unidos, por su parte, también asistió al cruce de dos eclipses totales en el estado de Illinois en 2017 y 2024, mientras que Australia verá pasar otros cinco totales entre 2023 y 2038, cuando en todo el siglo XX apenas vio cuatro.

Este tipo de agrupaciones suceden en realidad cada pocas décadas. La razón es que dos eclipses que tienen lugar con una diferencia de en torno a un año ocurren con el Sol en un ángulo de inclinación similar, lo que hace que sus sombras crucen por franjas de latitud muy parecidas.

El ritmo del espacio

Un eclipse sucede cuando el Sol, la Tierra y la Luna se alinean y el cuerpo que queda en medio proyecta su sombra sobre el otro. Sus órbitas impiden que sea el Sol el que ocupe el lugar intermedio, por fortuna para la humanidad, que no sobreviviría. En consecuencia, los eclipses sólo pueden ser solares, cuando la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, y lunares, cuando la Tierra se sitúa entre el Sol y la Luna.

Progresión del eclipse total de agosto de 2017 sobre Oregón, Estados Unidos | Aubrey Gemignani (NASA)
Progresión del eclipse total de agosto de 2017 sobre Oregón, Estados Unidos | Aubrey Gemignani (NASA)

Esa alineación entre el Sol, la Tierra y la Luna ocurre cada seis meses aproximadamente en lo que se llama temporada de eclipses, ya que a un eclipse solar suele acompañarle otro lunar unas semanas antes o después. Esto hace que cada año haya al menos dos eclipses solares, pudiendo ascender a cinco si el primero tiene lugar a principios de año y las condiciones son favorables. La última vez que eso ocurrió fue en 1935 y habrá que esperar hasta 2206 para verlo de nuevo.

El eclipse que cruzará la península este agosto es, además, una copia del que ya lo hizo en 1900. Cada 18 años, 11 días y 8 horas, el Sol, la Tierra y la Luna vuelven a estar prácticamente en la misma posición relativa entre sí, lo que da lugar a eclipses casi idénticos. Es lo que se llama ciclo de saros, una cadencia que ya fue detectada por civilizaciones antiguas como los babilonios o los antiguos griegos y que permite predecir los próximos eclipses.

  EL CALENDARIO DE ECLIPSES SOLARES

  El calendario de eclipses solares

Las ocho horas extra que suma cada ciclo de saros, un tercio de día, explica que la misma serie de eclipses vaya cambiando de ubicación en el globo cada 18 años, ya que nunca encuentra la Tierra en la misma posición.

A la caza de “las sombras volantes”

En España, el último eclipse anular visible tuvo lugar en 2005 y el último total en 1959, aunque solo fue visible desde Canarias. Para localizar el último eclipse total peninsular hay que retroceder hasta 1905, un año marcado en rojo en el calendario de la astrofísica internacional y la ciencia española.

Sus casi cuatro minutos de duración, la ausencia de nubes en agosto y su trayectoria a través del centro de la península, unidos a un creciente interés por la conquista del aire y los globos aerostáticos, atrajeron a un gran número de expediciones internacionales. El de 1900 que también cruzó la península ibérica, por el contrario, duró menos de un minuto y medio en su punto máximo y tuvo lugar en mayo, un mes más nublado.

Las excelentes condiciones de 1905 desataron una auténtica carrera por convertirse en la capital del llamado “eclipse español”, una competición que finalmente ganaría la ciudad de Burgos: acogió a la familia real durante el eclipse y acogió el lanzamiento de los globos aerostáticos Júpiter, Urano y Marte para observar de cerca el fenómeno astronómico.

  LOS DOS TRÍOS DE ECLIPSES EN ESPAÑA

  Los dos tríos de eclipses de España

Trío de eclipses en España

Su misión era elevarse por encima de los 4.000 metros de altitud para registrar los cambios atmosféricos, fotografiar la corona solar y tratar de entender las conocidas hasta ese momento como “sombras volantes”, un misterioso juego de halos de luz que tenía lugar justo antes y después de los eclipses.

Solo el Marte lo logró, con Emilio Herrera a bordo, a la postre pionero de la aeronáutica española. Así describió en sus memorias su ascenso:

“De repente se ofreció a nuestros ojos el espectáculo más maravilloso que pueda imaginarse. Atravesada la nube apareció un cielo oscuro estrellado en el que brillaba la corona solar rodeando al disco negro de la Luna, sobre un mar de nubes bajo nosotros, de color violeta, dejando claros por los que se veía, en sombra, la tierra en el fondo de un abismo de cinco kilómetros de profundidad”.

Fue precisamente Emilio Herrera el que asentó las bases de la teoría actual sobre las franjas de sombra: en una ponencia científica en 1911, argumentó que era un fenómeno atmosférico y no astronómico —con origen en los últimos kilómetros de aire de nuestro propio planeta, no en el Sol ni en la Luna— similar al parpadeo de las estrellas.

Globos para observar el eclipse de 1905 en Burgos | Archivo Municipal de Burgos
Globos para observar el eclipse de 1905 en Burgos | Archivo Municipal de Burgos

Además de la primera explicación científica a las “sombras volantes”, el eclipse de 1905 ofreció algunas de las fotografías más detalladas hasta la fecha de la corona solar y descartaron casi definitivamente la existencia del planeta Vulcano, que se creía que era la explicación de las anomalías registradas en la órbita de Mercurio. La única forma de ver un planeta tan pegado al Sol era que la Luna tapara el Sol por completo durante un eclipse total y dejara el cielo a oscuras durante unos minutos.

121 años después, España vuelve a convertirse en la capital mundial de la física solar, también en un mes de agosto y con un eclipse de trayectoria similar que de nuevo forma parte de una tríada. Sin embargo, ahora miramos al cielo de forma distinta: la astronomía ya no busca planetas fantasma en el sistema solar y en lugar de globos aerostáticos utiliza aviones, satélites y drones para observar el universo. Lo que sí permanece intacto es la fascinación humana ante el instante en que el reloj del cosmos cierra un nuevo círculo.

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