Si echamos la mirada atrás y analizamos la evolución de la jornada laboral desde 1950 extraemos una conclusión clara: trabajamos mucho menos que hace un siglo medio, o al menos en la mayoría de países. Trabajar menos significa disponer más tiempo para formarse o simplemente para disfrutar de más tiempo libre, por lo que se trata de una gran noticia. Sin embargo, existen diferencias sustanciales entre todos los países pero también dentro de cada país, por lo que aún queda mucho por avanzar en este terreno.
En un mundo globalizado como el actual, mucha gente tiende a pensar que se trabaja más que antes, pero sucede lo contrario. El período de entreguerras y la Gran Depresión marcaron un cambio de tendencia que se suavizó con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, pero con el regreso de la paz las jornadas laborales retomaron su caída, tal y como muestran los datos recopilados por Our World in Data.
En Alemania, por ejemplo, se trabajaban más de 45 horas de media a la semana en 1950, mientras que en 2017 eran cerca de 25. Lo mismo ocurre en la mayoría de los países occidentales de altos ingresos, como Francia, Reino Unido, España y Estados Unidos, aunque en estos tres últimos la jornada semanal media se sitúa entre las 30 y 35 horas en la actualidad.
Distinto es el caso de China, donde las horas trabajadas aumentaron a finales del siglo XX para comenzar un leve descenso a partir del año 2000, o México, donde la jornada laboral media apenas ha caído unas horas desde 1950. La clave de todo ello está, sin duda, en la productividad de los trabajadores: en Estados Unidos, Francia o Alemania rondaba los 65 dólares por hora en 2017, cerca de siete veces más que en 1950, mientras que en México no superaba los 20$ y en China apenas llegaba a los 10$, una mejora muy discreta.
La productividad laboral depende en gran medida de la capacitación de los trabajadores y de la tecnología de la que disponen. Así, si la industria acusa una falta de medios y un nivel de digitalización pobre, no es de extrañar que el valor añadido del trabajo sea escaso y por tanto los empleados tengan que trabajar más para que la empresa pueda rentabilizar su aportación.
La riqueza del país es otra variable que incide directamente en la duración de la jornada laboral. Se trata, en concreto, de una correlación negativa o inversa: cuanto más rico es un país, menos trabajan sus ciudadanos, según se desprende del estudio de Penn World Table, una iniciativa de la Universidad de Groninga (Países Bajos).








