Cartografía Economía y Desarrollo Europa

¿Cuál es la productividad en los países de la Unión Europea?

Descripción del gráfico

La productividad laboral es un indicador frecuentemente utilizado para comprobar la eficacia del capital humano en el contexto económico de un país. Así, es el resultado de la división del valor total de la producción es decir, el Producto Interior Bruto (PIB) entre el número de personas ocupadas en un momento dado. En este caso, el año 2018.

No obstante, aunque la productividad laboral ayuda a identificar tanto los puntos fuertes como las carencias de un sistema productivo, también presenta ciertos desequilibrios. En este sentido, los países pequeños suelen presentar unos índices de productividad elevados en tanto en cuanto consigan explotar con bastante éxito un sector económico determinado, lo que dispara sus cifras. Es, por ejemplo, el caso de Brunéi o Singapur en Asia-Pacífico.

Según los datos de la OCDE, en la Unión Europea ocurre algo parecido con Luxemburgo e Irlanda. En concreto, el país enclavado entre Francia, Alemania y Bélgica presenta una productividad laboral notablemente superior al resto, lo que se debe en gran medida a la cantidad de trabajadores transfronterizos —alrededor de 175.000— que no forman parte de la población de Luxemburgo pero contribuyen a su economía nacional.

En el caso de Irlanda, la razón de su buen hacer en el índice de productividad laboral radica en la inversión extranjera. Su baja tasa de impuestos para sociedades extranjeras —un 12,5%— atrae a un gran número de empresas que quieren beneficiarse de su política fiscal, contribuyendo de esta forma a inflar su PIB y, consecuentemente, la productividad de sus trabajadores.

Asimismo, uno de los debates actuales en la Unión Europea se centra en la relación negativa entre el número de horas trabajadas y la productividad. Esto es, cuanto mayor es la jornada laboral del trabajador, menor es su producción por horas. Sin embargo, esta regla no parece cumplirse en la Unión Europea, donde Grecia es el país con más horas trabajadas al año por empleado y Alemania el que menos —1.956 y 1.363, respectivamente, según datos de la OCDE—. Ambos países ocupan la zona media en el gráfico de productividad.

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