El Mundial de fútbol masculino es el mayor evento deportivo del planeta. Sus números hablan por sí solos. A nivel de audiencias, la final de la última Copa del Mundo en 2022 alcanzó los 1.500 millones de espectadores por televisión. Al mismo tiempo, en el plano económico, se estima que la edición de 2026 —celebrada en Estados Unidos, México y Canadá— generará una cifra récord cercana a los 13.000 millones de dólares, superando los 5.240 millones de los últimos Juegos Olímpicos de verano en 2024.
Sin embargo, la magnitud del Mundial fuera del campo va más allá de su impacto económico. Desde sus orígenes, la Copa del Mundo ha contado con un enorme trasfondo geopolítico. El Mundial 2026 no es una excepción. Este torneo viene marcado por la agenda de Donald Trump, con la guerra entre Estados Unidos e Irán, las redadas migratorias en suelo estadounidense, las restricciones de viaje a algunos países participantes y las tensiones políticas entre los países de América del Norte.
Durante décadas, el Mundial ha reflejado las dinámicas internacionales de cada época. La Copa del Mundo ha sido testigo de tensiones ideológicas y rivalidades entre Estados, desde la Italia fascista hasta la España de la Segunda República. Pero también ha servido como instrumento de propaganda, caso de la dictadura militar en Argentina. Incluso ha sido espacio de boicot y protesta, como la de los países africanos en plena descolonización, o para que dos viejos enemigos se acerquen, como hicieron Estados Unidos e Irán.
La FIFA contra el COI: los orígenes del Mundial
La Copa del Mundo de fútbol comenzó a gestarse en 1904 con la creación de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), fundada por representantes de siete países europeos: Francia, España, Suiza, Suecia, Países Bajos, Dinamarca y Bélgica. Su primer presidente, el francés Robert Guérin, propuso que en sus estatutos se fijara la celebración de un torneo cada cuatro años entre todas las naciones afiliadas. Sin embargo, la propues...