Los años setenta y ochenta fueron un periodo de crisis económicas, sociales y políticas para Polonia que derivaron en el fin del comunismo en el bloque del Este. En las protestas contra el Gobierno, cada vez más numerosas, destacó el sindicalista Lech Wałęsa como líder opositor. Sumada a la labor en las negociaciones con el régimen, su popularidad le catapultó hasta la presidencia del país en 1990.
De electricista a líder de Solidaridad
Lech Wałęsa nació en 1943 en la pequeña localidad polaca de Popowo. Después de completar su formación como electricista industrial, se trasladó en 1967 a la ciudad de Gdansk para incorporarse como operario al astillero Lenin. Allí destacó con un gran potencial para el liderazgo y un especial interés por las cuestiones sindicales.
En diciembre de 1970, ya como presidente del comité de huelga del astillero, Wałęsa desempeñó un papel activo en sus manifestaciones, pero la chispa que encendió las protestas masivas fue el anuncio del secretario general del Partido Comunista, Władysław Gomułka, de aumentar los precios de los alimentos. La reacción popular y la incapacidad para controlar la situación forzarían al dirigente a dimitir.
En esos años, la actividad sindical de Wałęsa le costó varias veces el despido. Por el camino contactaría con sindicatos ilegales independientes al Gobierno comunista. Ya en 1980 estallaron más huelgas por toda Polonia, en las que Gdansk y el astillero Lenin volvieron a ser el epicentro. Wałęsa se erigió como líder, consiguiendo que el Gobierno concediera el derecho a huelga y mejores condiciones laborales mediante el acuerdo de Gdansk. A raíz de ello, los comités de huelga decidieron unirse y formar el sindicato Solidaridad, que eligió a Wałęsa como presidente en 1980. Su popularidad fue esencial para el crecimiento del sindicato: a comienzos de 1981 ya contaba con diez millones de afiliados.
El camino hacia la presidencia
La llegada en octubre del general Wojciech Jaruzelski, respaldada por la Unión Soviética, al frente del Partido, supuso un revés para Solidaridad. Jaruzelski declaró la ley marcial en diciembre con el objetivo de desarticular el sindicato y arrestó a sus principales líderes, entre ellos a Wałęsa, que sería liberado casi un año después.
En ese tiempo, Solidaridad retomó su actividad desde la clandestinidad. Lejos de acabar con el movimiento, la ley marcial había dado mayores motivos a la población para oponerse al gobierno de Jaruzelski. En 1983, de hecho, Wałęsa recibió el Premio Nobel de la Paz por su “lucha no violenta por los sindicatos libres y los derechos humanos en Polonia”.
Mientras la crisis económica azotaba a Polonia, la oposición a Jaruzelski no dejaba de crecer. En la URSS, además, el nuevo líder Mijaíl Gorbachov impulsó una progresiva liberalización política y económica. Con todo en contra, el Gobierno polaco se vio obligado a negociar con Solidaridad, hasta que las huelgas de 1988 dieron cuerpo a los Acuerdos de la Mesa Redonda con la oposición. Los sindicatos quedaron así legalizados, se restauró el Senado y se fijaron elecciones libres para junio de 1989.
Para la votación al Sejm —la cámara baja del Legislativo— solo el 35% de los escaños eran elegibles, pero la del Senado sí fue abierta. La oposición concurrió a través de la plataforma Comité de Ciudadanos de Solidaridad, brazo político del sindicato. Los resultados de ambas elecciones mostraron una victoria rotunda de la lista de Solidaridad, que se hizo con la práctica totalidad de los asientos a los que optaba.
Jaruzelski, por su parte, retuvo el poder al ser elegido por un voto como presidente de Polonia con la connivencia de Solidaridad. Sin embargo, la formación lideró una coalición de gobierno con los socios menores del Partido Comunista que permitió nombrar a Tadeusz Mazowiecki, cercano a Wałęsa, como primer ministro en agosto. Tres meses después, la caída del Muro de Berlín terminaría de impulsar el fin del bloque comunista.
El descrédito y la crisis del régimen polaco eran cada vez más evidentes en 1990, hasta el punto de que Jaruzelski convocó elecciones presidenciales bajo presión de Wałęsa, que se impuso con autoridad. Así, el líder de Solidaridad se convirtió el 9 de diciembre de 1990 en el primer presidente de Polonia elegido democráticamente desde la Segunda Guerra Mundial.
El legado de Lech Wałęsa y Solidaridad
El fin del comunismo en Polonia también marcó el declive de Solidaridad como sindicato transversal y aglutinador. Las disputas internas fragmentaron el movimiento que había aupado a Wałęsa hasta una presidencia que no pudo revalidar en 1995. Tampoco ayudaron sus enfrentamientos con los diferentes Gobiernos. La fragmentación distanció a Solidaridad incluso con Wałęsa, pero aun así a ambos se les reconoce su papel en el regreso de la democracia al país, que entraría en la OTAN en 1999 y en la Unión Europea en 2004.





