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No es el fin del mundo

Cada semana el equipo de El Orden Mundial analiza los temas que mueven la política internacional para intentar desentrañar cómo funciona el mundo.

La historia de Irán: del sha a los ayatolás

En apenas veinte años, Irán pasó de ser el principal aliado de Estados Unidos en Oriente Próximo a uno de sus enemigos. Al incluirlo en el Eje del Mal junto a Irak, Afganistán o Corea del Norte, el presidente George W. Bush dibujaba un país dominado por ayatolás integristas favorables al terrorismo. Sin embargo, aunque es cierto que para la República Islámica Estados Unidos es el “Gran Satán”, su historia es más compleja. 

Para entenderla hay que remontarse al reinado de Mohammed Reza Pahlevi, el último sha de Persia. En 1951, el entonces primer ministro Mohammed Mossadegh, un nacionalista contrario al sha, decide nacionalizar el petróleo iraní. Los británicos, que obtenían la mayor parte de los beneficios de su venta, y los estadounidenses orquestaron un golpe que instauró la dictadura del sha. 

El mapa de la geopolítica de Irán

 

Pahlevi instaura un régimen personalista en torno a los beneficios del petróleo, profundamente desigual y represivo. Con las reformas agrarias y sociales de la Revolución Blanca se gana la enemistad de los ulemas. Este será el caldo de cultivo para la Revolución de 1979, que terminará con su derrocamiento y el ascenso del ayatolá Ruhollah Jomeini, líder ideológico de la Revolución, en el poder. 

Desde entonces, Irán ha sido una República Islámica con instituciones aparentemente democráticas pero muy controladas por el líder supremo, quien, desde la muerte de Jomeini en 1989, es el ayatolá Alí Jamenei. Después de ocho años de guerra con Irak, los principales objetivos exteriores del régimen han sido su proyección regional y a su lucha contra el Estado de Israel. para ello se ha servido de grupos proxy como el Hezbolá

Las protestas en Irán, el mayor desafío a la República Islámica en décadas

Las tensiones con Estados Unidos alcanzaron su máximo nivel durante el mandato de Mahmud Ahmadinejad y la Guerra contra el Terror. Desde entonces, han oscilado entre etapas de distensión y otras más complicadas como la actual. Más allá de su retórica agresiva, a Irán no le interesa un conflicto regional. El régimen no está en su mejor momento: el descontento evidente en las masivas protestas por la muerte de la joven Jina Mahsa Amini y las dudas sobre la sucesión de Jamenei ponen en riesgo la continuidad de la República Islámica.