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Los ayatolás son el segundo rango más alto en la jerarquía de los clérigos del islam chií duodecimano. La palabra viene del árabe y significa ‘señal de Dios’. Son clérigos expertos en la sharía o ley islámica que se han ganado el derecho a interpretarla, enseñarla y promulgar sus opiniones doctrinales, conocidas como fatuas. Esto los convierte en líderes espirituales de la comunidad de fieles chiíes, o “emuladores”, que se adhieren a sus enseñanzas.
Un ayatolá también puede recibir la limosna o zarak de sus seguidores de forma directa, lo que les da una gran independencia doctrinal. Así, la visión religiosa de algunos ayatolás puede diferir tanto en contenido como en alcance respecto a otros. El privilegio de interpretar el islam y emitir juicios les otorga no sólo poder religioso, sino una gran influencia política, como sucede en Irán. Sin embargo, sus doctrinas sólo tienen vigencia mientras estén vivos. Sus fatuas expiran en el momento de su muerte.
Los representantes del Imán oculto
La jerarquía de los ulemas o clérigos chiíes se organiza en torno su conocimiento del islam. El rango más bajo son los hoyatoleslam, aquellos en proceso de estudiar la fe. Un hoyatoleslam se convierte en ayatolá cuando se consolida como experto en el islam, para lo que tiene que haber publicado una tesis o libro sobre alguna materia específica de la religión.
El rango más alto lo ostentan los marayi o “gran ayatolá”, aquellos de gran prestigio y poder. Para ser un marya, un ayatolá debe haber tratado todos los grandes temas de jurisprudencia islámica en distintas obras. Los ulemas más influyentes suelen ser marayi. Si bien antes había muy pocos marayi, hoy son más de cincuenta.
Los ayatolás son una figura del chiismo duodecimano o imamí, una rama de esta secta del islam. Además de creer en que Alí es el legítimo heredero de Mahoma, como el resto de chiíes, los duodecimanos adoran a la figura del Imán oculto. Para los chiíes, los dignos sucesores de Alí fueron doce imanes, líderes religiosos infalibles cuya doctrina es parte de la sunna, las enseñanzas de la fe, junto con el Corán. Once de ellos están reconocidos, pero el duodécimo está oculto. Ese Imán oculto volverá el Día del Juicio Final para traer paz y justicia al mundo. Los ayatolás, por tanto, ejercen como sus representantes a la espera de su llegada.
La influencia política de los ayatolás
El chiismo duodecimano se concentra en Irak e Irán, por lo que en estos países los ayatolás son más importantes. De hecho, la mayoría de los marayi son iraquíes o iraníes. El poder político de los ayatolás es más evidente en Irán, ya que controlan el sistema político de la República Islámica desde la Revolución de 1979, liderada por el gran ayatolá Ruhollah Jomeini. Están presentes en toda la cúpula de poder iraní y su visión religiosa marca el rumbo político del país.
Hasta su asesinato en el ataque de Estados Unidos e Irsael sobre Irán a finales de febrero de 2026, Alí Jamenei fue durante casi 37 años el líder supremo de Irán y uno de los marayi más poderosos. Su hijo, Mojtaba Jamenei, ha sido elegido su sucesor en el cargo pese a no ser gran ayatolá, como ya sucedió con su padre. Por otro lado, salvo excepciones como Mahmud Ahmadineyad, casi todos los presidentes iraníes desde la Revolución han sido ayatolás.
Aunque los ayatolás en Irak no tienen tanta penetración en las instituciones como en Irán, también son muy influyentes. Más aún teniendo en cuenta que el país alberga dos de los lugares sagrados del chiismo: las tumbas de Alí y su hijo Huseín en Nayaf, y la ciudad de Kerbala, focos de peregrinación.
Es el caso del ayatolá Alí al Sistani, de origen iraní pero asentado en Irak durante toda su vida. Sistani es uno de los clérigos más seguidos a nivel global, con una red de oficinas, seminarios y centros culturales repartidos por Oriente Próximo. Sus fatuas han sido determinantes en cuestiones como la lucha contra Dáesh o la composición del Parlamento iraquí.