¿Cómo se elige al líder supremo en Irán y quién vendrá después de Jamenei?

La Asamblea de Expertos se encarga de la sucesión, pero el proceso está diseñado para asegurar la continuidad del régimen
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¿Cómo se elige al líder supremo en Irán y quién vendrá después de Jamenei?
Alí Jamenei frente a un grupo de estudiantes iraníes en noviembre de 2025. | KHAMENEI.IR (Wikimedia Commons)

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El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, murió el pasado 28 de febrero en el primer día de la nueva ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica. Pese a las incógnitas sobre el futuro del país, la Constitución iraní prevé la sucesión con claridad: en caso de muerte, renuncia o destitución, la Asamblea de Expertos elige al sucesor del líder supremo. Esta cámara está compuesta por 88 ulemas, juristas islámicos, que son elegidos cada ocho años por voto popular. Hasta el nombramiento, el Consejo Interino de Liderazgo asume las funciones del líder supremo. Sin embargo, el proceso está influenciado por los intereses políticos del momento y diseñado para asegurar la continuidad del régimen.

La figura del líder supremo en Irán

El líder supremo es el jefe de Estado y la máxima autoridad política y religiosa de la República Islámica de Irán. Entre sus responsabilidades, es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, designa los líderes de todas las ramas militares y del poder judicial, y tiene la última palabra en la mayoría de decisiones políticas. Además, el líder supremo escoge a la mitad de los miembros del Consejo de Guardianes de la Constitución. Este último es un grupo de doce juristas encargados de vetar candidatos para puestos electos, incluyendo aquellos de la Asamblea de Expertos, encargados a su vez de elegir al líder supremo.

Según la Constitución de 1979, la Asamblea de Expertos elige al líder supremo y supervisa sus funciones. En la situación actual, este organismo debe elegir a un nuevo líder supremo cuanto antes. Este órgano está compuesto por 88 clérigos chiíes elegidos por voto directo de la población cada ocho años. Sin embargo, el acceso a esta cámara está estrictamente regulado: los aspirantes deben ser clérigos influyentes con sólidas capacidades de interpretar la ley islámica, así como superar el filtro del Consejo de Guardianes de la Constitución. Dado que la mitad de este Consejo es designada por el propio líder supremo, el sistema garantiza la exclusión de perfiles críticos y asegura la continuidad ideológica del régimen.

Organigrama del poder en Irán junio 25

Mientras la Asamblea de Expertos lleva a cabo la elección, el Consejo Interino de Liderazgo asume las funciones del líder supremo. Este órgano está ahora encabezado por el ayatolá Alireza Arafi —quien también integra el Consejo de Guardianes—, junto al presidente de la República Islámica, ahora Masoud Pezeshkian, y el jefe del poder judicial. Aunque la Constitución iraní no establece plazos para la sucesión, el precedente de 1989 tras la muerte del ayatolá Jomeini y la asunción de Jamenei dos meses después sugiere que el régimen prioriza la celeridad para evitar vacíos de poder. Este mecanismo busca blindar la estabilidad institucional y garantizar la continuidad del sistema frente a cualquier evento desestabilizador, como el ataque actual de Estados Unidos e Israel.

Más allá de las instituciones formales, la Guardia Revolucionaria también es determinante en la sucesión. Se trata del brazo protector del régimen, ya que es su principal fuerza armada, controla sectores económicos clave y tiene influencia política. La represión de las protestas del pasado enero, con más de 7.000 muertos, evidencia su capacidad para silenciar una oposición poco cohesionada. En este contexto de descontento social, sanciones económicas y ofensiva militar de Estados Unidos e Israel, el apoyo de la Guardia Revolucionaria es indispensable para la legitimidad y supervivencia del próximo líder supremo.

Jomeini, Jamenei, ¿?

Pese a lo que diga la Constitución, la sucesión tras la muerte de Jomeini en 1989 también demostró el paso de los intereses políticos. La crisis por la ejecución de 4.500 prisioneros políticos en 1988 llevó a descartar al candidato favorito y única figura con los credenciales religiosos necesarios, Hosein Alí Montazerí. El presidente del Legislativo, Hashemí Rafsanyaní, introdujo reformas a la Constitución que permitieron hacer candidato a Jamenei, entonces presidente de la República Islámica: se eliminó el requisito de ser un gran ayatolá, lo que permitió a Jamenei, por entonces un clérigo de mediano rango, volverse líder supremo.

Aunque se ha decretado un luto oficial de cuarenta días y Jamenei no designó a un sucesor, su influencia en las instituciones marca el nuevo proceso de selección. El líder supremo tenía tres favoritos: su jefe de gabinete, Asghar Hijazi, el jefe del Poder Judicial, Gholam-Hossein Mohseni-Ejei, y el nieto del fundador de la República Islámica, Hasán Jomeini, pero es más moderado y está distanciado de su círculo íntimo. Otro posible sucesor es el ayatolá Alireza Arafi, integrante del Consejo Interino de Liderazgo. Por último, está el segundo hijo de Jamenei, Mojtaba, pero las élites iraníes verían con recelo una sucesión hereditaria, ya que evocaría el modelo monárquico que la Revolución de 1979 buscaba derrocar.

Además, en el contexto actual ha surgido el nombre de Alí Lariyaní, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.En los últimos años, Lariyaní ha asumido roles críticos en el régimen, actuando como representante de Jamenei en negociaciones con Rusia y China, y coordinando las acciones de la Guardia Revolucionaria durante la represión del pasado enero. Al ser hijo de un ayatolá y definirse como un conservador pragmático podría facilitar la continuidad del sistema como la figura de facto más poderosa. Sin embargo, al no ser clérigo es improbable que pueda llegar al cargo de líder supremo, lo cual además de ir en contra de los principios de la República Islámica requeriría otra reforma constitucional.

También está el escenario de que la República Islámica colapse, objetivo central de Israel y que también contempla Estados Unidos. Ahora bien, un cambio de régimen impulsado por la oposición interna o en la diáspora es poco probable a corto plazo: la oposición está fragmentada, desorganizada y reprimida, lo que dificulta la capitalización política de cualquier vacío de poder. Frente a ello y pese a la presión externa, el régimen iraní sigue por ahora cohesionado y organizado de cara a la sucesión del líder supremo.

Mencía Montoya Barreiros

Madrid, 2000. Grado en Relaciones Internacionales por la Universidad King’s College London y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Interesada en seguridad internacional, Oriente Próximo, el Sahel y la naturaleza de conflictos actuales.

Pauline Eiselt

Lyon, 2002. Doble grado en Relaciones Internacionales y Lenguas Extranjeras Aplicadas por la Universidad Católica de Lyon (Francia). Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la UC3M. Apasionada de la geopolítica, especialmente en la región del Mediterráneo oriental.