Ante las recientes protestas en Irán y la amenaza de un nuevo ataque de Estados Unidos, la pregunta ya no es sólo si el régimen puede caer, sino quiénes serían capaces de asumir el relevo. ¿Quién podría construir algo sobre las ruinas de la República Islámica y evitar el colapso del Estado, la anarquía o la guerra civil? ¿Quién podría ocupar el espacio de los ayatolás y la Guardia Revolucionaria, o sustituir al líder supremo? Los fantasmas sirio, iraquí, yemení o libio no sólo rondan las mentes de los asesores de Donald Trump, sino también las de una ciudadanía iraní expectante ante un posible colapso del régimen.
Hay dos escenarios: la oposición interna y la diáspora iraní, pero es muy difícil que lleguen al poder. A nivel interno, el régimen recién instaurado eliminó en los años ochenta a la oposición organizada. Partidos como el Frente Nacional, el Movimiento de Libertad de Irán o el Tudeh fueron marginados, ilegalizados o disueltos por la fuerza. En su lugar sobrevivieron aquellas formaciones que no cuestionaban la arquitectura política de la República Islámica ni el liderazgo absoluto del ayatolá Jomeini. Ello no impidió, sin embargo, que los distintos partidos y figuras leales al régimen compitiesen entre sí por el poder.
En cinco claves:
- La oposición iraní está dividida en varios frentes al interior del país y en la diáspora
- El primero son los reformistas en el marco de la República Islámica, cada vez más reprimidos
- Por fuera destacan el Consejo Nacional de la Resistencia y el príncipe heredero Reza Pahlaví
- También están las minorías étnicas del país, que reivindican autonomía o separatismo
- Sin embargo, las facciones están divididas y no tienen fuerza para consolidar una alternativa
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