La guerra entre Estados Unidos e Irán que comenzó el 28 de febrero parece llegar a su fin. Washington y Teherán han firmado este 17 de junio un memorando de entendimiento de catorce puntos para llegar a un acuerdo final en sesenta días. El acuerdo incluye el cese de las hostilidades en todos los frentes, incluido Líbano, la reapertura del estrecho de Ormuz y el levantamiento de sanciones. En la práctica, Estados Unidos no ha cumplido ningún objetivo estratégico, y financiará la reconstrucción de Irán a cambio de que una República Islámica fortalecida reabra ese canal estratégico y no desarrolle armas nucleares.
El memorando tampoco disipa todas las dudas sobre el futuro del conflicto. En particular, el Gobierno de Israel se ha mostrado cauteloso o directamente en contra. El ministro de Defensa, Israel Katz, ya había advertido de que el Ejército israelí mantendría la presión militar en la región y su presencia en el sur de Líbano, Siria y la Franja de Gaza. El ministro de Seguridad Nacional, Ben Gvir, también negó el efecto del acuerdo sobre Israel, argumentando que son un país independiente y soberano. Detrás de esta diferencia de posturas hay otra cuestión de fondo: Gobierno israelí tampoco ha cumplido sus objetivos en la región.
Por ello, el acuerdo apunta a ser una pausa en un conflicto cuyas causas estructurales permanecen intactas. La insatisfacción para Israel y la mejor posición de Irán pese a los daños sufridos mantendrá la incertidumbre e inestabilidad en Oriente Próximo. Sobre esa base, la rivalidad se desplazaría hacia la presión diplomática, operaciones encubiertas o la influencia regional, si no a la reactivación del conflicto.
Análisis del memorando entre Estados Unidos e Irán, punto por punto
Israel no está conforme
Al inicio de la guerra, Israel definió tres grandes objetivos estratégicos: debilitar el poder militar iraní, desmantelar su programa nuclear y, en última instancia, forzar un cambio de régimen en Teherán. El primer objetiv...