A mediados de julio, el movimiento de los hutíes de Yemen, que controla una parte importante del país desde 2014, atacó dos barcos saudíes en el estrecho de Bab al Mandeb, así como instalaciones petrolíferas en suelo saudí. El resultado de ambas acciones ha disparado el precio del petróleo, que volvió a situarse por encima de los cien dólares por barril, y ha provocado una disminución del tráfico en el mar Rojo. En esta ocasión, los propios saudíes han respondido atacando por aire a la milicia chií, mientras que Trump amenaza con retomar la campaña de bombardeos que lanzó contra ellos, sin demasiado éxito, a principios de 2025.
La maniobra de los hutíes llega en un momento crítico. Irán mantiene bloqueado el estrecho de Ormuz desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su ataque sobre el país persa en marzo, cobrándose la vida del ayatolá Jamenei. Desde entonces, Washington ha tratado de forzar militar y diplomáticamente la reapertura de este espacio geográfico clave para el comercio mundial. Pero tras el fracaso de las negociaciones lideradas por el vicepresidente J.D. Vance en Pakistán, Estados Unidos está volviendo a golpear con fuerza posiciones militares iraníes en territorio nacional.
A diferencia de Hamás, Hezbolá y las milicias chiíes de Irak, debilitadas tras tres años de guerra en Oriente próximo y que han adoptado un perfil bajo, los hutíes yemeníes son el único miembro del conocido como Eje de la Resistencia que ha decidido añadir presión contra Trump, tratando de forzarle a que termine las hostilidades contra Irán. A pesar de semanas de ataques y del asesinato de la cúpula militar persa, el magnate norteamericano no ha conseguido doblegar a la República Islámica, y se arriesga a correr la misma suerte en Yemen.
Estados Unidos está peligrosamente cerca de acabar con sus reservas de material militar clave, mientras que a nivel político la guerra está debilitando la aparentemente inquebrantable base política de Trump. En contraposición, los hutíes cue...