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China lleva décadas forjándose su lugar en el orden internacional. Desde que comenzó su reforma económica en los años setenta y especialmente tras su entrada en la OMC en 2001, pasó a ser un actor central en el mundo globalizado. Ya no es solo la fábrica del mundo, sino que dio el salto a sectores más valiosos, como las tecnologías para la transición energética.
Fruto de ello y de su gran demanda interna, China se convirtió en el mayor socio comercial del mundo y en una superpotencia geopolítica. Está muy presente en Europa, América Latina, África, Oriente Próximo y como poder dominante en Asia. A ello se suman proyectos transversales como la Nueva Ruta de la Seda o el de replantear la gobernanza global.
Estados Unidos también ha sido clave en el ascenso chino. Ya no solo con el acercamiento en la Guerra Fría, la deslocalización de empresas o propiciando el ingreso en la OMC. También con la guerra comercial que dio paso a otra tecnológica, o quebrando el orden internacional de tal manera que para el gigante asiático se ha convertido en una oportunidad.
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