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Los BRICS son un grupo de cinco de las mayores economías emergentes del mundo: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, cuyas iniciales conforman el acrónimo. Desde 2024 cuentan con nuevos miembros, por lo que ahora se denominan BRICS+. Este foro político y económico se caracteriza por su rápido desarrollo y su influencia internacional creciente. Sus objetivos principales incluyen la promoción de la cooperación económica, comercial, política y cultural, conseguir más voz y representación en las instituciones internacionales y plantear alternativas al dólar y el euro.
Un paso al frente
El origen del término “BRICS” se atribuye al economista Jim O’Neill, quien en 2001 se refirió a Brasil, Rusia, India y China como “BRIC” en un informe del grupo de banca de inversión Goldman Sachs. En su estimación, las economías de estos países serían las principales del mundo hacia 2050. Después de varias reuniones informales desde 2006, el primer encuentro oficial de los BRIC tuvo lugar en Rusia en 2009, poco después de la formalización del foro económico. Sudáfrica se sumó en 2010. Desde entonces, las reuniones anuales han servido como plataforma para discutir estrategias de cooperación económica, políticas de desarrollo sostenible y asuntos geopolíticos clave para los países miembros y el mundo.
Cada uno de los BRICS estaba destacando económicamente por diferentes motivos. Brasil tenía una economía agrícola y energética en auge, siendo un importante exportador mundial. Rusia era y sigue siendo un gigante en la exportación de petróleo y gas natural. India, con su economía de rápido crecimiento, destacaba en el sector servicios y manufactura con una gran base de talento técnico. China, por su parte, se había convertido en la “fábrica del mundo”, con una fuerza laboral masiva y una producción industrial que experimentaba una expansión sin precedentes. Por último, Sudáfrica es la economía más grande de África y un líder en la extracción minera, y desempeña un papel estratégico en la representación del continente.
Sin embargo, pese a las proyecciones ambiciosas, la década de 2010 trajo desafíos económicos y políticos. Brasil enfrentó una recesión desde 2014, atribuida a la caída de los precios de las materias primas y a la inestabilidad política interna. Rusia también experimentó una contracción económica por la volatilidad de los precios del petróleo y las sanciones internacionales a raíz de la anexión de Crimea. India, aunque siguió creciendo, tuvo que lidiar con reformas internas y desbalances financieros. China creció de forma más lenta, una señal de transformaciones estructurales en su modelo económico. Por último, Sudáfrica también enfrentó dificultades económicas exacerbadas por problemas de gobernabilidad y conflictos laborales en sectores claves. Este panorama reveló la vulnerabilidad de los BRICS a los cambios en el mercado global y a sus desafíos internos, cuestionando su capacidad para conformar un frente económico unificado.
Los BRICS, de ampliarse al reto de ser un bloque sólido
Con todo, los BRICS suman más del 40% de la población mundial y más del 30% del PIB global, por encima del G7 conformado por las potencias occidentales. Por ello siguen abogando por más representación en las instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, para conseguir más incidencia en la toma de decisiones económicas a nivel global. Dos iniciativas en esa línea han sido el Nuevo Banco de Desarrollo y el Acuerdo de Reservas de Contingencia, mecanismos financieros alternativos que reflejan sus intereses y los de otras economías emergentes.
Con las crisis derivadas de la pandemia y la invasión rusa de Ucrania, los BRICS han resurgido en los últimos años con el objetivo de impulsar la multipolaridad en las relaciones internacionales. En 2023 anunciaron una expansión: invitaron a Argentina, Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán a unirse al grupo. Argentina finalmente declinó el ingreso y Arabia Saudí no lo ha confirmado, pero el resto de países entraron a principios de 2024. Desde entonces se les conoce como BRICS+.
Uno de los principales desafíos de los BRICS+ es la coordinación de políticas y agendas entre países con economías y sistemas políticos tan diversos. La disparidad en sus estructuras económicas, niveles de desarrollo y políticas internas es un obstáculo para su acción conjunta. Además, las tensiones geopolíticas internas, las disputas fronterizas y las alianzas con potencias fuera del grupo plantean retos para la cohesión del bloque. En términos económicos, enfrentan la dependencia de los mercados de materias primas, la volatilidad de los mercados financieros globales y la necesidad de diversificación. También la gestión de las relaciones con el resto de potencias y la reforma de las instituciones financieras internacionales.
Este artículo fue redactado con ayuda de Jasper, un asistente de redacción de inteligencia artificial. Después fue revisado y corregido por un editor de EOM.