Las alianzas en Europa en la víspera de la Segunda Guerra Mundial

En verano de 1939, la Alemania nazi ya se había aliado con Mussolini e invadido varios territorios, mientras que Francia y Reino Unido mantenían un débil pacto con Polonia
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Entre 1938 y 1939, el mapa de Europa cambió prácticamente mes a mes. En diciembre de 1938, con Hitler completamente asentado en el poder y el expansionismo alemán en ciernes, la Alemania nazi ya se había anexionado Austria y los Sudetes, que formaban parte de Checoslovaquia. En marzo de 1939, apenas tres meses después, se creó la República Eslovaca, Estado clientelar del Tercer Reich, así como los protectorados de Bohemia y Moravia en la parte checa. La provincia alemana de Prusia Oriental, por su parte, también ganaba terreno en Lituania, anexionándose la región de Memel.

Todos estos avances territoriales habían ocurrido bajo la pasividad de Francia y Reino Unido, que dieron por buenas las anexiones del régiem nazi en aras de evitar un enfrentamiento. Lejos de tener éxito, esta política de apaciguamiento dio espacio al aumento de la popularidad y poder del Tercer Reich, alineado con numerosos países donde el fascismo había triunfado. El eje Roma-Berlín, con la Italia de Mussolini, sería la columna vertebral de las potencias del Eje, que en su máxima extensión abarcaría casi todo el continente europeo, entre invasiones, anexiones, protectorados y Estados bajo control nazi.

En la víspera del estallido de la Segunda Guerra Mundial, en agosto de 1939, Europa ya estaba dividida en varios bloques de alianzas. El bloque de los Aliados estaba formado por Reino Unido y Francia, que no tenían ningún acuerdo oficial entre ellos pero sí que mantenían una estrecha colaboración y pactos de defensa mutua con Polonia. Por su parte, Alemania e Italia habían formalizado su relación con la firma del Pacto de Acero en mayo de 1939, un acuerdo que establecía el compromiso de asistencia militar mutua en caso de guerra. Hungría, Rumanía y Bulgaria, aunque no formaban parte del Eje en ese momento, tenían una relación cada vez más afín a Alemania.

Mientras tanto, la Unión Soviética había firmado un pacto de no agresión, conocido como Molotov-Ribbentrop, con la Alemania de Hitler, que incluía una cláusula secreta que marcaba la división de Europa del Este entre ambas potencias. Polonia sería repartida entre Alemania y la URSS, mientras que los Estados bálticos y Finlandia quedaban dentro de la esfera de influencia soviética.

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Así, el principal hito de las alianzas en Europa en los meses anteriores al comienzo de la Segunda Guerra Mundial sería la conexión Roma-Berlín, impulsada en un momento en que Mussolini se enfrentaba a una fuerte oposición en la Sociedad de Naciones con motivo de sus guerras de ocupación en Somalia y Abisinia (Etiopía). Alemania, que ya había abandonado la Sociedad precursora de la ONU en 1933, apoyó a Italia en su expansión, consolidando la alianza entre ambos regímenes —que también habían enviado apoyo militar a los sublevados franquistas en la guerra civil española—.

El segundo hito —y gran error aliado—, fue la firma de los acuerdos de Múnich en 1938, por el cual Francia y el Reino Unido accedieron a que la Alemania nazi se anexionara los Sudetes, una cordillera checoslovaca donde vivían tres millones de alemanes. La intención era frenar el expansionismo de Hitler por el resto de Europa, pero realmente los acuerdos facilitaron y reforzaron la posición del régimen nazi, que pronto firmó pactos económicos con Hungría, Rumanía y Bulgaria. Menos de un año después, en marzo de 1939, la debilitada Checoslovaquia desapareció. Las tropas alemanas se anexionaron entonces Bohemia y Moravia, y en el resto del país se fundó la República Eslovaca.

El inicio de la Segunda Guerra Mundial llegaría con la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939, con los alemanes avanzando rápidamente y sitiando la capital, Varsovia. El 17 de septiembre, el ejército soviético invadía, por su parte, el país por el este. La resistencia polaca colapsó el 6 de octubre, pero los alemanes habían sobrepasado la línea de partición acordada. Para corregir esto, Berlín y Moscú firmaron un nuevo tratado fronterizo en Moscú, estableciendo la ciudad de Brest-Litovsk (actualmente en Bielorrusia) como uno de los puntos clave de la nueva división territorial.

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Aunque no defendieron a Polonia de la invasión como habían prometido, esta vez Reino Unido y Francia sí declararon la guerra a Alemania el mismo 1 de septiembre, mientras que el día 13 tendría lugar la primera reunión del Consejo Supremo de Guerra anglo-francés.

Con el conflicto ya iniciado en el centro del continente, el 30 de noviembre de 1939 la Unión Soviética invadió Finlandia, pero los finlandeses lograron frenar el avance en la conocida como guerra de Invierno, aunque tuvieron que ceder algunos territorios. En junio de 1940, la URSS se anexionó las repúblicas bálticas y ocupó Besarabia (actual Moldavia) y el norte de Bucovina (región histórica que se divide entre las actuales Ucrania y Rumanía). Mientras tanto, Alemania avanzaba en Europa occidental, invadiendo Países Bajos, Bélgica y Francia.

Tras la derrota alemana en la batalla de Inglaterra en octubre de 1940, Hitler dirigió su atención a la Unión Soviética, atraído por sus vastos recursos naturales. En octubre y noviembre de 1940, el Tercer Reich y la Unión Soviética intentaron negociar la incorporación de esta última al Eje, sin éxito. La ruptura del pacto de no agresión desembocó en la operación Barbarroja en 1941, con la invasión de la URSS y la anexión de los Bálticos, así como de gran parte de los territorios actuales de Ucrania y Bielorrusia. Para diciembre de 1942, el régimen nazi y el Eje alcanzaron su máxima expansión.

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