La invasión soviética de Polonia de 1939 fue parte de una alianza con la Alemania nazi para repartirse el país al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Ante el expansionismo alemán, la URSS había intentado aliarse con el Reino Unido, Francia, Polonia y Rumanía. Sin embargo, estas dos temían que las tropas soviéticas se extralimitasen, y ni Londres ni París estaban dispuestos a combatir al Tercer Reich.
Stalin optó entonces por aliarse con Hitler: ambos aspiraban a destruir la Europa del Tratado de Versalles y a expandir su imperio. Además, la guerra en Europa Occidental suponía una ventaja para la URSS porque debilitaría al bloque capitalista, liderado por las fuerzas aliadas de Francia y el Reino Unido. Unidos por sus intereses, los dictadores firmaron el Pacto Ribbentrop-Mólotov de no agresión en agosto de 1939.
Hitler y Stalin, unidos por Polonia
El acuerdo, sin embargo, incluía un anexo secreto por el que ambas potencias se dividían Polonia en dos áreas de influencia marcadas por los ríos Pissa, Narew, Vístula y San. Alemania se reservaba Lituania y Polonia Occidental, y la URSS se haría con Polonia Oriental, Estonia, Letonia y parte de Finlandia. Esta última se negó a ceder, así que los soviéticos la invadieron en la guerra de Invierno en noviembre.
La invasión soviética de Polonia empezó el 17 de septiembre de 1939, dos semanas después de que la invasión nazi estallara la Segunda Guerra Mundial. El ministro de Exteriores soviético, Viacheslav Mólotov, envió al Ejército Rojo bajo el argumento de que Polonia era un Estado fascista que oprimía a ucranianos y bielorrusos, nacionalidades parte de la URSS. Stalin se apoderó en ocho días de Bielorrusia y Ucrania Occidentales, que habían quedado en manos polacas tras la Paz de Riga pactada con Rusia en los años veinte. Polonia, desprotegida ante dos invasiones simultáneas, capituló a finales de mes.
Aunque se alarmaron, las potencias occidentales no contestaron a la alianza nazi-soviética. Igual que con la expansión alemana sobre Austria y Checoslovaquia, el Reino Unido y Francia mantuvieron su política de no intervención porque no deseaban enfrentarse con la URSS. Esta decisión incumplía los pactos de defensa mutua que una y otra tenían con Polonia, que se sintió traicionada.
Tanques, colectivización y partido único: la invasión soviética de Polonia
En los dos años siguientes, la URSS se anexionó más de la mitad del territorio, habitado por polacos, ucranianos, bielorrusos, judíos, rusos y alemanes. Para legitimarlo, los soviéticos organizaron en octubre unas elecciones a las nuevas Asambleas Populares de Ucrania Occidental y Bielorrusia Occidental, igual que Alemania en Austria y Checoslovaquia. La mayoría de los bielorrusos y ucranianos polacos sentían poca lealtad al Gobierno, aunque otros desconfiaban del régimen soviético por la hambruna que había acabado con millones de ucranianos entre 1932 y 1933. Su voluntad, sin embargo, fue irrelevante para unos comicios amañados.
La invasión soviética de Polonia sometió al territorio a la misma represión que el resto de la URSS. El Partido Comunista implantó sus leyes políticas y económicas: colectivizaciones masivas, eliminaron los partidos y asociaciones públicas, y los ciudadanos pasaron a ser soviéticos. Se estima que la policía secreta soviética deportó a 1.200.000 polacos a campos de trabajos forzosos entre 1939 y 1941 por considerarlos enemigos de la patria y del comunismo. Además, las autoridades soviéticas entregaron a los nazis a comunistas alemanes, polacos y húngaros que estaban refugiados en su territorio.
Ese matrimonio de conveniencia entre Stalin y Hitler terminó en 1941, más de un año y medio después de la invasión soviética de Polonia. Ambos sabían que la guerra era inevitable: el nazismo combatía el comunismo y viceversa, y el Tercer Reich aspiraba a expandirse hacia el Este. La ruptura oficial llegó en junio, cuando los nazis invadieron la URSS. El Ejército alemán conquistó los nuevos territorios soviéticos, incluido el este de Polonia, y quedó a las puertas de Moscú.
Moscú, por su parte, pidió ayuda al Reino Unido, Estados Unidos y Francia, que estaban en apuros durante la guerra. A ello se sumó su interés en una URSS desgastada, por lo que aunque firmaron alianzas militares con Stalin desde 1941, el grueso del apoyo logístico no llegó hasta 1943. Moscú también firmó un pacto con el Gobierno polaco en el exilio para crear otro ejército nacional a cambio de que Stalin renunciase a la partición con Alemania. Al término de la Segunda Guerra Mundial en 1945, con las fuerzas aliadas vencedoras, Polonia pasó a ser un Estado satélite soviético.