5 de marzo de 1953

Iósif Stalin, el líder principal de la Unión Soviética

Después de una lucha fratricida por el poder, Stalin instauró una dictadura totalitaria en la URSS. Su mandato contribuyó a la expansión del comunismo y a que el país se convirtiera en una superpotencia mundial.
Iósif Stalin, el líder principal de la Unión Soviética
Stalin en su escritorio en 1949. Fuente: Archivo Federal Alemán (Wikimedia Commons)

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Iósif Vissariónovich Dzhugasvhili, más conocido como Stalin (‘hombre de acero’ en ruso), nació en 1878 en una familia de siervos de Gori, Georgia. Tras una infancia marcada por enfermedades y el alcoholismo de su padre, comenzó a estudiar en la escuela parroquial de la ciudad. Sus contactos con el movimiento revolucionario comenzaron después de que ingresó en el Seminario Teológico de Tiflis en 1894. El joven Iósif se oponía al régimen interno del seminario, así como a la imposición de la lengua rusa en Georgia, y su vinculación al socialismo provocó que fuera expulsado en 1899. Para entonces ya era un militante contra la Rusia zarista, lo que propició su detención y deportación a Siberia, de donde escapó en 1904.

Ascenso vía Lenin

A su vuelta de Siberia, Stalin abrazó los postulados de la facción radical del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR). La escisión de 1903 había fragmentado la organización entre los mencheviques, partidarios de participar en una democracia liberal burguesa, y los bolcheviques, defensores de la conquista revolucionaria del poder. Stalin se decantó por la corriente que encabezaba Vladímir Lenin, a quien conoció en la Conferencia del POSDR de 1905 en Tampere, Finlandia. Fue allí donde asumió el pseudónimo que lo acompañaría el resto de su vida. Como militante bolchevique, Stalin lideró los escuadrones que atracaron el banco de Tiflis en 1907. Ese mismo año también participó en el V Congreso del POSDR en Londres, donde se confirmó el giro de la formación hacia el leninismo.

El triunfo bolchevique permitió a Stalin consolidarse en el partido. Pese a la oposición interna, se integró en el Comité Central gracias al respaldo de Lenin, con quien se había reunido un año antes durante el exilio en Viena. Allí estuvo hasta su regreso a Rusia con el inicio de la Revolución de Febrero de 1917. El levantamiento de Petrogrado precipitó la abdicación del zar Nicolás II y el final de su régimen absolutista, pero no fue hasta la Revolución de Octubre cuando los bolcheviques lograron hacerse con todo el poder.

El estalinismo, un régimen apoyado en la represión

La muerte de Lenin en 1924 marcó el ascenso de Stalin al poder. El político georgiano tuvo una disputa feroz por la sucesión con León Trotski, que había dirigido al Ejército Rojo hacia la victoria en la guerra civil rusa (1917-1923) frente a los contrarrevolucionarios. Trotski y Stalin defendían modelos políticos distintos. El primero sostenía la idea de una “revolución permanente” a nivel mundial que mantuviera viva la llama del comunismo en la recién fundada Unión Soviética. El segundo, por el contrario, apostaba por consolidar el “socialismo en un solo país”. Las alianzas de Stalin con el aparato del Partido Comunista, creado en 1917, le ayudaron a asumir su control en contra de los deseos de Lenin.

Tras el exilio de Trotski en 1929, Stalin fortaleció su hegemonía purgando a los disidentes. Esa autoridad plena le permitió instaurar una dictadura totalitaria en la Unión Soviética. El estalinismo impulsó la modernización del país mediante una economía planificada cuya base era la industrialización. A través de planes quinquenales, el líder comunista logró su “milagro económico” particular que facilitó la consolidación del socialismo. Ello vino acompañado de una represión a finales de los años treinta, conocida como la Gran Purga. Durante este período, cientos de miles de soviéticos fueron detenidos por la policía secreta del régimen y deportados a los campos de trabajos forzados del Gulag en Siberia.

Iósif Stalin: el artífice de la superpotencia soviética

El apogeo de la Unión Soviética llegó con el final de la Segunda Guerra Mundial. La resistencia contra la Alemania nazi y el triunfo de los Aliados dejaron a Stalin como uno de los grandes vencedores. El líder soviético aprovechó su posición para expandir el comunismo por Europa del Este, que quedó bajo la órbita de la URSS al inicio de la Guerra Fría. Ya con 74 años, Stalin falleció en su residencia de Kuntsevo el 5 de marzo de 1953 debido a un derrame cerebral. Su legado fue la transformación de la URSS en una potencia mundial y en una de las dictaduras más represivas de la historia.

David Gómez

Guadalajara, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo por la URJC. Ciencias Políticas en la Università degli Studi di Firenze. Apasionado de la geopolítica, el deporte y el cine.

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