Los Imperios ruso y otomano encadenaban conflictos desde el siglo XVI. Rusia, en auge, le había ganado territorios al norte del mar Negro a un Imperio otomano incapaz de modernizarse. Esa superioridad volvió a evidenciarse al comenzar la guerra de Crimea en 1853, con sus victorias en el delta del Danubio y el norte de la actual Turquía. Sin embargo, esta vez el Reino Unido y Francia decidieron intervenir por temor a que el Imperio otomano se desmoronase y a que los rusos llegasen al Mediterráneo.
La intervención también pretendía frenar al zar Nicolás I para proteger el legado del Congreso de Viena de 1814, que había ordenado Europa tras la derrota de Napoleón, pero aun así la derrota rusa supondría un cambio en el equilibrio de poderes. Pese a su resistencia en el campo de batalla, Rusia se vio obligada a firmar el tratado de París del 30 de marzo de 1856, que puso fin al considerado primer conflicto moderno.
Entre religión y geopolítica
Antes de la guerra de Crimea, Rusia también tenía tensiones con Francia, a raíz de la derrota napoleónica, y con el Reino Unido, por Asia Central y el Cáucaso. Una disputa delicada eran los Santos Lugares de Palestina, territorio otomano. Francia y Rusia se consideraban protectoras de la población católica y ortodoxa local, respectivamente, y exigían concesiones incompatibles al sultán Abdulmejid. Frente a la disyuntiva, el Imperio otomano se puso de lado francés, con apoyo británico, y le negó al zar el derecho a intervenir en defensa de los ortodoxos, pues suponía convertirse en su vasallo.
Entretanto, Rusia se negaba a desocupar los principados del Danubio, Moldavia y Valaquia, antiguos vasallos del sultán, por lo que el Imperio otomano le declaró la guerra en octubre de 1853 para complacer a su sector más belicista. Tras las derrotas otomanas de ese año y ante la falta de negociación, Francia y el Reino Unido entraron en la contienda. Aunque Rusia retrocedió debido al avance occidental, los aliados continuaron atacando para garantizar su derrota.
La resistencia rusa en la campaña de Crimea en 1854 dio lugar a una guerra de trincheras, que incorporó nuevas tecnologías como el ferrocarril, el telégrafo, la fotografía o una nueva generación de fusiles. El hambre y las enfermedades también dieron pie a la enfermería moderna, pero causaron miles de bajas. Cuando cayó Sebastopol en septiembre de 1855, ya con Alejandro II como zar, Rusia aún buscaba una victoria en el Cáucaso para mejorar su posición mientras esperaba un estallido social en Francia, desgastada por la guerra. Sin embargo, Austria le obligó a negociar bajo la amenaza de romper relaciones.
De la guerra de Crimea al inicio de otra Europa
Finalmente, el Imperio ruso accedió a firmar el tratado de París de 1856 para solucionar el conflicto, que le obligó a desmilitarizar el mar Negro, garantizando su neutralidad, y a retirarse del delta del Danubio, que permaneció bajo control del sultán. Esto frenó la escalada de violencia y los intereses expansionistas rusos en la región, pero no sus tensiones con los otomanos. Además, la derrota obligó al zar a abolir la servidumbre y a reformar una economía en crisis.
Los Santos Lugares volvieron a la situación anterior, con Francia y Rusia como protectoras de católicos y ortodoxos. El Imperio otomano, por su parte, inició una relación de dependencia con británicos y franceses, que querían controlar sus territorios. Con el precedente de la independencia de Grecia y su apoyo a Rusia en la guerra, los conflictos nacionalistas internos amenazaban la supervivencia del Imperio otomano. En los Balcanes, esas tensiones étnicas y religiosas generarían el caldo de cultivo para los conflictos del siglo XX.
El tratado de París también significó el inicio del fin del equilibrio del Congreso de Viena entre las principales monarquías europeas, que pasaron a centrarse en sus intereses imperialistas. Con el Imperio otomano en decadencia y Rusia a la deriva, Francia volvió a ser una potencia al nivel del Reino Unido, aunque tendrían que lidiar con Alemania e Italia, que se unificarían en las décadas siguientes.







