El químico ruso Dmitri Mendeléyev nació en Siberia en 1834. Apasionado por la ciencia desde pequeño, viajó a San Petersburgo para estudiar. Gracias a unas becas se formó en Francia y Alemania, donde conoció las bases de la espectroscopia y los sistemas de medición de la masa de los elementos. Tras convertirse en catedrático de química en la Universidad de San Petersburgo en 1864, trabajó en un método para ordenar los elementos químicos, aquella materia que no puede descomponerse en otra más simple.
En 1868, Mendeléyev comenzó a redactar Principios de química, un manual para sintetizar los conocimientos sobre las propiedades de los elementos y sus compuestos. Así descubrió una forma de ordenarlos según su peso atómico en una tabla periódica, que presentó ante la Sociedad Química de Rusia el 6 de marzo de 1869. Las dudas iniciales se disiparon conforme los descubrimientos cumplían los postulados de la ley periódica, hasta sentar las bases de la teoría química actual.
La tabla periódica: un nuevo paradigma científico
Durante el siglo XIX, distintos avances en química marcaron la investigación de Mendeléyev. La teoría atómica de John Dalton defendió que la materia estaba formada por átomos, unas partículas indivisibles diferentes entre los distintos elementos, que combinadas forman compuestos químicos. Además, en la década de 1850 se descubrió el concepto de “valencia”, la capacidad de cada elemento para combinarse con otros, así como la distinción entre átomos y su agrupación, las moléculas.
Tras conocer que los elementos compartían propiedades similares, se sucedieron intentos por clasificarlos igual que con los seres vivos. Convencidos de la hipótesis de Stanislao Cannizzaro sobre medir los elementos mediante el peso de sus átomos, en 1864 aparecieron dos propuestas para ordenarlos según aumentaba su masa. La ley de las octavas del inglés John Newlands consideraba que cada ocho elementos se repetían algunas características similares, y la tabla del alemán Lothar Meyer organizaba la mitad de los 63 elementos conocidos en seis familias vinculadas por su valencia.
Pero la clasificación definitiva llegó con la tabla periódica de Mendeléyev, que situaba en filas, llamadas periodos, los elementos por orden ascendente de su masa atómica, de forma que en las columnas se ubicaban elementos con características similares, como su valencia y su naturaleza. Así, fue un paso más allá al elaborar una ley natural, pues dejó espacios en blanco que permitieron nuevos descubrimientos y reordenó diecisiete elementos según sus propiedades, al deducir que sus pesos atómicos eran incorrectos.
A pesar de las dudas, la comunidad científica se tomó en serio la ley periódica cuando se recalculó el peso de los elementos que Mendeléyev había reorganizado y se confirmaron sus estimaciones. Además, la ley se reforzó con el descubrimiento del galio, el escandio y el germanio en las dos décadas siguientes. El científico ruso ofreció así una herramienta para predecir las propiedades de la materia, que ha trascendido a la física y la biología, hasta desarrollar un nuevo paradigma científico.
Reconocimiento internacional, pero no en Rusia
Aunque Mendeléyev pasó a la historia por la química, estudió desde la economía hasta la aeronáutica. También defendió la ciencia aplicada para estudiar técnicas de producción industrial y planteó las primeras teorías sobre el petróleo, que contribuyeron al desarrollo en Rusia. Sin embargo, su ideología liberal y su oposición al Gobierno zarista le impidieron el reconocimiento en su país, y le costaron la no admisión en la Academia de Ciencias y la expulsión de la Universidad de San Petersburgo en 1890.
En cambio, la comunidad científica del resto de países sí reconoció la utilidad de la tabla periódica, y la perfeccionó hasta los 118 elementos actuales. La reestructuración de la tabla de Mendeléyev que presentó Alfred Werner en 1905 aún se usa en escuelas y universidades. Por esta contribución, el científico ruso fue propuesto para el Premio Nobel de Química en 1906, poco antes de morir, pero se lo negaron por la antigüedad de su descubrimiento. Aunque no tiene Nobel ni Lomonósov, el premio ruso de ciencias, Mendeléyev recibió homenajes posteriores, como el elemento en la casilla 101, llamado Mendelevio en 1955, y el Año Internacional de la Tabla Periódica que la ONU proclamó en 2019.