Cuando el demócrata Alex Bores perdió en junio las primarias demócratas por el distrito 12 de Manhattan, lo llamativo no fue la derrota, sino la campaña que la rodeó. Bores, legislador estatal de Nueva York, había construido su candidatura al Congreso sobre la regulación de la inteligencia artificial. Sin embargo, el Super PAC (‘comité de acción política’) Leading the Future, financiado por algunos de los nombres más poderosos de Silicon Valley, volcó más de siete millones de dólares para impedir su victoria.
La apuesta, en ambos sentidos, era simbólica. Si un candidato prorregulación podía sobrevivir a semejante campaña, otros legisladores podrían atreverse a seguir su ejemplo. Pese a la derrota, el ejemplo de Bores ilustra cómo la IA se ha convertido en uno de los temas más controvertidos de la política estadounidense. Ahora, esta tecnología amenaza con reconfigurar el mapa político de cara a las midterms de noviembre.
Una tecnología menos popular que el ICE y Trump
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