“No imagino una Cuba multipartidista a corto plazo”: Carlos Alzugaray, exembajador cubano

El exdiplomático desgrana sus impresiones sobre el régimen y cómo han sido las relaciones con Washington y la Unión Europea. También sostiene que el ‘lobby’ cubanoamericano no decide sobre las relaciones con el régimen y recuerda que Estados Unidos, desde sus orígenes, ha querido influir sobre el rumbo de la isla
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“No imagino una Cuba multipartidista a corto plazo”: Carlos Alzugaray, exembajador cubano
Foto: cedida

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Carlos Alzugaray (La Habana, 1943) llegó a la diplomacia de casualidad. Su padre tampoco era diplomático, pero Fidel Castro le pidió ser el primer embajador en Japón después del triunfo de la Revolución cubana. “En Japón trabajaba informalmente ayudando a mi papá. Un día llegó un inspector de La Habana y dijo: ‘Este señor trabaja aquí casi ocho horas; hay que pagarle’. Entonces me nombraron auxiliar del servicio exterior”. Era 1961, tenía diecisiete años y hasta entonces deambulaba con sus libros de estudiante del colegio jesuita por los pasillos de la embajada. 

El padre de Carlos había sido directivo del Partido Ortodoxo cubano, donde Fidel había militado. Tenía fama de ser un excelente negociador comercial y fue enviado a Japón para lograr la venta de medio millón de toneladas de azúcar, y lo logró. Días después del nombramiento de Carlos, su padre enfermó y volvió a Cuba. Ese mismo año regresó a la isla para enterrarlo y fue contactado por el Ministerio de Relaciones Exteriores. “Me dijeron: ‘Tenemos interés en que sigas trabajando para la diplomacia cubana. Te vamos a dar la oportunidad de terminar tus estudios, pero ya eres funcionario del servicio exterior’”.

Alzugaray se graduó en Diplomacia en 1965. Aunque el sueldo de un diplomático cubano es inferior al de la mayoría de países, no supo de esas carencias hasta que le tocó representar a su país con un traje raído y cuidado hasta el cansancio. Ya hablaba inglés fluidamente y lo enviaron a Bulgaria durante cinco años. Luego siguió a Argentina, Canadá, Etiopía y Bélgica, donde fue embajador ante la Unión Europea desde 1994 hasta 1996. Más adelante, en el Ministerio de Relaciones Exteriores llegó a ser asesor del canciller. 

Hubo también una etapa en La Habana, entre Etiopía y Bélgica, en la que fue vicerrector del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), la academia diplomática de Cuba. Allí empezó a dedicarse a la docencia. Hizo su doctorado, obtuvo la categoría de profesor titular y se retiró en 2012 con un balance de 35 años como diplomático y quince como profesor. Es autor de dos libros sobre las relaciones de Estados Unidos con Cuba entre la caída de la dictadura de Fulgencio Batista y el triunfo de la Revolución, y ha publicado más de cien artículos sobre política exterior cubana y relaciones internacionales. 

Hoy Carlos Alzugaray vive en La Habana y escribe para el medio independiente La Joven Cuba. Esta entrevista fue pospuesta al menos cinco veces, porque Alzugaray, como el resto de los cubanos, vive en medio de una crisis energética en la que nunca se sabe cuándo habrá electricidad o conexión a internet. Pero, en realidad, esta entrevista comenzó años antes, en los jardines del Hotel Nacional de Cuba, cuando en mis visitas a la isla me citaba con él para conversar sobre hacia dónde iba nuestro país. En 2025, durante nuestro último encuentro, el Gobierno seguía construyendo hoteles pese a la caída del turismo. Este año, el régimen ha anunciado una apertura económica para sobrevivir ante la presión de Estados Unidos.

PREGUNTA – ¿A qué responde esta apertura económica?

RESPUESTA – “Estados Unidos está intentando obtener una rendición política del Gobierno cubano. Lo han dicho Donald Trump, Marco Rubio y otros dirigentes. Toda esta polémica estalló cuando se filtró que, en una de esas supuestas reuniones, se habría planteado incluso la renuncia de Miguel Díaz-Canel, y después él respondió afirmando públicamente: ‘Aquí las decisiones las tomamos el general de Ejército y yo’”. Para Alzugaray, con esa declaración, el presidente cubano estaba reafirmando que no era un cero a la izquierda en la estructura de poder en Cuba, compartiendo decisiones fundamentales con Raúl Castro.

“En ningún momento confirmó que Raúl Guillermo Rodríguez Castro hubiera negociado nada”, dice Alzugaray refiriéndose a las declaraciones del nieto y mano derecha de Raúl Castro en junio. El Cangrejo, como se le conoce, afirmó que estaría dispuesto a negociar con quien designe el Gobierno de Estados Unidos, incluido Trump, y defendió las recientes reformas económicas como el inicio de una transformación profunda del modelo cubano. Al mismo tiempo reconocía sus privilegios, afirmando que le dolía que los cubanos no puedan vivir como él y que aspiraba a una Cuba donde cualquiera pueda comprar productos de lujo en un supermercado. “¿Qué puede prometer Raúl Guillermo a los estadounidenses? ¿Qué capacidad institucional tiene para garantizar el cumplimiento de un acuerdo?”, cuestiona Alzugaray. 

¿Raúl Guillermo tiene hoy un papel importante dentro de Gaesa [el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas que controla los sectores clave de la economía cubana] aunque no sea visible?

Por todo lo que se ha filtrado, no descarto que a Raúl Guillermo lo hayan estado preparando para desempeñar un papel importante en Gaesa. Es hijo de Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, quien durante años dirigió ese conglomerado empresarial. Tiene cierta lógica, pero ahí hay muchas personas que ya ocupan posiciones de dirección. No es tan sencillo incorporar a alguien por pertenecer a una determinada familia y que, por añadidura, no se conoce que haya tenido experiencia administrativa. Yo creo que aquí nada ocurre de manera espontánea, pero los vericuetos del poder son muy opacos. 

“En Cuba todo funciona con mucha opacidad”

Desde fuera suele hablarse de distintas corrientes dentro de la élite cubana gobernante respecto al modelo económico y a la forma de gobernar. ¿Esas diferencias existen?

“Por supuesto, como existen en cualquier Gobierno del mundo. No hay ninguno donde todos piensen exactamente igual. El problema es que en Cuba todo funciona con mucha opacidad”. Alzugaray explica que lo confuso de las declaraciones respecto a las posibles negociaciones con Estados Unidos son una muestra de posturas diversas en la dirigencia cubana. Se refiere a las declaraciones de Elier Ramírez, vicejefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista, y del primer ministro Manuel Marrero en redes sociales respecto a la existencia de un equipo encargado de negociar con Washington. Señala que es extraño que dichas declaraciones no hayan sido publicadas en medios oficiales. 

“En el Ministerio de Relaciones Exteriores hay direcciones completas dedicadas a la relación bilateral con Estados Unidos: asuntos jurídicos, análisis político, relaciones bilaterales… Hay un equipo altamente profesional. No hace falta buscar negociadores fuera de esas estructuras. Yo no doy por sentado que exista una negociación. La viceministra Josefina Vidal, quien fue la principal negociadora de los memorándums de entendimiento firmados entre 2015 y 2016, ha dicho que no hay negociaciones sino un diálogo. Yo diría que ni siquiera es eso: probablemente se han producido conversaciones exploratorias o preliminares. Y no es raro, pues las hay en todas partes: entre Ucrania y Rusia; entre Irán y Estados Unidos…

Alzugaray insiste en que, para que exista una negociación, ambas partes tienen que estar negociando realmente. No basta con que una persona prometa hablar con alguien o transmitir mensajes. “Un negociador plantea determinadas demandas, la otra parte responde qué puede o no aceptar y qué necesita consultar con su Gobierno: eso es una negociación; lo demás son conversaciones. Una negociación presupone una agenda y debe estar precedida por señales de buena voluntad y de disposición a hallar soluciones mutuamente beneficiosas. En el caso de Estados Unidos no existe ninguna de las dos cosas”.

En Cuba siempre ha existido la impresión de que el poder actuaba de forma monolítica, sobre todo respecto a Estados Unidos. Llevando esas diferencias entre distintos grupos de poder a escenarios extremos, ¿podría producirse algún tipo de golpe de Estado interno en Cuba?

“Llevo tiempo pensando en eso. Hay un primer elemento importante: Gaesa acumuló muchísimo poder, y tuvo al frente a una persona extraordinariamente ambiciosa como Luis Alberto Rodríguez López-Calleja” [también diputado y miembro del Buró Político del Partido Comunista]. Como dirigía Gaesa con una enorme autonomía y respondía ante Raúl Castro, terminó acumulando un poder muy considerable, eminentemente económico. No me parece imposible imaginar que, en algún momento, hubiera pensado en desempeñar un papel político todavía mayor cuando llegara la sucesión. Naturalmente, todo eso cambió con su fallecimiento [en 2022]. Si existía algún proyecto político en torno a él, quedó interrumpido”.

¿Quién garantiza ahora la continuidad de ese grupo? Raúl Guillermo, el Cangrejo, tiene una ventaja evidente por ser nieto de Raúl Castro e hijo de Calleja. Sin embargo, Alzugaray cuestiona que ese linaje lo dote de apoyos políticos reales que le conviertan en sucesor de su padre o lo lleven a la dirigencia cubana. 

“Miremos el caso venezolano. Cuando Nicolás Maduro asumió la presidencia contaba con apoyos muy claros dentro del aparato del Estado. Tenía el respaldo de figuras fundamentales del chavismo y de la estructura militar. ¿Existe hoy una red semejante alrededor de Raúl Guillermo? No la veo. Ni siquiera forma parte del Buró Político. No participa en las reuniones donde se toman las decisiones estratégicas del país, y habría que preguntarse también cómo lo ven los altos mandos militares”. 

Alzugaray recuerda que hubo otro miembro de la familia Castro que participó en negociaciones con la Administración de Barack Obama. Fue Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, quien desapareció de la vida política de manera silenciosa poco después de conseguir en 2015 que Cuba y Estados Unidos restablecieran relaciones diplomáticas. Pese a los rumores y confirmaciones de negociaciones, la Administración Trump ha intensificado la presión sobre Cuba con nuevas sanciones dirigidas contra Gaesa, que Washington considera el principal sostén financiero del Gobierno cubano. Las medidas afectan a empresas clave de logística, finanzas, banca y minería vinculadas e incluyen advertencias de sanciones secundarias contra bancos y compañías extranjeras que mantengan relaciones con estas entidades.

“Desde la perspectiva estadounidense, si el Gobierno cubano va a desaparecer, ¿para qué negociar con él?”

Teniendo en cuenta las sanciones de Estados Unidos a Gaesa, ¿las posibles negociaciones pueden llevar a acuerdos? 

“Cuba y Estados Unidos cooperan en muchos ámbitos. Existe cooperación migratoria, en la lucha contra el narcotráfico, entre organismos encargados de aplicar la ley”… No obstante, Alzugaray anota que Washington tiende a interrumpir esos canales cada vez que aparece una crisis política. “Existe una visión según la cual cualquier forma de cooperación beneficia únicamente al Gobierno cubano, pero esa idea es equivocada. Tomemos el narcotráfico: ¿quién obtiene mayores beneficios de esa cooperación? Estados Unidos. Lo mismo ocurre con la migración”. 

Desde que se reabrieron las embajadas siempre ha existido un encargado de negocios en La Habana y otro en Washington. Alzugaray insiste en que los Gobiernos pueden hablar por esa vía y que la pregunta es por qué no lo hacen. “El viceministro Carlos Fernández de Cossío ha viajado en numerosas ocasiones a Washington manifestando la disposición de Cuba a dialogar. La respuesta estadounidense, sencillamente, no ha llegado. Eso responde a una lógica política muy clara. Como ha dicho Marco Rubio en distintas ocasiones, la idea es no abrir una negociación política con el Gobierno cubano. Desde la perspectiva estadounidense, si el Gobierno cubano va a desaparecer, ¿para qué negociar con él?”. 

Para Alzugaray, Estados Unidos no ha querido usar los canales diplomáticos normales entre dos Gobiernos soberanos. En cambio, ha preferido explorar conversaciones paralelas o informales. “Ahí el Gobierno cubano cometió un error. Puedo entender la desesperación por intentar abrir un canal de comunicación, pero, una vez que quedó claro cuál era la intención de la otra parte, ese camino debió abandonarse”.

La larga disputa con Estados Unidos

Es imposible entender las conversaciones actuales entre Estados Unidos y Cuba sin remontarse al origen del conflicto. A juicio de Alzugaray, la política de Washington hacia La Habana comenzó no solo antes de Trump, sino incluso mucho antes de la Guerra Fría. Las filtraciones sobre posibles negociaciones, las nuevas sanciones a Gaesa y las reformas económicas forman parte de una disputa histórica en la que Estados Unidos, sostiene, nunca ha renunciado a intentar condicionar el rumbo político de la isla. 

“Desde los padres fundadores de Estados Unidos existió la idea de que Cuba tenía un enorme valor geopolítico”

¿Por qué Estados Unidos ha mantenido una histórica política exterior de sanciones hacia Cuba?

“Desde los padres fundadores de Estados Unidos existió la idea de que Cuba tenía un enorme valor geopolítico. España era ya un imperio en decadencia y pensaban que tarde o temprano podrían sustituir esa influencia. También esperaron a resolver el problema interno de la esclavitud antes de intentar incorporar a Cuba a su esfera de poder”. Alzugaray recuerda que, tras la independencia cubana de España, Estados Unidos intervino en la guerra e impuso en 1901 la enmienda Platt, el principal instrumento jurídico mediante el cual aseguró un control muy amplio sobre la isla.

“Yo pertenezco a la generación que vivió antes de 1959. En las conversaciones políticas que había en mi casa, siempre se hablaba de la necesidad de hacer una reforma agraria, una reforma urbana, mejorar la educación, fortalecer el sistema de salud y transformar muchas estructuras económicas del país. Y alguien siempre decía: ‘Sí, pero mientras Estados Unidos tenga ese nivel de influencia sobre Cuba será muy difícil hacer esos cambios’. Con la Revolución cubana se agravó un conflicto que ya supera los sesenta años.

El mapa de la geopolítica de Cuba

“Quizás, si la Revolución cubana hubiera triunfado en otro momento, la historia habría sido distinta. Pero lo cierto es que triunfó bajo la administración de Dwight D. Eisenhower. Estudiando los documentos desclasificados de aquella época, descubrí que la discusión dentro de la Administración Eisenhower era: ‘No podemos permitir que Cuba sea verdaderamente independiente’”.

Para Alzugaray, Estados Unidos adoptó una estrategia muy clara: no negociar con Cuba, no reconocer la legitimidad del nuevo Gobierno y trabajar para destruirlo. “Curiosamente, la idea de ‘no podemos reconocer la legitimidad del Estado cubano. No podemos aceptar que en Cuba hubo una revolución. No podemos pactar con ese Gobierno’ suena muy actual. De ahí surge el famoso memorando del diplomático Lester Mallory, de abril de 1960, donde se afirma literalmente que la política estadounidense debía provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

¿Qué rol ha tenido el lobby cubanoamericano en esta postura de Estados Unidos?

“El lobby cubanoamericano no desempeñó ningún papel en la política hacia Cuba entre 1959 y 1980. Su influencia empieza en 1980, cuando el Partido Republicano comprende que existe una masa crítica de votantes cubanoamericanos y decide organizar políticamente ese electorado. Para ello acudió a Jorge Mas Canosa”. Alzugaray afirma que este empresario cubano y activista anticastristas estudió la experiencia del lobby sionista, en particular del American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), para crear una organización similar: la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA). Esta organización tuvo una enorme influencia en las elecciones de 1980, 1984 y 1988, pero después la situación comenzó a cambiar.

“Jorge Mas Canosa no consiguió el voto cubanoamericano para Bill Clinton —perdió Florida—, pero sí logró convertirse en un interlocutor para la Administración demócrata. Ahora bien, durante la presidencia de Clinton ocurrieron dos episodios que demuestran que el lobby cubanoamericano no decide la política exterior de Estados Unidos. El primero fueron las negociaciones migratorias de 1994 y 1995: Jorge Mas Canosa llamó a la Casa Blanca exigiendo participar y le fue negado”. El segundo, cuenta Alzugaray, fue el caso del niño Elián González, cuya madre había muerto en la travesía en balsa hacia Miami, y que después de varios meses de conflicto político la fiscal general Janet Reno ordenó entregar a su padre en Cuba.

No obstante, también hubo otro actor muy importante: Bob Menéndez, congresista de origen cubano y posteriormente senador por Nueva Jersey, que llegó a ejercer una enorme influencia dentro del Partido Demócrata. “Su momento de mayor poder fue durante la presidencia de Joe Biden. El Senado estaba dividido prácticamente en cincuenta a cincuenta, Biden necesitaba cada voto y Menéndez tenía capacidad para bloquear buena parte de la agenda legislativa de la Administración”.

Pero “la mejor prueba de que el lobby no determina por sí solo la política estadounidense fue Obama”. Alzugaray afirma que el entonces presidente estadounidense “impulsó el proceso de normalización con Cuba pese a la oposición de sectores importantes del exilio”. “En los años ochenta la FNCA concentraba el liderazgo político del exilio cubano. Hoy esa situación ya no existe. ¿Quién representa hoy a los cubanoamericanos? ¿Quién puede afirmar que habla en nombre de toda la comunidad cubanoamericana de Florida? No existe una única voz”. 

Entre las figuras más influyentes destacan el secretario de Estado, Marco Rubio, los congresistas Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar, y la activista Rosa María Payá. Junto a ellos tienen un papel relevante organizaciones como la propia FNCA o el Cuban Study Group, entre otras organizaciones, que representan distintas corrientes políticas y promueven iniciativas relacionadas con la democracia, los derechos humanos, el emprendimiento y las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

La negociación trunca con Bruselas 

La carrera diplomática de Carlos Alzugaray ha estado llena de riesgos: desde perder a trabajadores de su embajada en Argentina a manos de la dictadura, hasta tener que vivir en Canadá bajo custodia policial por amenazas contra su vida. Sin embargo, a su juicio, la etapa más importante fue su estancia en Bruselas. 

Su misión era promover la firma de un acuerdo de cooperación entre Cuba y la Unión Europea. En 1994, Cuba era el único país de América Latina que no tenía un marco jurídico para regular sus relaciones con el bloque comunitario. Un marco que permitiera el acceso al mercado europeo y, al mismo tiempo, evitara que se impusieran condicionamientos políticos, sobre todo en materia de derechos humanos. No era una negociación fácil: desde el punto de vista cubano, aceptar determinadas cláusulas podía interpretarse como una intromisión en los asuntos internos del país.

“Nosotros estábamos dispuestos a afirmar que nuestras relaciones debían basarse en el respeto a los derechos humanos, pero no podíamos aceptar que el cumplimiento del acuerdo estuviera condicionado a la evaluación unilateral de la UE sobre la situación de los derechos humanos en Cuba”. Dentro de Cuba, recuerda Alzugaray, existía mucha resistencia a aceptar siquiera el inicio de esas conversaciones si antes no existían garantías absolutas sobre determinados aspectos políticos.

“Se sabía que el Gobierno español iba a cambiar. Negocié durante esos dos años convencido de que el mejor momento para obtener un mandato favorable era mientras gobernaba Felipe González. Era evidente que las siguientes elecciones españolas probablemente serían ganadas por José María Aznar y el Partido Popular. Y eso significaría un endurecimiento de la posición europea respecto a Cuba”.

Sin embargo, Alzugaray aclara que por razones que desconoce se decidió archivar todo el trabajo que había realizado. No fue hasta doce años después que Cuba volvió a sentarse a la mesa de negociaciones. “En 1996, en efecto, ganó las elecciones José María Aznar. En el primer Consejo Europeo en el que participó impulsó la llamada Posición Común hacia Cuba, que era extraordinariamente intervencionista respecto al ordenamiento político interno cubano. Como respuesta, Cuba decidió que mientras existiera esa Posición Común no negociaría ningún acuerdo de cooperación con la UE”. 

Esa política se mantuvo hasta 2008. Fue entonces cuando se decidió que valía la pena negociar aunque siguiera vigente esta postura, que condicionaba la relación con la isla a avances en materia de democracia. “Si se lograba firmar un acuerdo de cooperación, pasaría a convertirse en el nuevo marco jurídico de las relaciones entre Cuba y la UE, dejando sin efecto práctico la Posición Común. Y así ocurrió”. 

Alzugaray aclara que el Acuerdo de diálogo político y cooperación no fue un regalo de la UE a Cuba, ya que beneficia a ambas partes. Más allá de los derechos humanos en general, el acuerdo le permite al bloque mantener una presencia en numerosos ámbitos dentro de la isla. “Por ejemplo, le permite participar en programas relacionados con los derechos de las mujeres. Existen proyectos europeos que han contribuido a fortalecer políticas de igualdad de género y de prevención de la violencia. También existen proyectos de desarrollo local, cooperación técnica, fortalecimiento institucional y muchas otras iniciativas”. 

Los sectores de la sociedad civil cubana que buscan influir en las instituciones europeas, por ejemplo, presentando informes de derechos humanos, ¿logran influir en la política respecto a Cuba?

“No dudo de la honestidad de quienes hacen esas demandas, pero están equivocados en la estrategia. La forma de resolver los problemas de Cuba es luchando dentro de Cuba para que las cosas cambien. Intentar presionar al Gobierno cubano a través de un actor extranjero nunca ha dado resultados”. Alzugaray señala que ha habido dos momentos importantes en las relaciones entre la UE y Cuba en los que Europa decidió aplicar sanciones. El primero fue con la Posición Común de 1996 tras la llegada de Aznar al poder en España. El segundo ocurrió en 2003, durante la ruptura diplomática entre Cuba y la UE a raíz de la llamada Primavera Negra, una ola represiva del Gobierno cubano en la que fueron detenidos 75 opositores, periodistas y activistas. “Ninguna de esas políticas produjo los resultados que esperaba la UE”.

Alzugaray insiste en que la cooperación europea, independientemente de los filtros políticos, sostiene proyectos de la sociedad civil cubana que van desde el arte hasta la potabilización del agua y el fomento agrícola. Se trata de proyectos que benefician a la gente dentro de Cuba. “Pedir la eliminación del Acuerdo de diálogo político y cooperación va en contra de los intereses de la propia sociedad cubana”. 

Algunas heridas abiertas

El 11 de julio de 2021 estallaron protestas en setenta ciudades cubanas, que el Gobierno reprimió. Como resultado, organizaciones independientes contabilizan al menos 1.500 presos políticos. ¿Desde el punto de vista de los derechos humanos, el Gobierno debería liberarles?

 Sí. Yo empezaría por los presos del 11 de julio. Decretaría una amnistía para todos esos presos. Y, si al mismo tiempo Estados Unidos comenzara a aliviar las sanciones, seguiría avanzando con otras medidas. 

 ¿El Estado cubano mantiene presos a esos ciudadanos porque constituyen una moneda de negociación?

Probablemente algunos lo piensen así. Yo considero que es un error. Pienso que deben ser liberados.

¿Cuba es hoy una dictadura?

Es un régimen autoritario con rasgos de dictadura, pero que conserva también algunos elementos democráticos. Lo definiría como un régimen híbrido, claramente autoritario, porque existen mecanismos de participación política que no son compatibles con una dictadura clásica, pero al mismo tiempo hay importantes limitaciones al pluralismo político y a determinadas libertades. 

¿Qué país le gustaría ver en los próximos años?

Un país con instituciones suficientemente sólidas como para impedir tanto la manipulación interna como la injerencia externa. Me gustaría una Cuba con mucha más democracia. Una democracia que pusiera un énfasis especial en los aspectos deliberativos. Creo profundamente en la deliberación como mecanismo racional para discutir las distintas opciones políticas. Me gustaría que existieran elecciones competitivas. No imagino necesariamente una Cuba multipartidista en el corto plazo. No lo descarto para el futuro, pero creo que todavía no estamos en ese momento.

Lisbeth Moya González

Santa Clara, 1996. Periodista, investigadora y escritora cubana. Máster en Sociología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO Ecuador). Centrada en movimientos sociales, autoritarismos, el mundo del trabajo y las transformaciones políticas en Cuba y América Latina. Colabora con medios y revistas especializadas de Cuba, México, Francia, Estados Unidos o Ecuador, combinando investigación social y periodismo de análisis.

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