Es una norma no escrita que el presidente de Estados Unidos pierda las midterms o elecciones de medio mandato. En ellas, el país reemplaza los 435 escaños de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 36 gobernadores de los estados. En la gran mayoría de ocasiones, el desgaste del Gobierno perjudica al partido en la Casa Blanca, al que se le culpa de problemas como la situación económica del momento.
Pero no es la única explicación. Según la teoría del “auge y declive”, la participación cae en las midterms, principalmente entre los votantes del presidente, mientras que sus detractores se movilizan. Otros expertos apuntan a un “efecto equilibrio”, por el que muchos votantes prefieren repartir el poder entre el Congreso y el Gobierno. Sea cual sea la causa, la tendencia es clara. El propio Donald Trump, en una entrevista con Reuters, admitió que “cuando ganas las elecciones presidenciales, no ganas las de medio mandato”.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha celebrado veinte elecciones de medio mandato. En dieciocho de ellas, el partido del presidente perdió escaños en la Cámara de Representantes. La tendencia viene de largo: en las 49 midterms celebradas en los últimos doscientos años, el partido del presidente ha perdido escaños en 43. Este noviembre Trump no estará en la papeleta, pero la historia y las encuestas dicen que su partido tiene las de perder. Aun así, no todas las derrotas son iguales. En ocasiones, las midterms dictan sentencia y han cambiado la historia de Estados Unidos e impactado en el mundo.
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