El pasado julio, la cuenta en X del DSA (Democratic Socialists of America) se hizo viral posteando una captura del programa The Will Cain Show en la conservadora Fox News. Frente a una pantalla, el presentador desglosaba las principales propuestas de los candidatos afiliados o cercanos a la organización: sanidad, educación universitaria y vivienda (asequible) para todos; jornada laboral de 32 horas, impuestos a los más ricos, la vuelta al Green New Deal puesto en marcha durante la Administración Biden, y libertad para Palestina. El community manager del DSA decía en tono irónico: “No es exhaustiva, pero es una buena lista para comenzar”. En una de las primeras respuestas se podía leer: “Esa lista me parece bien. Gracias, Fox News, por ayudar en los esfuerzos de reclutamiento del DSA”.
Desde la llegada de Zohran Mamdani a la alcaldía de Nueva York, un fantasma recorre Estados Unidos. Un espectro viejo y conocido que en Estados Unidos sirve para alertar de un peligro inminente: llega el socialismo, que en la jerga política estadounidense no ofrece distinción con el comunismo, retrotrae directamente a los años más duros del estalinismo y, hoy en 2026, a la paranoia de la Guerra Fría pasada por el filtro de las llamadas guerras culturales y el marxismo cultural.
Es llamativo que ante la ausencia de un movimiento de masas de extrema izquierda visible a escala internacional, como señalaba Richard Seymour, nos encontremos ante “los reaccionarios alucinando con una amenaza comunista”. “El socialismo está ganando en todas partes”, repite casi a diario desde su programa Laura Ingraham, otra de las voces más feroces del trumpismo. A medios y portavoces de la derecha estadounidense se les une también una parte no menos importante del ala más liberal (en el sentido económico) y moderada del Partido Demócrata.
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