Carl Sagan fue un astrónomo, astrofísico, investigador, autor y divulgador estadounidense. Nació en Nueva York en 1934 y desde pequeño se interesó por el espacio y la naturaleza. Esta afición le llevó a la Universidad de Chicago, donde se graduó en Ciencias Naturales y Física en 1955 y 1956, y se doctoró en Astronomía y Astrofísica en 1960. En los años siguientes pasó a ser investigador en distintas entidades, como la Universidad de California, la de Harvard o la NASA. Desde 1971 hasta su muerte fue profesor de astronomía y ciencias del espacio en la Universidad de Cornell, en Ithaca, Nueva York.
Sagan fue uno de los científicos más influyentes de Estados Unidos, tanto por sus aportes en distintos campos relacionados con el espacio, como por su labor divulgadora, con la que acercó la ciencia al público general. Siempre defensor del pensamiento crítico y del método científico, su figura no estuvo libre de controversia. Por ejemplo, sus opiniones sobre la religión, de la que decía que no se podía equiparar a la ciencia, o sus críticas a las pseudociencias, para las que desarrolló las “nueve reglas del pensamiento escéptico”, a modo de “detector de chorradas”, le convirtieron en una figura incómoda. También estuvo en contra del desarrollo de armas nucleares durante la Guerra Fría, argumentando que una guerra de ese tipo dejaría a la Tierra inhabitable con un “invierno nuclear”.
Labor científica: de Venus a la búsqueda de vida extraterrestre
A lo largo de su carrera, Sagan se involucró en distintos proyectos relacionados con el espacio. Sus primeras investigaciones se centraron en la atmósfera de Venus, que arrojaron resultados muy útiles sobre el efecto invernadero a escala planetaria. Después, también estudió las superficies de Marte o Titán, una luna de Saturno. Fue parte del programa espacial estadounidense casi desde su inicio, en la década de 1950, como asesor de la NASA. Allí participó en el programa Apolo, encargado de llevar al hombre a la Luna, y en misiones de exploración del sistema solar. Su trabajo le valió las Medallas de Servicio Público Distinguido y Logro Científico Excepcional de la agencia.
No obstante, la principal obsesión de Sagan fue la posibilidad de que exista vida extraterrestre, ya sea inteligente o no, lo que le llevó a estudiar el campo de la exobiología. Además, fue uno de los artífices de los “mensajes en botella” enviados al espacio durante los años setenta: primero con las placas con información simbólica sobre la Tierra y la especie humana de las sondas Pioneer 10 y 11, y después con las grabaciones del disco de oro de las sondas Voyager. También fue uno de los promotores del programa SETI (acrónimo en inglés de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), que registraba y enviaba señales de radio al universo en busca de respuestas alienígenas.
Labor divulgadora: Cosmos y el estrellato televisivo
Carl Sagan, sin embargo, fue conocido principalmente por su labor divulgadora. Ya en la década de 1970 escribió varios libros sobre ciencia, como Los dragones del Edén: especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana, ganador de un Pulitzer en 1978, pero fue con el programa de televisión Cosmos: un viaje personal cuando adquirió fama internacional. Se estrenó en 1980 y constaba de trece episodios en los que Sagan explicaba distintos aspectos de la ciencia y del universo. Su carisma y los efectos especiales novedosos hicieron del programa un éxito que incluso inspiró a muchos espectadores a ser científicos.
Tras Cosmos, Sagan se convirtió en una celebridad y continuó su labor divulgadora escribiendo otros libros y apareciendo en programas de televisión estadounidenses. Además, en 1985 publicó Contacto, una novela de ciencia ficción que en 1997, un año después de su muerte, se llevó a la gran pantalla. No obstante, la fama, poco habitual para un científico, también provocó que sus compañeros no le tomaran en serio como investigador, provocando que no le aceptasen en instituciones como la Academia Nacional de Ciencias estadounidense. Este fenómeno pasaría a llamarse “efecto Sagan”.
Con todo, su trabajo y su capacidad para promover el pensamiento crítico y explicar la ciencia le valieron muchos más reconocimientos. Tras su muerte el 20 de diciembre de 1996 por complicaciones de una mielodisplasia, un tipo de cáncer en la sangre, se inauguró en su honor el Paseo Planetario Sagan de Ithaca, una recreación del sistema solar a escala de a pie. En 1997 la NASA renombró el lugar de aterrizaje en Marte de la sonda Mars Pathfinder como la Estación Memorial Carl Sagan, y en el 67º aniversario de su nacimiento, en 2001, se creó el Centro Carl Sagan para el Estudio de la Vida en el Cosmos.