El aislacionismo: la cara oculta de Estados Unidos
Estados Unidos parece contradecirse a sí mismo constantemente: bombardea Irán, presiona a Cuba y entra en Venezuela para llevarse a un presidente, y aun así se le describe cada vez más como un país que se repliega del mundo. Esta aparente paradoja es el punto de partida del nuevo episodio de No es el fin del mundo, donde analizamos en profundidad el aislacionismo estadounidense, una corriente que muchos asocian solo a Trump o al eslogan America First, pero que en realidad lleva 250 años tejida en la esencia del país.
Coincidiendo con el aniversario de la Declaración de Independencia, el episodio recorre la historia de Estados Unidos con la lente del aislacionismo para demostrar que no se trata de una moda pasajera ni de un capricho de un presidente concreto, sino de una tensión estructural que atraviesa cualquier época, desde la alianza con Francia en 1778 hasta la retirada de Afganistán en 2021. Entender esta corriente, explican en el podcast, es clave para imaginar qué tipo de orden internacional puede sustituir al que empezó a construirse en 1945.
Los pilares del aislacionismo estadounidense
Lejos de ser una doctrina cerrada, el aislacionismo estadounidense funciona más como una balanza que nunca deja de moverse entre dos extremos: la autarquía total y el papel de policía mundial. Esta corriente se sostiene sobre dos ideas principales. La primera es la no injerencia, es decir, que Estados Unidos no se meta en los asuntos de otros países y que nadie se meta en los suyos, un principio que ya defendía la Doctrina Monroe de 1823. La segunda es el rechazo a las alianzas formales y los compromisos vinculantes, en favor de una posición comercial neutral que le permita negociar con cualquiera sin ataduras políticas.
A estos dos pilares se suman elementos menos conocidos pero igual de determinantes, como la geografía (la enorme distancia que separa a Estados Unidos de las potencias euroasiáticas) o el llamado destino manifiesto, la idea de que el país fue elegido para una misión especial que justifica tanto su repliegue como sus expansiones puntuales. En el episodio se detalla también el papel del anglosajonismo, una visión excluyente del nacionalismo estadounidense que ha convivido con el mito de la tierra de las oportunidades desde el siglo XIX hasta hoy. Todo esto explica por qué momentos aparentemente intervencionistas, como la anexión de Hawái o la guerra con México, también pueden leerse en clave aislacionista.
El mapa de las Trece Colonias, el germen de la fundación de Estados Unidos
De la Doctrina Monroe a Trump: la historia del aislacionismo estadounidense
El recorrido histórico que propone el podcast muestra que el aislacionismo estadounidense nunca ha desaparecido del todo, ni siquiera en sus momentos de mayor implicación global. La neutralidad inicial ante la Primera Guerra Mundial, el rechazo del Senado a unirse a la Sociedad de Naciones o las leyes de neutralidad de finales de los años treinta son solo algunos de los episodios donde esta tendencia se impuso, antes de que ataques directos, como el hundimiento del Lusitania o Pearl Harbor, empujaran al país hacia la intervención.
Incluso durante el orden liberal surgido en 1945, que a primera vista parece la antítesis del repliegue, sobrevivieron trazas de esta lógica, adaptadas a la Guerra Fría y después al mundo unipolar de los noventa. El episodio conecta esa herencia con el presente: la crítica de Trump a la OTAN, la salida de organizaciones multilaterales o la prioridad por no quedar «empantanado» en conflictos lejanos siguen el mismo manual que utilizaron Jefferson, los presidentes de entreguerras o incluso Obama, quien ya inició este giro tras la crisis de 2008.
Ver más sobre: