El mapa de las Trece Colonias, el germen de la fundación de Estados Unidos

La organización de estos territorios se consolidó tras la guerra de los Siete Años (1756-1763). La presión recaudatoria de la Corona británica promovió una rebelión que desembocó en la Revolución americana y la Declaración de Independencia de 1776
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El 4 de julio de 2026 se cumplen 250 años de la fundación de Estados Unidos. Ese mismo día, en 1776, las Trece Colonias británicas que se asentaban sobre el mapa de norteamérica declararon su independencia del Imperio británico. Lo hicieron en plena guerra de Independencia contra la potencia europea, un conflicto que se extendió durante cerca de ocho años (1775-1783) y en el que estos territorios fueron liderados por George Washington, a la postre primer presidente del país. Cuatro años después, el 17 de septiembre de 1787, se adoptaría la Constitución de los Estados Unidos, que unió a los estados bajo una sola república federal y un Gobierno central. 

El mapa de las Trece Colonias

Pese a esto, el mapa de las Trece Colonias aún estaba lejos de dibujar una nación unida allá por la década de 1760. El territorio era un mosaico de posesiones y otros asentamientos, muchos sin límites geográficos claros y que crecían bajo la vigilancia de la Corona británica. El año clave fue 1763, cuando el fin de la guerra de los Siete Años y la posterior Proclamación Real redibujaron las fronteras de Norteamérica. La fotografía fija de ese instante revela la verdadera antesala de la Revolución: una franja de Trece Colonias maduras que ya alcanzaban los 2.5 millones de habitantes, pero que se encontraban políticamente «encajonadas» entre el océano Atlántico y la línea de la proclamación. Esta línea  prohibía a los colonos asentarse más allá de los montes Apalaches, reservando la franja entre el Mississippi y la línea para los pueblos nativos.

A la conquista del territorio

Desde finales del siglo XV, España, Portugal, Francia, Inglaterra y Países Bajos se lanzaron a la colonización del continente americano. Es en este contexto en el que colonos europeos, motivados en muchos casos por la persecución religiosa que afectaba a minorías protestantes, cruzaron el Atlántico y comenzaron a asentarse a lo largo de la costa este de lo que hoy es Estados Unidos. Entre 1607, con la fundación del primer asentamiento británico, Jamestown, y 1732 surgieron las Trece Colonias británicas que se extendían desde el actual Maine —entonces parte de Massachusetts— hasta Georgia, la última colonia establecida, en el extremo sur. 

Durante el primer tercio del siglo XVI, la Iglesia anglicana se estableció como iglesia oficial de Inglaterra, donde convivía con otros grupos protestantes reformistas, como los puritanos y los peregrinos, que reclamaban una reforma más profunda y sufrían restricciones por parte de la Corona. Estas disputas religiosas, estrechamente vinculadas a los conflictos políticos que desembocaron en la primera guerra civil inglesa, impulsaron a miles de personas a cruzar el Atlántico en busca de un lugar donde practicar su fe con mayor libertad. 

Sin embargo, la persecución religiosa no fue, ni mucho menos, la única motivación que impulsó el fuerte movimiento de población hacia los territorios de Norteamérica. La creación de las colonias respondió, en primer lugar, a los intereses estratégicos de la Corona británica. En plena rivalidad con España, Francia y los Países Bajos, fundar asentamientos permanentes permitía consolidar el control sobre el territorio, asegurar rutas comerciales y ampliar la influencia política y militar en el continente americano. 

¿Cómo era Norteamérica antes de Estados Unidos?

A ello se sumaban importantes incentivos económicos: las colonias proporcionaban materias primas muy demandadas en Europa  —desde el tabaco de Virginia al algodón o las especias de las colonias del sur—, abrían nuevos mercados para los productos británicos y reducían la dependencia de importaciones procedentes de otras regiones. A nivel individual, las oportunidades económicas se tradujeron en la propiedad de tierras y la libre explotación de las mismas. De esta forma, para muchos colonos la migración se convirtió en una oportunidad para acceder a tierras y poder trabajarlas por cuenta propia, algo cada vez más difícil en un Viejo Continente con una población creciente y una propiedad de la tierra muy concentrada. 

Trece colonias, trece realidades

La migración religiosa se distribuyó de forma desigual entre las colonias. Los puritanos y los peregrinos se asentaron principalmente en Nueva Inglaterra, mientras que otras colonias acogieron diferentes confesiones, como los cuáqueros en Pensilvania o los católicos en Maryland. Aunque las colonias no siempre practicaron la tolerancia religiosa —muchas mantuvieron restricciones contra determinadas confesiones—, la diversidad de credos y la experiencia de las persecuciones en Europa contribuyeron a convertir la libertad religiosa en uno de los principios que terminarían definiendo la identidad política de Estados Unidos y que más tarde quedaría recogido en la Primera Enmienda de su Constitución

El caso de los peregrinos resulta particularmente emblemático en esta búsqueda de libertad religiosa. Llegaron a las costas de Cape Cod, en el actual Massachusetts, en noviembre de 1620, a bordo del Mayflower. Antes de desembarcar, sus líderes firmaron un acuerdo con el que se comprometían a regirse por leyes justas y equitativas orientadas al bien común. Este documento sentó las bases de las ideas futuras de la nación: la de un gobierno basado en el consentimiento de los gobernados.

Las diferencias geográficas y culturales de las colonias crearon tres bloques muy marcados, con distintos modelos económicos y sociales. Las colonias de Nueva Inglaterra (Massachusetts, New Hampshire, Connecticut y Rhode Island), de clima más frío y suelos menos aptos para la agricultura, se centraron en actividades como la pesca, la construcción naval, el comercio marítimo y la explotación forestal, favorecidas por la presencia de numerosos puertos y ríos navegables. Además, la fuerte influencia puritana contribuyó al desarrollo de comunidades más cohesionadas, con una mayor importancia de la educación y la vida religiosa.

El mapa de las rutas coloniales

Las colonias centrales —Nueva York, Pensilvania y Nueva Jersey— presentaban una mayor diversidad económica y cultural. Sus tierras fértiles y su clima más moderado favorecieron una agricultura más productiva, especialmente el cultivo de cereales como trigo y maíz, lo que les valió la consideración de «granero» de las colonias británicas. Al mismo tiempo, sus ciudades portuarias, como Filadelfia y Nueva York, se convirtieron en importantes centros comerciales. 

En el sur, las colonias de Virginia, Maryland, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia desarrollaron una economía basada principalmente en la agricultura de plantación. El clima cálido y la disponibilidad de grandes extensiones de tierra favorecieron cultivos comerciales destinados a la exportación, como el tabaco, el arroz y posteriormente el tinte natural índigo. Para sustentar esta economía, pronto se necesitó numerosa mano de obra, lo que impulsó la expansión de la esclavitud africana y el comercio triangular. La fractura norte-sur, con la esclavitud en el centro, marcaría la evolución política de Estados Unidos durante el siglo XIX, hasta convertirse en una de las principales causas de la guerra de Secesión

La construcción de Estados Unidos como país

A mediados del siglo XVIII, el Reino Unido, endeudado tras la costosa guerra de los Siete Años, decidió aumentar los ingresos provenientes de sus colonias americanas mediante una serie de nuevos impuestos. La ley del sello, aprobada en 1765, obligaba a los colonos a pagar un impuesto sobre prácticamente todo documento impreso —periódicos, contratos, naipes e incluso panfletos—, mientras que la ley del té, de 1773, gravaba la importación de este producto tan extendido en la vida cotidiana colonial. 

Sin embargo, lo que más indignó a los colonos no fue tanto el monto de estos impuestos como el principio que representaban: se les exigía contribuir económicamente a la Corona sin contar con representación alguna en el Parlamento de Gran Bretaña. De ahí surgió el célebre lema no taxation without representation (ningún impuesto sin representación, en su traducción), que resumía el sentimiento de injusticia que comenzaba a extenderse por las Trece Colonias.

La expansión de los Estados Unidos

Este descontento se manifestó de forma especialmente simbólica en diciembre de 1773, cuando un grupo de colonos, con indumentarias propias de los nativos americanos, abordó varios barcos británicos en el puerto de Boston y arrojó al mar cargamentos enteros de té en protesta contra la nueva ley. Este episodio, conocido como el motín del té, se convirtió en uno de los actos de desafío más célebres contra la autoridad británica. 

Lejos de calmar la situación, el Gobierno de la metrópoli respondió con una serie de medidas aún más estrictas. Esta represión, en lugar de sofocar el movimiento, no hizo sino reforzar la solidaridad entre las colonias y radicalizar a una parte cada vez mayor de la población colonial.

El resentimiento acumulado durante años de impuestos, restricciones y represión terminó por hacer inevitable la ruptura. Las Trece Colonias, hasta entonces unidas sólo de manera informal, comenzaron a coordinarse políticamente y a organizar una resistencia común frente a la Corona. Este proceso culminó, primero, con el comienzo de la guerra Independencia en 1775; después, con la Declaración de Independencia del 4 de julio de 1776, que transformaría los trece territorios en una nueva nación: los Estados Unidos de América.

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