1815. Europa acaba de derrotar a la Francia de Napoleón Bonaparte y las potencias del continente, con los imperios austríaco y británico a la cabeza, se reúnen en Viena para recomponer las fronteras de la región y restaurar las ideas políticas del Antiguo Régimen. La Revolución francesa ha encendido las alarmas de las monarquías europeas y sus representantes buscan cerrar filas para contener los postulados de la Ilustración, pero en la mesa de negociación cada país persigue sus propios intereses, en algunos casos situados a miles de kilómetros de la capital de Austria.
Y es que, además de establecer el equilibrio de poderes que se mantuvo hasta la Primera Guerra Mundial, el Congreso de Viena convirtió al Imperio británico en el nuevo dominador del mundo y dio inicio a la Pax Britannica, un periodo de 99 años en el que los ingleses disfrutaron de una gran prosperidad económica y el control de la gran mayoría de rutas marítimas y coloniales.
Fue su enviado, el vizconde de Castlereagh, el que rechazó de hecho las aspiraciones españolas, que incluían la recuperación de Luisiana y el apoyo a su campaña bélica para apaciguar la revueltas independentistas en sus colonias americanas. Los comerciantes británicos, al fin y al cabo, eran los primeros beneficiados de la ruptura de la hegemonía española en la región. Caso contrario al de Portugal, que limitó sus exigencias al reconocimiento de su soberanía sobre Brasil y sí obtuvo el visto bueno de Gran Bretaña, dominador en la práctica del comercio exterior portugués.
Esas dinámicas comerciales y de explotación entre Europa y sus colonias quedan patentes en la base de datos climatológicos de los océanos del mundo (CLIWOC, por sus siglas en inglés), un proyecto de investigación financiado por la Unión Europea que entre 2001 y 2003 convirtió cerca de 300.000 cuadernos de bitácora de barcos británicos, españoles, franceses y neerlandeses en una base de datos informatizada. Los registros están fechados entre los años 1750 y 1850 y ...