La Estación Espacial Internacional (EEI), uno de los mayores proyectos de orfebrería aeroespacial de la Historia, cumplía el pasado mes de noviembre de 2018 dos décadas de existencia. La efeméride constituye todo un hito, aunque, sorprendentemente, ha pasado bastante inadvertida entre el gran público. De hecho, podría dar incluso la sensación de que la celebración de su vigésimo aniversario ha tenido más aires de elegía que de elogio. Aunque ya se ha confirmado que la EEI seguirá operativa hasta al menos 2024, las dudas sobre su futuro no terminan de disiparse. ¿Llegará a 2030?
De la competición a la cooperación
La EEI constituye hoy por hoy la joya de la corona de la cooperación internacional en el espacio exterior y un símbolo de la distensión ruso-estadounidense durante la pos Guerra Fría; sin embargo, esto no siempre ha sido así. La EEI fue ideada durante la Guerra Fría en el marco del programa Libertad, impulsado por la Administración Reagan en 1984 para sustituir a la antigua —y en cierto sentido decepcionante— lanzadera Skylab. Originariamente, el proyecto no fue concebido con el espíritu cooperativo que finalmente acabaría asumiendo, sino para ser desarrollado por la NASA como respuesta al programa Mir soviético. No obstante, sus elevados costes operativos llevarían a EE. UU. a tratar de ampliar la participación a otros países aliados. Así, a finales de los años 80 el proyecto se fue internacionalizando con la progresiva incorporación de las agencias espaciales de aliados como Japón —JAXA—, Canadá —CSA— o Europa —ESA—.
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