Arabia Saudí tampoco se ha librado de la guerra en Oriente Próximo. El conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán se ha extendido a la ofensiva israelí en Líbano y a los ataques iraníes al Golfo, y ha vuelto a intensificarse en la República Islámica y el estrecho de Ormuz. Como parte de esa escalada, los hutíes de Yemen lanzaron misiles el pasado 13 de junio contra Arabia Saudí tras acusar a Riad de haber bombardeado el Aeropuerto Internacional de Saná, reactivando las tensiones de los últimos años. Ahora el grupo rebelde ha sumado el anuncio de un bloqueo marítimo contra los saudíes que extendería la guerra al estrecho de Bab al Mandeb, afectando aún más al suministro de petróleo y el comercio internacional.
El reino saudí ya había sido blanco de ataques con drones iraníes en su territorio. Sin embargo, las consecuencias de estos ataques han sido mucho menos graves que en países vecinos, tanto a nivel de infraestructuras como de proyecciones económicas. De la mano con ese menor impacto, la guerra ha puesto de manifiesto una ventaja geográfica que Riad había subestimado durante años y, con ella, una oportunidad histórica: ocupar el liderazgo que sus rivales regionales están dejando vacante.
La burbuja del Golfo
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