Chocolate Dubái, matcha latte, resorts de lujo, coches Maserati o restaurantes de estrella Michelín. Durante los últimos años, los influencers extranjeros han vendido una imagen idílica de los países del golfo Pérsico. Fomentar el turismo internacional ha sido la estrategia de varios de estos Estados para dejar atrás su dependencia del gas y del petróleo y vender una normalidad ajena a los conflictos cercanos en Yemen, Irak, Palestina, Siria o Sudán.
En los últimas semanas, sin embargo, los ataques de Irán contra la infraestructura civil del Golfo en represalia por la agresión de Estados Unidos e Israel han derrumbado los débiles cimientos que sostenían este plan. Turistas, expats e inversores han puesto pies en polvorosa. En cambio, los millones de trabajadores inmigrantes precarizados que mantienen a flote la economía de la región están acorralados, sin medios para volver a casa.
No es fácil imaginar la vuelta de personas y capital en el corto plazo. Más que un incidente aislado, la guerra provocada por Benjamín Netanyahu este 2026 marca un nuevo capítulo por la competencia hegemónica en la región. Un conflicto que deja claro al mundo que Estados Unidos está dispuesto a encumbrar a Israel a expensas de todos los demás, incluida Europa o los propios países del Golfo.
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