Dos meses después del inicio de la campaña militar de Donald Trump y Benjamín Netanyahu en Irán, muchas de las predicciones sobre el conflicto no se han materializado. Entre ellas, la caída del régimen de los ayatolás y la insurrección popular, la revuelta kurda o la invasión estadounidense de la estratégica isla de Jarg para acabar con el bloqueo del estrecho de Ormuz. La otra predicción no cumplida tiene que ver con la participación de los países árabes en la ofensiva israelí-estadounidense contra Teherán: a pesar de los continuos ataques persas contra infraestructura militar y civil, los regímenes del Golfo no han respondido militarmente, en un aparente rechazo a los planes bélicos de Trump y Netanyahu.
Ahora, y mientras se mantiene un alto al fuego todavía lleno de interrogantes, las divergencias están volviendo a aflorar en el Golfo. Emiratos Árabes Unidos, el principal promotor de la normalización de las relaciones con Israel, ha sido el país más bombardeado por Irán, con más de 2.000 drones lanzados contra su territorio frente a los novecientos contra saudíes y los cien que han golpeado Qatar. Los diplomáticos emiratíes han criticado abiertamente la laxitud de sus vecinos contra Teherán, y según el Wall Street Journal el país estaría presionando a Estados Unidos para que reabra por la fuerza el estrecho de Ormuz.
Las conclusiones que Abu Dabi ha sacado del conflicto son contrarias al enfoque continuista representado por el resto de países del Golfo, especialmente por Arabia Saudí. Como crítica al rol mediador de Pakistán entre Washington y Teherán, Emiratos ha decidido revocar sus préstamos a Islamabad. Inmediatamente después, los saudíes han intervenido para rescatar financieramente al país. Por otro lado, Emiratos ha redoblado su apuesta por los Acuerdos de Abraham como el principal paraguas militar y político para la región, añadiendo personal y material militar israelí, incluida la famosa Cúpula de Hierro, a su sistema de defensa. Su última decisión, y probablemente la de mayor calado, ha sido la de abandonar la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el cartel petrolero encabezado por Arabía Saudí y Rusia que ha dominado el mercado de crudo en las últimas seis décadas.
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