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Rusia y en particular el Grupo Wagner pisa cada vez más fuerte en África. Sudán, Libia, República Centroafricana o Mali son algunos países donde la compañía de mercenarios tiene presencia política y militar. Los motivos van desde debilitar a la Unión Europea hasta conseguir recursos naturales y acceso al mar Rojo o el Mediterráneo. En el caso de Sudán, Wagner llegó por invitación del dictador Omar al Bashir, pero tras su caída en 2019 la compañía empezó a sacar el oro del país ilegalmente, sin pagar impuestos y perjudicando el medioambiente y la salud de los mineros.
Los militares sudaneses hacían la vista gorda ante los aviones cargados que salían rumbo a Rusia o Siria, pero el pasado mes de abril decidieron intervenir. A pocos días de iniciarse los combates entre el Ejército y los paramilitares de Darfur, Wagner estaba aumentando el envío de armas para los segundos. El líder de la compañía, Yevgueni Prigozhin, es cada vez más activo en África, mientras que en Rusia desafía a la cúpula militar. El negocio del oro puede impulsarle dentro del Kremlin, aunque sea a costa de condenar a Sudán a una nueva guerra civil.
Una protección que vale oro
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