Cómo Rusia le está quitando el Sahel a Occidente

Rusia gana influencia en el Sahel aprovechando el declive de Occidente, provocado por la herencia colonial y el fracaso de las intervenciones antiyihadistas. Moscú ofrece a los líderes autoritarios de la región el apoyo militar del Grupo Wagner. Pero la creciente presencia rusa contribuirá a desestabilizar todavía más la zona.
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Cómo Rusia le está quitando el Sahel a Occidente
Vladímir Putin estrecha la mano del presidente de la República Centroafricana, Faustin-Archange Touadera, durante la cubre Rusia-África de 2023. Fuente: Kremlin

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El pasado 30 de julio, miles de manifestantes salieron a las calles de Niamey con banderas de Rusia para apoyar el golpe de Estado contra el presidente de Níger, Mohamed Bazoum. Mientras unos ondeaban la enseña rusa, otros nigerinos se concentraban en la embajada de Francia para quemar la insignia francesa. Las imágenes recordaban a lo que había sucedido meses atrás en Burkina Faso y en Malí, donde dos golpes militares similares derrocaron a sus gobiernos democráticos.
Las protestas en Níger ilustran la realidad actual que vive el Sahel. Desde 2019, se han producido una docena de intentonas golpistas en ocho países diferentes de la zona. Esta ola de motines está provocada por factores regionales como la inseguridad, la pobreza, la corrupción o las disputas entre facciones. Sin embargo, la incapacidad de los países occidentales —especialmente de Francia— para contener estos problemas ha avivado en estas antiguas colonias francesas el sentimiento de rechazo hacia Occidente. En su lugar ha emergido Rusia, que no deja de ganar influencia en la región gracias a la alianza de su compañía de mercenarios, el Grupo Wagner, con los líderes golpistas.
Occidente ha hundido su reputación en el Sahel
Los países occidentales llevan años perdiendo influencia en el Sahel. Uno de los factores de este declive es el pasado colonial: la descolonización no eliminó las viejas estructuras de poder, que todavía condicionan la relación de Europa con los países africanos. Francia es un ejemplo claro: aunque sus colonias en el Sahel alcanzaron la independencia nominal, París retuvo un acceso privilegiado a los recursos naturales y aún controla la política monetaria de estos países y mantiene presencia militar en la región. Esta relación neocolonial, conocida como Francáfrica, repercutió negativamente en el desarrollo de los Estados africanos.
La permanente presencia de Francia en la región ha hecho que estos países atribuyan sus males a París. Al mismo tiempo, el Estado galo ha sido incapaz de...

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David Gómez

Guadalajara, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo por la URJC. Ciencias Políticas en la Università degli Studi di Firenze. Apasionado de la geopolítica, el deporte y el cine.