La Liga Árabe es una organización intergubernamental formada por veintidós países árabes de Oriente Próximo y el Magreb con sede en El Cairo. Fundada en 1945 por Egipto, Iraq, Transjordania (ahora Jordania), Líbano, Arabia Saudí y Siria, tiene como objetivo fortalecer y coordinar la colaboración entre sus Estados miembros, preservar su independencia y soberanía y abordar de una manera conjunta los asuntos e intereses del mundo árabe. Ejerce, por tanto, de dinamizador de las economías que lo integran y de mediador en disputas claves para sus miembros.
Los seis países fundadores acordaron que el Consejo de la Liga Árabe, el órgano supremo de la organización, se reuniera dos veces al año. A cada Estado le corresponde un voto en el Consejo, aunque las decisiones adoptadas son solo vinculantes para aquellas naciones que las hayan votado. En este sentido, el primer gran acuerdo de la Liga Árabe fue la intervención militar conjunta en Palestina en 1948 tras la declaración unilateral de independencia del Estado de Israel.
A esa decisión le siguió dos años más tarde la creación de un tratado de defensa mutua y la de un mercado único en 1965. A pesar de ello, lo cierto es que la Liga Árabe no ha conseguido establecer un gran nivel de cooperación entre sus miembros. Algunos líderes, como el expresidente egipcio Gamal Abden-Náser o el rey Abdalá II de Jordania, han promovido el nacionalismo árabe para legitimar sus gobiernos a la vez que limitaban el campo de actuación de la organización para evitar que interfiriera con sus mandatos o asegurar sus propios intereses.
El mediador de Oriente Próximo
La Liga Árabe se fundó como una de las primeras organizaciones regionales en el contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial. En el mundo árabe empezaban a surgir movimientos descolonizadores que buscaban una mayor autonomía y rechazaban la influencia extranjera. Los países fundadores vieron en este sentimiento común una oportunidad para fortalecerse de cara a sus retos políticos y socioeconómicos y promover la solidaridad y la cultura árabes frente a la influencia occidental en la región.
Desde entonces, la Liga Árabe ha tratado de ser un actor clave en la geopolítica internacional, especialmente en Oriente Próximo. Tras oponerse a la creación del Estado de Israel y apoyar militar y políticamente a los palestinos, condenó la intervención de Israel, Francia y el Reino Unido en Egipto durante la crisis del canal de Suez en 1956. Esa proyección facilitó la expansión de la organización de los seis miembros fundadores a los veintidós actuales, sobre todo en el norte de África. Asimismo, la entrada en 1971 de los recién independizados Bahréin, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos amplió la cooperación regional a futuras potencias del bloque.
A lo largo de las décadas siguientes, la Liga Árabe ha intentado posicionarse como un mediador en conflictos regionales, como la guerra civil en Líbano (1975-1990) o la invasión iraquí de Kuwait en 1990. Sin embargo, sus esfuerzos no siempre han culminado en éxitos tangibles y con frecuencia han provocado disputas internas. La unidad del bloque fue puesta a prueba por ejemplo con el estallido de las revueltas árabes en 2010. Aunque la Liga tomó una postura decidida contra los regímenes de Libia y Siria, a los que suspendió y contra los que apoyó la imposición de sanciones internacionales, las medidas no ayudaron a resolver las crisis internas de los países miembro.
Desde entonces, la Liga Árabe ha tenido que lidiar con otros problemas como los conflictos en Siria y Yemen, la disputa diplomática entre Catar y varios países árabes con Arabia Saudí a la cabeza en 2017 o la guerra de Gaza, en la que la organización ha apoyado la denuncia de Sudáfrica contra Israel por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia.
Este artículo fue redactado con ayuda de Jasper, un asistente de redacción de inteligencia artificial. Después fue revisado y corregido por un editor de EOM.
El detallito de la «Yemenidad» (Cada vez menor) de Socotra ☺️