Oriente Próximo es una región extremadamente compleja y diversa, que cae con frecuencia en numerosas simplificaciones y estereotipos. Y aunque el islam y sus divisiones, la población árabe, los desiertos y la presencia de hidrocarburos son fundamentales para entender el mapa de la geopolítica de Oriente Próximo, la región es mucho más compleja que la suma de esos elementos que, además, no se dan por toda la región.
Desde la invasión estadounidense de Irak en 2003 y la Primavera Árabe de 2011 hasta la guerra en Siria y Yemen, la región ha experimentado grandes cambios y conflictos. Aunque antes de la violenta intervención estadounidense la región tampoco era pacífica. La creación del Estado de Israel había supuesto un conflicto geopolítico de primer nivel durante décadas. La aparición, impuesta, de un Estado alineado con Occidente en medio del mundo árabe y musulmán chocó con los planteamientos panarabistas de potencias regionales como Egipto o Siria, que además comenzaron de acoger a millones de desplazados palestinos.
Esta situación llevó a varias guerras árabe-israelíes, que terminaron con Jordania y Egipto tolerando la existencia de Israel a cambio de beneficios económicos, y Líbano, Siria (con los Altos del Golán ocupados por Israel) e Irán manteniendo hostilidades generacionales.
No obstante, también había conflictos en el resto de la región. Minorías étnicas y diferencias ideológicas habían llevado a conflictos como la guerra Irán-Irak (1980-1988), al secesionismo kurdo o al invasión de Kuwait y la I guerra del Golfo (1990). No obstante, hasta 2003 existía un cierto equilibrio de poder en la región, con muchas potencias medias —Egipto, Turquía, Israel, Irak, Irán, Arabia Saudí o Siria—. La invasión estadounidense de Irak en 2003 dinamitó ese equilibrio y generó un nuevo escenario.
Una de las claves para entender el mapa de la geopolítica de Oriente Próximo está en las relaciones entre las potencias regionales que sobrevivieron a ese evento y a las posteriores ...