Geopolítica Asia-Pacífico

Geopolítica en el Mar de China

Geopolítica en el Mar de China
Barcos de las marinas india, japonesa y estadounidense navegan en formación como parte de las maniobras anuales de Malabar (2017). Fuente: Comando Indo-Pacífico de EE. UU.

En una región sustancialmente amplia se encuentran algunas de las tensiones entre los Estados más grandes del planeta. La convergencia de potencias, intereses económicos y rencillas sin resolver hacen de la zona del mar de China todo un polvorín.

El mar de China es una extensión marina situada en el este y sureste asiático con una superficie de unos 4,25 millones de km2. Aunque geográficamente es un solo mar continuo, se suele dividir en dos mares, el mar de China Oriental y el mar de China Meridional, unas cuatro veces más grande que el primero. El mar de China Oriental abarca la costa este de China, el sur de Corea del Sur, el suroeste de Japón —con las correspondientes islas Ryukyu— y el norte de la isla de Formosa, actualmente conocida como Taiwán. No debe confundirse con el mar Amarillo, que se encuentra al norte y que ya incluiría aguas territoriales de Corea del Norte. El mar de China Meridional es de una extensión considerable; llega desde la costa sur de China hasta Singapur y abarca las aguas de otros ocho países: Taiwán, Filipinas, Vietnam, Camboya, Malasia, Brunéi, Tailandia e Indonesia. Este mar es el que presenta más problemas desde el punto de vista transnacional, mientras que su homónimo del norte posee unos riesgos más centrados entre Estados.

Las características más destacables de esta zona, sobre las que pivotan todos sus conflictos, son la presencia como potencia de China, que posee costa en ambos mares y es un país bastante activo en los problemas de la región —tanto en causarlos como en intentar resolverlos—; la existencia de Taiwán, que, si bien aquí lo consideramos un Estado, en realidad no lo es desde una perspectiva jurídica internacional al estar reconocido solo por 22 Estados, ninguno de ellos asiático, y la existencia de multitud de islotes, atolones, arrecifes y bancos de arena esparcidos, muchos de ellos origen de conflictos al estar reclamados —ya que tienen recursos naturales en las aguas circundantes— por dos o más países. A ello debe añadirse el ascenso de potencias medias en la región —caso de Indonesia, Malasia, Tailandia o Vietnam—, el enorme volumen comercial que recorre la zona — en 2008, de los 20 puertos con mayor tránsito de contenedores, 12 se situaban en el mar de China— y el problema de la piratería, bastante habitual en aguas filipinas e indonesias.

China es la región del mundo donde más ha aumentado el tráfico de contenedores en las dos últimas décadas. Fuente: Cemac

Conflictos en el mar de China Oriental

Empecemos viendo qué ocurre en el más pequeño de estos dos mares. En las esquinas se encuentran las cuatro potencias de la región Asia-Pacífico —China, Japón, Corea del Sur y Taiwán— y, repartidas por el interior, una cantidad considerable de islas de tamaño bastante reducido, pero sospechosas de albergar recursos naturales, en especial gas natural. A esto hay que añadir el hecho de que ninguno de los tres primeros países reconoce como Estado a Taiwán; para ellos es un fantasma internacional, lo que supone un contratiempo en estos conflictos: ¿cómo reclamar a un país un territorio si no reconoces a ese país? Por otro lado, si permites que se lo queden, reconoces implícitamente que son suyas y que ese Estado es soberano al tenerlas.

En primer lugar, nos encontramos con el problema de las islas Senkaku, una serie de pequeñas islas administradas por Japón, pero que Taiwán reclama como suyas y China exige a través de su reclamación de la propia Taiwán. El conflicto con estas islas viene sobre todo por la creencia de que existen depósitos de hidrocarburos en sus aguas; quien tenga la soberanía de las islas tendrá el derecho de explotar los recursos naturales que se encuentren en sus cercanías. Este factor, más el componente nacionalista que sacude a los tres países litigantes, ha hecho que sobre todo desde 2008 las tentativas de desembarco o patrullas de fuerzas chinas o taiwanesas en aguas de esas islas sean constantes, ante lo que el Gobierno nipón ha respondido enviando fuerzas navales e incluso cazabombarderos. Un conflicto similar ocurre entre Corea del Sur y Japón por unas islas en el mar del Japón llamadas rocas de Liancourt, lo cual pone de relieve los roces continuos entre estos cuatro países.

Para ampliar: “Japón, entre el crisantemo y la katana”, Diego Mourelle en El Orden Mundial, 2018

El otro gran punto de fricción de la región es la relación entre China y Taiwán. Tras la guerra civil china (1945-1949), los chinos nacionalistas —bando perdedor— huyeron a la isla de Taiwán, donde formalizaron un Estado con el mismo nombre frente a la China continental o República Popular China. China nunca reconoció como legítimo el Estado de la isla de Taiwán, que reclama para la República Popular, por lo que las relaciones formales entre ambos son nulas, si bien hay ciertas relaciones tácitas e indirectas; al fin y al cabo, Taiwán lleva más de medio siglo como actor internacional. Asimismo, China ha procurado sugerir a otros países que no reconozcan a los taiwaneses: solo pueden reconocer una China, la continental o la insular; quien reconozca a los isleños corre el riesgo de que Pekín rompa relaciones con él. Por ello, solo 22 países se han atrevido, la mayoría islas del Pacífico y del Caribe.

Para ampliar: “La diplomacia de la solidaridad de Taiwán”, Alfonso Pisabarro en El Orden Mundial, 2018

Las islas del mar de China Meridional

Este mar es el que más problemas genera, principalmente por ser más grande y porque hay más países rodeándolo, lo cual siempre acaba por generar algún roce. Aquí será también donde nos encontremos los dos principales problemas de índole transnacional: el elevadísimo tráfico marítimo en algunos puntos y la piratería, amén de los siempre presentes conflictos sobre islas.

Efectivamente, los problemas de soberanía sobre las islas son una constante. El más importante es el de las islas Spratly; hasta seis países se disputan su soberanía y muchas de ellas ya están ocupadas por diversos Estados a la espera de poder reclamar todo el archipiélago. Las islas están a medio camino entre China, Taiwán, Filipinas, Malasia, Brunéi y Vietnam; todos ellos reclaman que son suyas. Sin duda, estas reclamaciones vienen por la creencia de que en dichas islas podría haber depósitos de hidrocarburos —China y la petrolera Shell hicieron una alianza para explotar estos posibles yacimientos— y por encontrarse justo en el medio del mar, lo que las convierte en un punto clave en el comercio marítimo regional. De hecho, alguna de las islas posee una pista de aterrizaje más larga que la longitud de la propia isla.

Países como China, Taiwán y Vietnam reclaman la totalidad del archipiélago aduciendo motivos históricos. El resto de los candidatos solamente reclaman una porción del archipiélago, normalmente las islas que ya tienen bajo control y que explotan de manera efectiva; es el caso de Filipinas y Malasia. Brunéi, por el contrario, dada su poca capacidad militar —comparativamente hablando respecto de los vecinos—, solo puede sostener argumentos legales en su reclamación.

Para ampliar: “Las Spratly, el problemático capricho de Asia-Pacífico”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2015

El otro conflicto insular es el de las islas Paracelso, al norte de las Spratly y también bajo sospecha de guardar petróleo y gas natural. Actualmente están ocupadas por la República Popular China y son reclamadas por Taiwán y Vietnam. Este último alega que, tanto durante la ocupación francesa de Indochina como cuando había un Gobierno precolonial independiente, esas islas eran vietnamitas y no chinas.

El ascenso de los dragones pequeños

En las últimas décadas ha sido relativamente común oír hablar de los tigres asiáticos en esa moda de agrupar países con algún nombre con gancho. Se caracterizaban por tener un rapidísimo proceso de crecimiento económico después de la Segunda Guerra Mundial hasta los años 90 y por industrializarse a pasos agigantados. Esos países eran Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong —que pasó de Reino Unido a China en 1997— y Singapur. Ahora ya poco se duda de que son países altamente industrializados y absolutamente punteros en competitividad internacional, por lo que aquel apodo de tigres o dragones se ha hecho realidad.

En la actualidad nos fijamos en los nuevos dragones, países que, como sus hermanos mayores, parecen estabilizarse con un crecimiento bastante alto y cada vez mayor capacidad productiva y que en unas décadas podrían ser tan competitivos como Corea del Sur o Singapur. Estas potencias medias son Tailandia, Indonesia, Malasia y, en un segundo plano, Vietnam.

Disputas territoriales en Asia-Pacífico

A pesar de que cada uno posee sus propias características, podemos encontrar ciertos factores comunes que pueden impulsar su desarrollo económico y sus ganas de tener más presencia en la región: explotación de petróleo y gas natural —sobre todo Indonesia y Malasia—, aprovechamiento del enorme volumen comercial que circula por su zona y de los vigentes procesos de deslocalización y el progresivo contrapeso que supondrán frente a la política hegemónica de China en Asia-Pacífico. Quizás en 20 o 30 años veamos a Indonesia como ahora vemos a Corea del Sur; si nos fijamos, los dragones mayores son bastante pequeños en tamaño —a Singapur y Hong Kong las podemos considerar modernas ciudades Estado—, mientras que los dragones menores tienen una extensión territorial bastante considerable. Eso puede ser una ventaja o un inconveniente; veremos cómo se resuelve con el tiempo.

Además, como se decía, 14 de los 20 puertos con mayor afluencia de contenedores los encontramos en países de esta zona: nueve chinos y cinco por Singapur, Taiwán, Corea del Sur y Malasia. Esto, desde una perspectiva económica, revela el potencial de la zona y el dinamismo comercial existente, pero también tiene ciertas desventajas.

Lo que caracteriza esta ruta es la afluencia de barcos. A más barcos, mayores dificultades de transporte, y a más dificultades de transporte, mayores riesgos. Este factor se agudiza si observamos que en no pocos lugares del sudeste asiático hay estrechos muy angostos, como el de Malaca entre Malasia e Indonesia, el de Singapur o el sembrado de islas a lo largo de la zona. A los componentes meramente geográficos se les añade el factor de disputa política, lo cual genera problemas al paso de barcos, a pesar de que, desde un punto de vista jurídico internacional, el derecho de paso de una embarcación, salvo que esté cometiendo un delito en aguas jurisdiccionales, es sagrado.

Rutas marítimas del mundo. Fuente: Population Data

Al observar el mapa de las rutas marítimas mundiales, se aprecia que la ruta comercial que circula por la zona de Asia oriental y discurre por el sudeste asiático, el océano Índico y el canal de Suez es de una densidad considerable, por lo que algunos países, sobre todo China, se preguntan cómo desatascar semejante trasiego de barcos. Lo primero que se les ocurrió en Pekín fue negociar con Tailandia la construcción de un canal en el istmo de Kra para aliviar el tráfico en la región, pero actualmente sería un proyecto costosísimo —además, las relaciones entre Pekín y Bangkok no son demasiado buenas— y China ya ha buscado alternativas a su comercio internacional, como es la ruta del Pacífico.

La piratería, una tradición de la zona

El concepto de piratería nos parece hoy algo lejano, quizás un tanto romántico o algo propio de somalíes. Estos últimos, que acaparan los medios en los últimos años, son unos recién llegados a la profesión en comparación con los asiáticos, que llevan siglos dedicándose a esta actividad y a los que poco a poco los países del sudeste asiático les van ganando el pulso. De estos piratas asiáticos quizás el más conocido sea el ficticio Sandokán, personaje de novela creado por Emilio Salgari que se dedicaba a ejercer el oficio por las aguas de Borneo y Malasia.

Para ampliar: “Los herederos de Sandokán”, Diego Mourelle en El Orden Mundial, 2017

Fuera de la visión decimonónica del pirata, han ido cambiando con las circunstancias y el devenir de los siglos; aunque sigan asaltando los barcos que pasan por su territorio, estos van cambiando, tanto en finalidad como en tonelaje. Si en 1984 se dedicaban a saquear a los refugiados de Indochina, hoy sus presas son los grandes barcos cargueros y los petroleros, si bien es cierto que la piratería en esta zona está cayendo bastante rápido gracias a los esfuerzos de las Fuerzas Armadas de China, Tailandia, Filipinas e Indonesia, que durante años han estado trabajando en ponérselo cada vez más difícil.

En el futuro, la región de Asia-Pacífico va a ser donde más rápido será el desarrollo económico mundial en las próximas décadas, si no hay un cambio brusco que lo trunque; los conflictos que hemos visto no tienen por qué ir a más. Las disputas por islas o por lugares relativamente pequeños entre dos o más países aún son frecuentes, solo que, a diferencia de en décadas o siglos anteriores, ahora las balas ya no son las que hablan primero. Estos asuntos, sin restarles la importancia que merecen —sobre todo si hay petróleo o gas—, son menores frente al peso que tienen los países que reclaman su control y sería muy raro que la situación se les fuese de las manos; simplemente juegan a echarse un farol a ver cuál es la reacción del otro —y, si cuela, cuela—. Atención también a las economías medias, pues pueden acabar siendo unos nuevos BRIC. Por último, será interesante ver el papel de China en todo este proceso de auge de Asia-Pacífico, ya que el acercamiento de Estados Unidos y la costa oeste de todo el continente americano hacia el Pacífico es más que notoria.

14 comentarios

  1. ¡Muy buen artículo!
    es una web muy interesante. ¡Seguid así!

  2. interesantísimo artículo! una región del mundo apasionante

  3. ¿Sera la tercera guerra mundial en el mar de china? es posible

  4. articulo interesante
    gran pagina web
    los seguire de cerca amigos!

  5. cuantos problemas solo por unas islas!

  6. Me gustó este artículo, por lo claro y simple. Sabido es la trascendencia que la región tendrá en el comercio mundial, hay que avocarse entonces a profundizar el análisis en la cuestión geo-estratégica y la posibilidad de que los conflictos que hoy existen -y que por suerte, creo están lejos de dirimirse en terreno belicoso-, puedan ser solucionados jurídicamente. Sigan así, esta página es altamente recomendable.

  7. Buen artículo.

    Me quedan dos preguntas:

    ¿En qué instancia (además de los movimiento militares físicos) discuten/negocian los países?

    ¿Hay algún punto medio que podría resolver el conflicto o las posiciones están tan enquistadas que es imposible pensar en una solución diplomática?

    • Lo lógico sería discutir esto en el seno de Naciones Unidas. Sin embargo, un actor clave como es Taiwan no es reconocido como estado, surgiendo ahí un problema casi antes de poder empezar. Igualmente se podría tratar en la ASEAN, o al menos en la ASEAN+3, donde están China y Japón. La solución más pacífica y diplomática sería acudir a la Corte Internacional de Justicia (la Justicia de la ONU), donde estos temas se pueden resolver, ya que hace no mucho el CIJ resolvió una disputa similar entre Chile y Perú sobre la delimitación de las aguas territoriales. Sin embargo, la voluntad política es nula. Ningún estado quiere ceder ni “parecer débil” recurriendo a la justicia de Naciones Unidas. Y China va a seguir presionando. De hecho, todos los análisis geopolíticos para 2015 dan la zona del Mar de China como uno de los puntos calientes a tener en cuenta. Por tanto, no, no se vislumbra una salida dialogada al conflicto.

  8. Muy buen artículo, la verdad. No quiero ponerme tiquismiquis pero cuando empieza el apartado del Mar Meridional, el título dice «Mar de China Septentrional». Entiendo que es una errata. Por lo demás, como he dicho, muy buen artículo.