Israel no es miembro de la OTAN debido a la limitación geográfica de la Alianza, vetos políticos y cálculos estratégicos. El Tratado del Atlántico Norte —documento fundacional de la OTAN— establece en su artículo 10 que sólo puede ser invitado un “Estado europeo”, requisito que Israel no cumple. Aunque ambas partes colaboran desde hace treinta años, Turquía bloquea cualquier acercamiento desde la Alianza, Estados Unidos prefiere mantenerlo como socio bilateral y la guerra en Gaza ha dividido a los aliados occidentales. Pero hay otra razón más profunda: a Israel y la OTAN no les conviene cambiar ese equilibrio.
Israel y la OTAN: un historial de cooperación
Israel lleva treinta años acercándose a la OTAN. En 1994 entró en el Diálogo Mediterráneo, un espacio de cooperación entre la Alianza y varios países del norte de África y Oriente Próximo. Allí se buscaba la cooperación en seguridad marítima, lucha antiterrorista, intercambio de inteligencia y ejercicios militares conjuntos. En 2006 firmó un programa de cooperación más profundo y empezó a participar en operaciones navales de la OTAN en el Mediterráneo. Y ya en 2017 abrió una misión permanente en la sede de Bruselas.
A mediados de los 2000, varios analistas pensaban que todo esto era el paso previo a una candidatura real de Israel a la OTAN. Los expertos estadounidenses Ronald Asmus y Bruce Jackson escribieron en 2005 que el Gobierno israelí podía empezar a construir esa relación acercándose a los países de la Alianza que ya consideraba amigos. Eso sí, los propios investigadores condicionaban esa vía a que hubiera progresos reales hacia la paz con Palestina y una definición de fronteras claras del Estado israelí. Para 2007, el entonces ministro de Asuntos Estratégicos, Avigdor Lieberman, declaró que Israel debía trabajar para entrar tanto a la OTAN como a la Unión Europea. Sin embargo, aquellas condiciones nunca se cumplieron.

En septiembre de 2023 hubo un repunte simbólico. Primero, el vicesecretario general de la OTAN, Mircea Geoană, visitó Israel y habló de un “nuevo comienzo” en la relación. Semanas después, el presidente del Comité Militar de la Alianza, el almirante Rob Bauer, repitió la misma idea en otra visita. Pero ese “nuevo comienzo” se quedó en compromisos generales de cooperación medioambiental, innovación y nuevas tecnologías, sin ningún acuerdo concreto de por medio. Esa posibilidad se diluyó tras el ataque de Hamás de octubre de ese año, por el cual la OTAN expresó su apoyo a Israel, aunque sin implicarse en el conflicto.
Turquía dice que no
Además del requisito geográfico para formar parte de la OTAN, cualquier intento de ingreso de Israel enfrenta otro: todas las decisiones, incluida la ampliación o la cooperación sensible, requieren unanimidad de los 32 Estados miembros. En ese contexto, Turquía ha jugado un papel clave bloqueando decisiones de la Alianza, incluyendo durante años los ingresos de Suecia y Finlandia. En cuanto a Israel, ambos países tuvieron un quiebre histórico en 2010, cuando las Fuerzas de Defensa israelíes abordaron el Mavi Marmara, un barco de la Coalición de la Flotilla de la Libertad que iba rumbo a la Franja de Gaza. Cerca de cuatrocientos de los 581 pasajeros eran turcos, así como los diez activistas que murieron en el ataque.
Sin embargo, el bloqueo de Turquía en la OTAN viene desde octubre de 2023, con el inicio de la ofensiva israelí en Gaza. El caso más claro ocurrió en septiembre de 2025, cuando Ankara vetó su participación en un ejercicio sobre resiliencia y respuesta a emergencias que estaba planeado en Bulgaria. Desde entonces, Turquía se ha convertido en uno de los rivales más duros de Israel. Ese enfrentamiento combina disputas territoriales, apoyo turco a la causa palestina y una competencia por la influencia en Oriente Próximo.
El acercamiento de Turquía a Estados Unidos a raíz de su papel clave en Siria después de la caída de Bashar al Asad en 2024 le ha dado más peso a la postura turca frente a Israel. Durante años, Ankara respaldó a facciones de la oposición armada siria que hoy tienen el poder, lo que ahora le da influencia directa sobre la estabilidad del país. Washington necesita esa cooperación para la transición siria, y por eso le da a Turquía más peso político. Esto coincide con un distanciamiento con Israel por los ataques israelíes en Líbano. Cuanto más útil le resulta Turquía a Estados Unidos, más peso tiene en la OTAN. Esta mayor relevancia turca en la Alianza y en Oriente Próximo deja a Israel con menos aliados dispuestos a insistir en su nombre.
Estados Unidos: un aliado con cada vez menos paciencia
Durante décadas, Estados Unidos prefirió apoyar a Israel de forma bilateral: con dinero, armamento y tecnología de defensa. Así evitaba comprometer a los otros 31 países de la OTAN cada vez que Israel entrara en conflicto con alguno de sus vecinos. Esta relación directa le ha dado a Israel casi todos los beneficios de una alianza militar con inteligencia compartida, tecnología de punta y entrenamiento conjunto, sin verse obligadas ambas partes a la defensa mutua que estipula el artículo 5 del Tratado.
Sin embargo, la guerra en Irán ha mostrado la divergencia de intereses entre Estados Unidos e Israel en la región. El presidente estadounidense Donald Trump busca un acuerdo que ponga fin al conflicto para centrarse en los intereses comerciales en el Golfo. En cambio, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sigue enfocado en debilitar a la República Islámica y ha mantenido los ataques en Líbano. Ese mismo patrón —Israel actuando por su cuenta incluso cuando eso incomoda a su aliado más incondicional— hace todavía más difícil imaginar que 32 países de la OTAN, con intereses mucho más dispares que los de Washington y Tel Aviv, lleguen algún día a un consenso sobre su membresía.
Gaza también ha abierto una grieta en la OTAN. Países como España han llegado a calificar las acciones militares de Israel como genocidio, mientras otros aliados occidentales, como Alemania, mantienen una postura más cercana a Tel Aviv y sostienen su derecho legítimo a defenderse. La postura española no siempre ha sido crítica con Israel. El entonces presidente José María Aznar decía a principios de siglo que había que apoyar al Estado hebreo en el marco de la lucha contra el terrorismo y que la OTAN podía ser clave para la paz con Palestina. Esa distancia entre aquel Gobierno y el actual de Pedro Sánchez, así como las divergencias presentes, también muestran lo dividida que ha estado Europa frente a Israel.
Al final, a Israel tampoco le conviene
Hay una última pieza, y es la más importante: Israel nunca ha querido atarse del todo a nadie. La lección fundacional de esta actitud viene de 1956, con la crisis del canal de Suez. Egipto había nacionalizado el canal, e Israel se unió a Reino Unido y Francia para invadirlo, sin avisar antes a Estados Unidos. La decisión les salió mal porque tanto Washington como la Unión Soviética condenaron la invasión, y las tropas europeas e israelíes tuvieron que retirarse sin haber conseguido sus objetivos.
Para Israel, la lección quedó grabada: ni siquiera actuando junto a potencias europeas puede contar con que sus aliados lo respalden hasta el final. Desde entonces ha procurado preservar la máxima libertad de acción posible y evitar depender de coaliciones multilaterales, apoyándose en su alianza con Estados Unidos, de la que sigue dependiendo en gran medida en términos militares y tecnológicos. La relación de Israel con los organismos multilaterales ha sido, en general, tensa. En diciembre de 2023 llegó a uno de sus puntos más bajos con la ONU, después de que el secretario general, António Guterres, pidiera un alto el fuego en Gaza. En foros internacionales Israel suele quedar en minoría frente a países árabes, musulmanes y del Sur Global, y esa experiencia ha reforzado su estrategia de actuar solo en asuntos de seguridad.
A fin de cuentas, ni a la OTAN ni a Israel les conviene que Israel entre como miembro pleno. Como socio, Israel obtiene casi todo lo que le interesa, desde el acceso a inteligencia y tecnología militar hasta un marco de acercamiento a Occidente, sin comprometerse a defender a nadie más ni a pedir permiso para actuar. Además, la OTAN obtiene un aliado valioso en Oriente Próximo, sin el riesgo de que sus 32 países terminen arrastrados a una guerra regional cada vez que Israel entra en conflicto con algún vecino.