“Israel quiere guerra en tantos lugares como sea posible”: Gideon Levy

El periodista del diario ‘Haaretz’ es una de las voces más críticas dentro del Estado israelí. Desde sus columnas cuestiona y condena las agresiones en Irán y Líbano y la ocupación en Palestina, y advierte de la deriva fundamentalista en su país
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“Israel quiere guerra en tantos lugares como sea posible”: Gideon Levy
Gideon Levy en octubre de 2025. Fuente: Frontlinie - YouTube

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Israel ha bombardeado a cinco vecinos en los últimos tres años: Palestina, Líbano, Irán, Siria y Yemen. Enemigos, terroristas, actores hostiles a ojos del primer ministro Benjamín Netanyahu y la esfera política israelí. Las campañas aéreas han ido acompañadas de un expansionismo y ocupación en la Franja de Gaza, el sur de Líbano y los Altos del Golán en Siria. Pero también de un fervor nacionalista más radical, mesiánico y violento en Israel: una deriva que ya se venía anticipando desde 1967. Todo ello lo percibe y narra el periodista israelí Gideon Levy (Tel Aviv, 1953) en sus artículos para el periódico Haaretz.

La política bélica israelí carga contra objetivos políticos y militares, pero también contra la vida civil. Hospitales, escuelas, clubes deportivos, parques públicos… y también medios de comunicación, como quedó aún más claro con el ataque a la televisión estatal iraní en junio de 2025. Son cerca de 260 los periodistas asesinados en Gaza desde el 7 de octubre de 2023. En el mes y medio que va de guerra en Irán y Líbano, Israel ha acabado con la vida de otros cuatro periodistas iraníes y siete libaneses. Mientras esto está en marcha, Levy se conecta a la videollamada desde su casa en Israel con una copa de vino en la mano. 

PREGUNTA – ¿Cómo ha sido su trabajo como periodista en los últimos tres años?

RESPUESTA –  En muchos sentidos más duro que nunca. Llevo más de cuarenta años en el oficio y he pasado por momentos difíciles. Ha habido épocas donde he necesitado guardaespaldas y otras dónde la situación ha sido realmente desagradable, pero esta vez me he sentido más solo que nunca. El 7 de octubre cambió la mentalidad de tanta gente en Israel que aquellos que se aferran a las viejas ideas de la izquierda se han quedado muy solos y aislados.

Te pongo un ejemplo. Yo solía aparecer muy a menudo en la televisión israelí, pero en los últimos tres años no me han invitado ni una sola vez. Esto prueba el aislamiento a nivel laboral, pero también ocurre en la vida personal, con los amigos y la familia. Aun así no me quejo. Tengo total libertad y sigo escribiendo lo que pienso. Nadie me amenaza ni me limita, así que desde ese punto de vista no hay problema. 

¿Ha cambiado la forma de trabajar o la perspectiva de Haaretz durante este tiempo? Visto desde fuera parece complicado mantener una línea editorial crítica sin contratiempos en este contexto.

Ha tenido que hacer frente a muchos retos. El Gobierno suspendió todas las suscripciones y toda la publicidad, así que hay dificultades económicas. Pero Haaretz sigue siendo muy sólido y está muy bien asentado; aquí y allá hay crisis económicas, pero, salvo eso, nada ha cambiado en estos dos o tres años. El ADN de Haaretz es lo suficientemente fuerte.  

Mientras tanto, la guerra en Irán y Líbano lleva más de un mes y se ha anunciado un alto el fuego temporal. ¿Cuáles son los objetivos de Israel?

En una palabra: guerra. Israel quiere tanta guerra como sea posible y en tantos lugares como sea posible. Sé que quizá sea una simplificación excesiva, pero mirándolo desde la distancia, es lo que busca. Ahora hay en Oriente Próximo más de seis millones de personas desplazadas por culpa de Israel: dos millones en Gaza, un millón en el Líbano y tres millones en Irán. Esto no es normal. 

Israel está luchando por toda la región, en muchos casos sin objetivos concretos y alcanzables. La guerra en Irán es el mejor ejemplo de ello, pero no el único: antes teníamos dos años y medio en Gaza con 70.000 personas asesinadas, mil bebés menores de un año, 20.000 mujeres… Hamás está más débil militarmente, pero sigue vivo y coleando, y estoy seguro de que se recuperará. ¿Qué ha ganado Israel? ¿Es un lugar más seguro después de todo esto? En absoluto: hay tiroteos por todas partes [en Gaza y Cisjordania].

Mapa del gran Israel

Israel ha perdido el rumbo por completo. Sus objetivos concretos ya no son relevantes: existen sobre el papel, como derrocar al régimen de Irán, pero no se pueden tomar en serio. El propio [secretario de Estado estadounidense] Marco Rubio dijo que es una tontería. ¿Por qué entonces este afán? ¿Le preocupan a Israel los derechos humanos del pueblo iraní o del pueblo palestino? En absoluto. Entonces, ¿cómo atreverse a llamar democracia a Israel cuando es uno de los tiranos más brutales del mundo en Cisjordania? ¿Cómo hablar de derechos humanos o de moral? El discurso hace aguas por todas partes. En un contexto así, puede haber todo tipo de metas inalcanzables que utilizar como pretexto para acabar con todo.

Investigadores como Danny Citrinowicz han sugerido que la política de Israel va dirigida a eso: acabar con todo, destruir, provocar caos y el colapso del Estado iraní. ¿Es una política de ahora o de dónde proviene?

Nada es nuevo. Todo empezó en 1948, pero nunca había sido así, y se traspasó cualquier límite posible a partir del 7 de octubre [de 2023]. Los ataques de Hamás fueron el punto de inflexión. Los israelíes nos hemos dicho que a partir de ese evento traumático tenemos derecho a hacer lo que queramos, que no hay ningún interlocutor en materia de diplomacia y que tenemos que valernos por nosotros mismos. Esto ya era cierto de puertas para dentro, pero después del 7 de octubre Israel ha salido del armario ante el mundo.

Se repiten las mismas cantinelas: “Podemos desatarnos todo lo que queramos”, “nadie puede detenernos porque mirad lo que nos han hecho”, “ha sido la peor masacre desde el Holocausto”… ¡Como si fuera comparable! 1.200 israelíes frente a seis millones, pero para los israelíes ha sido suficiente para perder las últimas máscaras de la vergüenza y los resquicios de algún tipo de humanidad. Esto va de la mano con que Israel viene pasando por el Gobierno más fascista de su historia, que ha instrumentalizado el trauma del 7 de octubre. No lo ven como una catástrofe sino como una oportunidad de oro para volverse locos.

Ahora que menciona al Gobierno, se ha especulado sobre la influencia de Netanyahu sobre Donald Trump a la hora de lanzar la ofensiva sobre Irán. ¿Qué papel han jugado las aspiraciones del primer ministro israelí?

La pregunta es: ¿empujó Netanyahu a Trump a la guerra? Pero ahora la respuesta no es muy relevante. Trump es responsable de sus actos. No es un niño: es el presidente de Estados Unidos. Si Netanyahu logró engañarlo o venderle historias que no tienen que ver con la realidad, la culpa es de Trump. Por supuesto que Netanyahu intentó, como siempre, engañar al mundo entero, pero hay que ser lo suficientemente inteligente como para no tragarse esas mentiras, y si Trump ha picado es responsabilidad suya. Eso sí, la pregunta será relevante en el futuro, porque lo que ahora son artículos de opinión sobre el rol de Netanyahu acabará siendo un juego de culpar a otros. Y la Casa Blanca lo culpará del fracaso en la guerra.

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“En Israel algo se ha roto, y el problema es que nadie habla de ello”

Mientras que Trump se ha visto perjudicado debido al fiasco de la guerra, el 74% de los judíos israelíes confía en que Netanyahu gestionará bien el conflicto, según una encuesta reciente del Israel Democracy Institute. ¿A qué se debe este apoyo? ¿Es un reflejo de la cohesión social ante el conflicto o de que la sociedad se está radicalizando?

Netanyahu no está obteniendo mejores resultados en las encuestas. A grandes rasgos, la única división electoral en la sociedad israelí sigue siendo “Netanyahu, sí o no”, y es una división muy profunda. Sus seguidores lo ven como un dios y lo seguirán ciegamente haga lo que haga; sus rivales lo ven como un demonio, como Satanás, lo odiarán y lucharán contra él pase lo que pase. Igual que ha ocurrido con otros líderes populistas de la historia, hay muy poco movimiento de un bando al otro.

Ahora bien, al comienzo de la guerra, una encuesta apuntaba a que el 93% de los judíos israelíes la apoyaba. ¿Es circunstancial? Una cifra así sólo se da en Corea del Norte. No hay ninguna democracia en la que se alcance un 93% en cualquier tema, y esto demuestra que esta sociedad no es sana. Si apoyas una guerra tras dos años y medio de fracaso en otra [en referencia a la ofensiva en Gaza], algo no va bien. Y esto no va sólo de los que ya apoyaban a Netanyahu: toda la oposición apoyó esta guerra. Ahora intentan negarlo, pero la apoyaron. En Israel algo se ha roto, y el problema es que nadie habla de ello.

Ese 93% es una mayoría abrumadora. ¿Dónde está la izquierda israelí ante todo esto? ¿Cuál es su postura al respecto?

No hay izquierda en Israel. No se puede ser sionista y de izquierdas de verdad, porque el sionismo hoy en día significa la supremacía de un pueblo sobre otro. Ningún izquierdista puede vivir en paz con esto. Existe una izquierda sobre el papel, pero no por convicción sino por sentirse bien consigo mismos. Hace tiempo había un anuncio que decía “vas con y te sientes sin” y es muy representativo: los israelíes quieren ir con todo y sentirse sin remordimientos. Así que inventaron la izquierda sionista, que no es de izquierdas: es de centro y, muchas veces, de centro-derecha.

En este momento el periodista recibe un mensaje de texto.

Mi mujer acaba de enviarme una nueva encuesta que no había visto: dice que sólo el 22% de los israelíes considera que la guerra fue una victoria. Es una noticia reciente del Jerusalem Post. En general, no hay sensación de victoria, pero la conclusión para la mayoría de ellos es que entonces hay que seguir presionando. No dirán: “Fue un error ir a por todas”, sino lo contrario: “Nos retiramos demasiado pronto; si continuamos, será una victoria”.

Volviendo a la pregunta sobre la izquierda: toda la oposición —la oposición judía, el llamado centro y la izquierda— admira al Ejército israelí. Justifica todo lo que hace. Crímenes, guerra, desplazamientos, asesinatos, genocidio…, siempre lo apoyarán. Esto no puede llamarse izquierda. Además, aunque antes del 7 de octubre hubiese autodenominados sionistas de izquierdas, incluso estos perfiles han disminuido.

Esto explica por qué se estima que el partido más votado de cara a las elecciones de octubre siga siendo el Likud [de Netanyahu]. Los sondeos también muestran un mayor apoyo al partido de Gadi Eisenkot, antiguo comandante de las Fuerzas de Defensa, y al ex primer ministro Naftali Bennett. Si Netanyahu pierde las elecciones, ¿qué futuro le esperaría a Israel?

El Likud será el partido más votado, pero creo que Netanyahu no podrá formar la próxima coalición. Aún está por ver, porque este hombre es un mago, pero es importante pararse a ver qué defienden Bennett o Eisenkot. Son personas más decentes. Habría mucha menos corrupción (ahora tenemos un nivel terrible, auténtica basura). Habría gente mejor, más razonable, más educada y más abierta. Pero en las cuestiones fundamentales —el apartheid, el genocidio, la ocupación, la guerra— no encontrarás mucha diferencia. Siempre lo han apoyado. Apoyaron esta y otras guerras. Ninguno está a favor de la solución de dos Estados, y la solución de un solo Estado ni siquiera es legítima para mencionarla. Bennett fue secretario general del movimiento de los asentamientos: cree que Israel debería anexionar Cisjordania y que toda la tierra nos pertenece. Nunca ha reconocido derechos a los palestinos. Esa es la alternativa a Netanyahu.

También hemos visto un apoyo masivo a leyes discriminatorias como la pena de muerte contra palestinos, aprobada recientemente. ¿Cómo se compagina esto con la idea de que Israel es una democracia o un país liberal?

Para empezar, a la derecha no le importa la democracia. No les importa que Israel no lo sea e incluso argumentan que en la Biblia no se menciona la democracia. A la derecha no le importa sentirse bien consigo misma porque conquistar, desplazar, matar y masacrar les hace sentir bien. Y en el otro bando quieren sentirse liberales, humanos y vivir en un Estado judío democrático, lo cual es el engaño del siglo.

Hay que decidir si Israel es un Estado judío o una democracia. No se puede tener todo. Entre el río y el mar hoy hay 7,5 millones de judíos y 7,5 millones de palestinos, y no hay ningún Estado judío que gobierne a estos dos pueblos de forma democrática. Israel no puede considerarse una democracia si mantiene una ocupación. Es esto lo que le define. Siempre pongo una comparación de ejemplo, una analogía que a la gente no le gusta oír, sobre un hombre violento que golpea a su mujer o a sus hijos por la noche en casa. Durante el día es tan simpático, amable y generoso que le cae bien a la gente. Pero lo que le define es su violencia por la noche en casa. Israel puede parecer una democracia liberal para los judíos que viven aquí, pero no se puede llamar democracia cuando por detrás eres uno de los tiranos más brutales del mundo.

Llamar a Israel “la única democracia de Oriente Próximo” es una farsa, pero sigue siendo una forma de que los israelíes se sientan bien consigo mismos y una forma de que los europeos los abracen y digan: “¡Mirad a esos musulmanes bárbaros! Aquí tenemos a estos judíos liberales, qué maravillosos son”. No, no lo son.

“Si dices que Israel ha asesinado a mil bebés, eres antisemita. La verdad ya no importa”

Esa narrativa tan repetida ha cambiado un poco tras la destrucción de Gaza. Israel enfrenta críticas internacionales, además de las órdenes de arresto de la Corte Penal Internacional contra Netanyahu y su exministro de Defensa, Yoav Galant, por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. ¿Cómo ha afectado esta presión al Gobierno de Israel como actor internacional o a sus acciones?

El mundo no tiene ningún impacto sobre Israel, los israelíes ni su Gobierno. Israel se ha atrincherado, se ha rodeado de un muro ideológico que parte de una idea: todo el mundo está en su contra y todo el mundo es antisemita. La culpa es del otro: España es antisemita cuando hace alguna crítica. Israel las rechaza y desestima porque supuestamente provienen del antisemitismo en lugar de la conciencia, los valores o la humanidad. Si dices que Israel ha asesinado a mil bebés, eres antisemita. La verdad ya no importa.

En segundo lugar, hasta ahora el mundo ha abrazado a Israel. Ningún país podría haber hecho lo que Israel ha hecho en las últimas décadas sin pagar un precio. Rusia invadió Ucrania y, al cabo de unas semanas, la Unión Europea impuso sanciones. La ocupación de Israel nunca ha conllevado represalias internacionales, así que puede hacer lo que quiera. ¿A quién le importa que la Unión Europea lo condene ahora?

Quizá sea importante si lo hacen Alemania, Francia o Estados Unidos, que son aliados tradicionales y tienen fuertes vínculos militares y económicos, ¿no?

Puede tener un impacto si lo hacen, no sólo si lo dicen. Hablar es una tontería: la comunidad internacional ha votado contra Israel durante años. ¿Para qué? Sólo importará si toman medidas. Esto va dirigido principalmente a la Unión Europea, que es una cobarde. No se atreve a hacer nada mientras los estadounidenses lo apoyen.

Las divergencias entre Trump y Netanyahu sobre la guerra en Irán, o si el magnate culpa al Gobierno israelí del desastre, como usted ha dicho, ¿afectarán a la relación entre Estados Unidos e Israel?

Sí, y podría ocurrir muy pronto y mucho peor de lo que pensamos o deseamos. Los estudiantes que se están manifestando en Harvard serán el próximo Departamento de Estado, los próximos senadores y los próximos congresistas. Entre los votantes de ambos partidos —y esto no tiene precedentes— ya hay una mayoría antiisraelí [entre republicanos todavía no, pero sí ha aumentado ese rechazo]. Joe Biden será el último presidente sionista, estoy seguro. Trump será el último presidente que deje a Israel campar a sus anchas, e incluso esto podría cambiar muy pronto. Cada vez más gente dice “basta” tanto en Europa como en Estados Unidos, e Israel se verá en un grave problema cuando Washington dé la señal que permita a la UE criticar y tomar medidas. Y entonces no quiero pensar hasta dónde puede llegar esto.

Volviendo a Oriente Próximo, Israel llevó a cabo el pasado 8 de abril el ataque más intenso desde que comenzó la guerra en marzo, causando más de doscientos muertos y más de mil heridos en territorio libanés. ¿Está Israel aplicando en Líbano su modus operandi en Gaza?

Sin duda. Y ellos mismos lo dicen. No es una cuestión de mi análisis, sino un hecho. Si nadie detiene a Israel ahora, si depende sólo de su voluntad, Líbano acabará siendo una copia exacta de Rafah.

Antes del 7 de octubre, las estrategias principales de Israel eran la “doctrina Dahiya” —bombardear infraestructura civil— y “cortar el césped” —ataques contundentes pero temporales para mermar al enemigo entre periodos de estabilidad—. En Gaza y ahora en Líbano vemos mucha más destrucción. ¿Es un cambio de estrategia?

Si dependiese sólo de la voluntad israelí, no habría periodos de paz. Israel no vive aislado y la comunidad internacional puede poner frenos a la guerra cada cierto tiempo, presionar por un alto el fuego, pero el Gobierno israelí seguirá buscando justificaciones. También influye el impacto de la guerra en la sociedad, porque hay consecuencias económicas, psicológicas, sociales…, pero aún así. Ahora quieren destruir el sur de Líbano. Destruirlo del todo. Ya no es sólo reducir las capacidades de Hezbolá.

Teniendo abierto un frente en Líbano y otro en Irán, tanto el Gobierno israelí como Naftali Bennet han empezado a apuntar a Turquía como un enemigo de Israel. ¿Es Turquía el próximo objetivo?

Por ahora no. Turquía es un caso especial. En primer lugar, es un país muy fuerte y miembro de la OTAN, así que el contexto es muy complicado. Además, veníamos de tener buenas relaciones a todos los niveles. En segundo lugar, hay un límite en el número de frentes en los que puedes actuar [de hecho, el jefe de las Fuerzas de Defensa, Eyal Zamir, ha advertido que están sobrepasadas por la falta de recursos y soldados, corriendo el riesgo de colapsar]. Ahora es Irán y seguirá siendo Irán. Quizás dentro de unos años, si la República Islámica se rinde, Turquía pueda convertirse en la próxima diana.

Este tipo de discursos calan en la población, pero se necesita crear ese sentimiento. ¿Qué mecanismos utiliza el Gobierno de Israel para crear esa percepción de hostilidad?

Primero, el miedo. El miedo es siempre la primera etapa antes del odio. Así que se advierte a la gente que no vaya a Turquía, haya motivos reales o no. Y ahora nadie va a Turquía, que había sido el destino número uno de los israelíes durante años y a donde había más vuelos diarios desde Israel. Esto se alimenta con los comentarios de la otra parte: hay declaraciones de Erdoğan [el presidente turco] y otros que tildan a Israel de Estado nazi y a Netanyahu de Hitler, que luego se amplifican y enfatizan en Israel. Está pasando lo mismo con España: España no es peligrosa, pero hemos llegado a un punto en el que supongo que no es muy agradable ir por las calles de Barcelona, Málaga o Madrid y decir que soy de Israel.

Son países que tienen un sentimiento propalestino muy fuerte.

También, pero se puede ser propalestino y se puede ser antiisraelí. La cuestión es: ¿dónde está el énfasis? Y en muchos sentidos supongo que hoy en España es ambas cosas. Los israelíes siguen yendo a España. Sabemos que es seguro, pero se vuelve menos agradable si tienes que ocultar tu identidad, como en los restaurantes que no atienden a israelíes [que en realidad han sido casos puntuales y por boicot a Israel].

Desde que comenzó la guerra, en los medios hemos desplazado nuestra atención hacia Irán y Líbano. Además de la violencia de los colonos israelíes o la ley de la pena de muerte, ¿cómo ha evolucionado la ocupación de Gaza? ¿Qué rumbo está tomando la política de Israel en Cisjordania?

Ese es siempre el problema de los medios: se centran mucho en un solo tema, un día surge uno nuevo y el antiguo queda olvidado. Cisjordania es interesante y un proceso sistemático, pero no es una guerra, así que recibe menos atención. Los colonos y el Gobierno se aprovechan de esa falta de interés. Lo mismo ocurre con Gaza: se encuentra en una situación horrible y está olvidada. A nadie le importa a menos que ocurra algo dramático. No se ha resuelto nada, ni una sola casa se ha reconstruido. Hay nuevos ataques, matan a gente y a niños, pero a una escala totalmente diferente. Hamás sigue ahí, Israel sigue ahí, la ocupación sigue ahí. Israel está construyendo bases militares y ya controla más de la mitad de la Franja.

Antes comentaba que la única división social en Israel es “Netanyahu, sí o no”, pero autores como Ilan Pappé hablan del colapso del sionismo debido a las fracturas en la sociedad israelí, mientras que Tamir Pardo, exdirector del Mossad, apunta a una fragmentación étnica. ¿Está de acuerdo?

Cuando digo que esa es la única línea divisoria, me refiero a lo político: a quién se vota en las elecciones. Las otras divisiones sociales se han ignorado en las manifestaciones de los últimos años contra Netanyahu. Ahora bien, social, cultural y religiosamente, tenemos muchas líneas de división que no se están superando. La fractura más problemática sigue siendo entre judíos askenazíes y mizrajíes. También hay una división creciente entre laicos y ortodoxos, y obviamente entre árabes y judíos dentro de Israel.

“La demografía apunta a que Israel se convertirá en una teocracia, un país fundamentalista”

¿Estas divisiones sociales y culturales pueden conducir a una ruptura o un colapso de Israel, como sugiere Pappé?

Pappé es más optimista que yo. Yo no creo que esto vaya a desmoronarse mientras tengamos enemigos externos y amenazas externas —algunas reales, otras exageradas—. Si hubiera paz, sí existiría un gran peligro de que todo este proyecto colapsase. También porque la demografía apunta en una dirección muy clara: hay muchos más niños ortodoxos, y en una o dos generaciones serán mayoría en Israel. Esto cambiará el rostro del país en muchos sentidos: se convertirá en una teocracia, un país fundamentalista.

Si avanzamos hacia ese futuro, ¿qué pueden esperar Gaza y Cisjordania?

Me temo que para entonces ya no existirán. A los ortodoxos no les interesan esas cuestiones. Pero también están los nacionalistas religiosos, los colonos: están creciendo, haciéndose cada vez más fuertes y no dejarán que Gaza y Cisjordania sigan como están. Harán todo lo posible por desplazar al mayor número posible de palestinos. Esto ya ha comenzado a muy pequeña escala. Ahora, por primera vez, hay políticos de alto rango que hablan de expulsar a los palestinos de Gaza. La expulsión se ha convertido en un debate legítimo: quién está a favor, quién en contra, qué país los acogerá, si algún país de África… Así empiezan estas cosas y sabemos cómo pueden acabar.

Jara Monter

Monzón, 2000. Graduada en Periodismo y Humanidades y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos, ambos por la UC3M. Interesada en la geopolítica, la seguridad, Oriente Próximo y la vinculación entre política, cultura y dinámicas sociales.

2 comentarios

  1. Expandir comentario
    Victoria Alegría Landa

    Articulazo Jara!

  2. Expandir comentario
    SALVADOR HERRERA HERNANDEZ

    Me parece una entrevista con mucho sesgo contrario a la actitud de Israel. Está muy bien tener la visión de la izquierda de Israel pero no se le hace preguntas clave. Es muy fácil denunciar los excesos bélicos del Estado hebreo, se queda genial. Faltan preguntas relativas a la relación de Israel con otros estados de la zona como Egipto, Jordania, los Emiratos o Arabia Saudí; que soluciones propone la izquierda israelí a las amenazas externas como Irán, Yemen, Hamás o Hezbolá; como debe enfocar Israel sus relaciones con enemigos tan fundamentalistas o más que ella y cuales podrían ser las posibles consecuencias de esa supuesta política exterior y los antecedentes en otros países con problemas similares. Espero ansioso una segunda parte que de respuesta a estas preguntas y otras más