La israelí es una sociedad muy dividida, que, como han hecho muchas otras en la historia, busca el pegamento de su unión en un enemigo común. El enemigo es Hamás, Palestina, los árabes. La violencia en su contra es fundacional: la Nakba de 1947 y 1948 mató y exilió a miles de palestinos de las ciudades del antiguo mandato británico. Sin embargo, en los últimos años se ha recrudecido hasta extremos inauditos.
Frente a ese enemigo se desdibujan las diferencias entre los ciudadanos del Estado judío. Pero estas nunca han dejado de ser notables: las diferencias políticas que existen en cualquier sociedad (izquierda y derecha) están complicadas aquí por el elemento religioso (laicos y teócratas) y por una peculiar diversidad étnica que el nacionalismo sionista aspira a refundir, aunque sólo lo ha logrado a medias.
Un país dividido en el fondo
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