¿Por qué criticar a Israel no es antisemita?

Israel y sus aliados han acusado de antisemitas a quienes señalan al Estado hebreo por la destrucción y las miles de muertes que está dejando en Gaza. Con ello, sin embargo, banalizan la gravedad del odio hacia los judíos y desacreditan una historia marcada por la persecución
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¿Por qué criticar a Israel no es antisemita?
Protesta en Toronto contra la ofensiva israelí en Gaza en noviembre de 2023. Fuente: Can Pac Swire (Flickr)

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Criticar o condenar a Israel por su ofensiva en la Franja de Gaza no supone una postura antisemita porque no se dirige al pueblo o religión judía sino a las violaciones al derecho internacional y al derecho internacional humanitario. El antisemitismo, como cualquier forma de odio y discriminación, en este caso contra los judíos, atenta contra los derechos humanos. Por su parte, el antisionismo es la oposición a la existencia del Estado de Israel, a que se base en el judaísmo o a su expansionismo en Palestina.

Israel ha acusado de antisemitismo a individuos y organizaciones que han condenado sus ataques o han mostrado su apoyo a Palestina. Cuando la Corte Penal Internacional ordenó en 2024 el arresto de Benjamín Netanyahu y del ministro de defensa Yoav Gallant, el primer ministro acusó a la institución de tomar una decisión basada en el odio antisemita. Asimismo, al aceptar la demanda por genocidio en enero de 2024, la Corte Internacional de Justicia fue acusada por varios ministros israelíes de ser antisemita.

Los judíos y el Estado de Israel

El antisemitismo al que alude Israel bebe de la larga historia de persecución contra los judíos. En Europa comenzó a ser frecuente en la Edad Media. El Concilio de Letrán de 1215 ordenó que los judíos llevaran insignas y, en algunas ciudades, fueron obligados a trasladarse a sus propios barrios. En los siglos XIII y XIV, distintos monarcas europeos echaron a los judíos y confiscaron sus propiedades. La persecución más masiva fue mediante la Inquisición española, hasta que fueron expulsados de la península ibérica en 1492.

El antisemitismo europeo propició el auge del sionismo en pleno auge de los nacionalismos en el siglo XIX. El sionismo defendía la creación de un Estado propio para los judíos en su tierra prometida, y desde entonces impulsó la migración hacia territorio palestino. El creciente antisemitismo en Europa alcanzaría su mayor exponente durante la Segunda Guerra Mundial en la Alemania nazi, que exterminó a más de seis millones de judíos en el Holocausto.

Israel también ha fusionado ambos términos al considerarse un Estado judío desde su fundación en 1948. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, la Organización de Naciones Unidas recién fundada propuso el plan de partición de Palestina en 1947. La propuesta dividía el Mandato británico en dos Estados: uno judío y otro árabe. Ante la oposición a la partición del territorio, Palestina y los países vecinos atacaron a Israel, que frenó los avances y amplió sus fronteras un 20% más que los límites establecidos por la ONU. El asentamiento de los judíos en Palestina ha sido la principal causa de los conflictos desde entonces, e Israel ha seguido ampliando sus fronteras, desobeciendo la resolución de Naciones Unidas.

Otros hitos consolidaron la postura de Israel. En 1975, la ONU sacó adelante una resolución no vinculante que equiparaba el sionismo con el racismo y el apartheid sudafricano, y llamó a eliminarlo. Aunque sería anulada en 1986, reforzó la fusión de ambos términos para las autoridades israelíes. Posteriormente, durante la segunda intifada en el 2000 y la creación de la campaña de boicot, desinversión y sanciones (BDS) contra Israel, el Gobierno aludió al antisemitismo para combatir la narrativa. Más recientemente, en 2016, la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto estableció una definición de antisemitismo que incluye la negación de la autoderminación del pueblo judío como forma de antisemitismo.

Sionismo como espada, antisemitismo como escudo

Los últimos Gobiernos israelíes han tratado de eliminar la distinción entre antisemitismo y antisionismo. Ya en la campaña electoral de 2019, Netanyahu afirmó que el Estado de Israel debía basarse en el judaísmo y que era sólo para los judíos. Sin embargo, existen varias distinciones más allá de los propios términos: 

En primer lugar, el sionismo es un movimiento político heterogéneo que abarca a sionistas progresistas, conservadores o radicales. El actual Gobierno representa una rama radical del sionismo y está vinculada a la ultraderecha, incluyendo ministros en el gabinete. Además, no todos los judíos son sionistas, pues hay judíos antisionistas que se oponen al Estado de Israel. También hay organizaciones judías que muestran su oposición como Jewish Voice for Palestine, la más grande en solidaridad con Palestina. Por último, el Gobierno israelí no representa al pueblo judío en su conjunto. De hecho, hay más judios fuera que dentro de Israel, por lo que condenar las decisiones del Gobierno israelí no implica culpar a todos los judíos.

Si bien el antisemitismo sigue existiendo, el Gobierno israelí lo usa para justificar sus crímenes contra los civiles palestinos, aprovechándose de la sensación de responsabilidad histórica con la comunidad judía que aún permea en la comunidad internacional. Sin embargo, las críticas y denuncias a los ataques israelíes no residen en el aspecto religioso del Estado judío sino en las violaciones de derechos humanos que están cometiendo sus Fuerzas de Defensa sobre territorio palestino.

Desde el comienzo de la guerra en Gaza tanto el antisemitismo como la islamofobia han aumentado en Europa. Sin embargo, aludir al antisemitismo contra quienes se oponen a las políticas del Gobierno israelí no protege, sino que trivializa los actos de odio hacia los judíos, mientras perpetúa el genocidio en Gaza. Además, puede limitar la libertad de expresión. Alemania o Francia prohibieron las manifestaciones a favor de Palestina, argumentando que podrían dar pie a comentarios antisemitas. Por su parte, hasta 3.000 estudiantes fueron detenidos en universidades de Estados Unidos por participar en marchas propalestinas.

Nerea Seijas

Madrid, 2003. Cursando el doble grado de Estudios Internacionales y Economía en la UC3M. Interesada en la geopolítica y sus efectos sociales.