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“Boicot, desinversión y sanciones” (BDS) es una campaña internacional de presión al Estado de Israel para que cumpla con los estándares de derecho internacional, recomendaciones y resoluciones de organismos como las Naciones Unidas en relación al conflicto palestino-israelí. Comenzó en 2005 y se inspira en la campaña realizada entre los años sesenta y noventa contra el régimen del apartheid en Sudáfrica. Fue creada tras haberse hecho pública la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia que condenaba la construcción de un muro entre Israel y el territorio palestino de Cisjordania.
Presión internacional sobre Israel
Alrededor de 170 organizaciones, que incluían desde ONG hasta partidos políticos, sindicatos u organizaciones de refugiados, lanzaron entonces un llamamiento para que la comunidad internacional los apoyara en su campaña contra Israel. Desde su nacimiento, BDS se fijó tres objetivos: acabar con la ocupación israelí en territorio palestino y quitar el muro; garantizar iguales derechos a los ciudadanos israelíes de origen palestino, y permitir el retorno de los refugiados acogidos en los países vecinos.
Como indica su nombre, “Boicot, Desinversión y Sanciones” consiste en boicotear los productos de proveniencia israelí o de empresas que colaboran en el mantenimiento de la situación actual en Palestina. Entre otros, anima a los consumidores a dejar de comprar productos alimenticios como frutas o dátiles, pero también cualquier otro que provenga o sea producido en Israel o en empresas que colaboran con el país. A esto se suma el llamamiento que se hace a las empresas y particulares de dejar de invertir en compañías que colaboren con el Estado israelí. Esto último ha conseguido que personalidades como Bill Gates hayan reducido sus inversiones en empresas que apoyan el statu quo en Palestina.
En tercer lugar, las sanciones buscan que Gobiernos y otras instituciones internacionales penalicen a Israel de diversas formas. Expulsándolo de tratados de comercio, gravando sus exportaciones o suspendiendo su membresía de organismos de Naciones Unidas, por ejemplo. Otra opción es el embargo de armamentos, como han reclamado organizaciones como Amnistía Internacional.
BDS y la respuesta israelí
La campaña BDS no ha estado exenta de polémica. Se le tacha frecuentemente de antisemita con el argumento de que niega el derecho de existir a Israel. También le tilda de violenta por apoyar a la organización islamista Hamás, que controla Gaza de facto desde 2007, u otros grupos terroristas. Con todo, las acciones de la campaña BDS no son antisemitas en sí mismas. Actores como la Unión Europea han reconocido el derecho a practicar el boicot, amparándose en la libertad de expresión.
Israel ha convertido la lucha contra la campaña BDS en una prioridad. En 2017, por ejemplo, el Gobierno israelí aprobó una ley que permitía denegar el acceso al país a defensores del boicot, lo cual afectó a dos congresistas estadounidenses. Incluso su agencia de inteligencia, el Mosad, ha colaborado con el Ministerio de Seguridad Pública para frenar la influencia del movimiento mediante la creación de campañas anti-BDS. A su vez, la causa sionista y después Israel han desarrollado históricamente su propia estrategia para posicionarse en la opinión pública internacional, hasbará (‘explicación’), mediante una narrativa favorable.
Fe de erratas: la versión inicial de este artículo decía que la opinión consultiva había sido de la Corte Penal Internacional. Fue de la Corte Internacional de Justicia, como confirmaba el enlace correspondiente.






