Las Spratly, el problemático capricho de Asia-Pacífico

A principios del siglo XV, el almirante chino Zheng He recorrió buena parte de las costas que baña el Océano Índico en siete expediciones ordenadas por el emperador Yongle, tercero de la dinastía Ming. En estos viajes se mezclaban los intereses comerciales –encontrar nuevos mercados–, la mera curiosidad cartográfica, reivindicar el poder del Imperio del Medio por los territorios circundantes a este y hasta los deseos de grandeza del propio emperador.

Independientemente de las motivaciones imperiales, el almirante y eunuco Zheng arribó a lo largo de las primeras décadas de siglo a lugares tan distantes de China como la isla de Ceilán, las costas de India e incluso el litoral de las actuales Somalia, Kenia y Mozambique. Además, las flotas empleadas distaban mucho de equipararse a las europeas que por aquellos mismos años empezaban a navegar el Atlántico sur y la costa occidental africana. Los barcos chinos utilizados en las distintas expediciones tenían siete, ocho e incluso nueve mástiles, y el tamaño de los buques se estima hasta de ocho veces mayor que la Santa María, la nao con la que Colón llegaría a América en 1492. Estas flotas, que contaban con decenas de navíos, transportaban a su vez miles de soldados, y la tecnología naval, tanto aplicada a las embarcaciones como a la navegación, superaba con creces a la europea de la época. Es por ello que se ha llegado a teorizar sobre la posibilidad de que Zheng He hubiese llegado a las costas de América siete décadas antes que Colón. Aunque desde las capacidades chinas era totalmente plausible, históricamente no existen evidencias que apunten en esta dirección.

Lamentablemente para los navegantes chinos, con la muerte del emperador Yongle, esta política exploratoria desapareció, y los confucianos de la corte Ming replegaron el país sobre sí mismo, comenzando siglos de aislacionismo que hicieron de China un país atrasado en un momento que económica y tecnológicamente era puntero en el mundo.

Casi seis siglos después, la China actual, esta vez bajo la dinastía del Partido Comunista, busca emular la política de Zheng He. Se ha esforzado por encontrar nuevos mercados regionales y globales, a la vez que financieramente empieza a extender su influencia a nivel planetario; ha vuelto, al igual que hizo el almirante, a África, con fines eminentemente políticos y económicos, al mismo tiempo que desea remarcar su posición como indiscutible potencia en Asia-Pacífico, aunque sea de manera intimidante.

En este último aspecto, la dominación marítima del espacio próximo al Imperio del Medio se ha vuelto prioritaria, pero también compleja e inestable. En el Mar de China Meridional, Pekín es donde quiere apostar más fuerte, concretamente en el archipiélago de las Spratly, pero también es donde está encontrando una resistencia más enconada por parte de sus vecinos. A nadie escapan ya las intenciones de la República Popular para con su vecindario; es por ello que aunque todas las cartas estén boca arriba, nadie se resigna a perder.

¿Derecho histórico o imperialismo?

Dentro de todos los problemas y tensiones que se pueden encontrar hoy en día en el Mar de China, el mencionado archipiélago de las Spratly es, probablemente, la cuestión geoestratégica de mayor importancia para la práctica totalidad de países que, directa o indirectamente, están inmersos en este pulso en extremo oriente. Geográficamente no son más que una cantidad considerable –superior a las 150– de islas, islotes, atolones, arrecifes, bancos de arena y diversas formaciones que de manera transitoria o permanente se encuentran por encima del nivel de las aguas. Lo importante aquí es que de todas ellas, cuarenta son consideradas, geográfica y legalmente, islas, a pesar de que muchas de ellas son de una superficie diminuta.

Geoestratégicamente, este archipiélago se encuentra en el centro del Mar del Sur de China, abrazado por cuatro estados del sudeste asiático y vigilado desde el norte por la China continental y la China insular –Taiwan. A lo largo de los siglos, muchos de los territorios emergidos de las Spratly han sido utilizados por pescadores de los países circundantes, siendo algunas islas ocupadas y desocupadas de manera intermitente. Así, en la actualidad, Vietnam ocupa casi una cincuentena de enclaves en este archipiélago, China y Filipinas ocho de ellos, Malasia cinco y Taiwan uno. Sin embargo, todo esto sería muy sencillo si no hubiese otra cuestión por medio: la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Control de las islas Spratly por los países involucrados. Fuente: http://www.defense.gov/Portals/1/Documents/pubs/NDAA%20A-P_Maritime_SecuritY_Strategy-08142015-1300-FINALFORMAT.PDF#page=20
Control de las islas Spratly por los países involucrados. Fuente: http://www.defense.gov/Portals/1/Documents/pubs/NDAA%20A-P_Maritime_SecuritY_Strategy-08142015-1300-FINALFORMAT.PDF#page=20

Este tratado internacional abierto a su firma en 1982 estipula toda una serie de normas y reglas para la buena convivencia y el mantenimiento de cierto orden en los espacios marinos. Para la cuestión que aquí tratamos, los Estados tienen el derecho de reclamar como Zona Económica Exclusiva, aquella en la que pueden monopolizar su explotación, hasta 200 millas náuticas más allá de la línea costera que limita el país en el medio terrestre. Esto, evidentemente, si no choca con las aguas de otro país, teniendo que llegar a una solución justa y equitativa respecto a las comentadas ZEE. El problema de las Spratly es que, como islas, alrededor de ellas se puede trazar una ZEE en favor del país que las controla y que, se supone, es soberano de las mismas. Por la situación geográfica del archipiélago, las reclamaciones marítimas de Filipinas, Malasia o Brunei a partir de sus territorios “indiscutibles” abarcan también parte de las Spratly, “engullendo” islas que no están controladas por su país. Por el contrario, Vietnam ganaría cuantioso espacio marítimo de poder imponer la Ley del Mar a sus vecinos. Por desgracia para ellos y para el resto de países del sudeste asiático, la ya elevada complejidad del asunto se queda en un juego de niños con la entrada de China en la disputa.

Al contrario que Vietnam, dominador mayoritario del archipiélago, Filipinas y Malasia, cuyas reclamaciones sobre este son parciales, el Imperio del Medio reclama para sí la totalidad de las Spratly. Para basar su demanda argumenta, entre otras cosas, la tradicional, casi milenaria, soberanía china de esas islas a lo largo de todas las dinastías del Imperio Chino –que se remontan incluso a antes del año 0–, además de las prácticas pesqueras que en la zona han llevado a cabo pescadores del sur de China durante siglos. Sin embargo, basar las reclamaciones en un “quién llegó antes” como único puntal de legitimidad, además de ser un esfuerzo inútil por la complejidad del problema y el trasfondo que contiene, sólo lleva a un enrocamiento de las posturas por parte de los agraviados en esta cuestión.

La vecindad sudasiática, consciente de la posición en la que se encuentran, mejor colocados de inicio pero con más que perder a largo plazo, contraatacan las tesis chinas con una posición que hasta el propio Pekín ha llegado a admitir indirectamente a base de naturalizar la cuestión: China necesita ese archipiélago y es una prioridad en su estrategia de seguridad nacional.

La llamada “Línea de los Nueve Puntos” es un trazado que aparece en numerosos mapas chinos englobando una serie de diminutos territorios insulares repartidos por todo el Mar de la China Meridional. En total son varios millones de kilómetros cuadrados de Zona Económica Exclusiva los que Pekín reclama para sí, arrinconando en la práctica las aguas territoriales del resto de estados ribereños. Dentro de esta ambiciosa zona marítima, las Spratly son el núcleo de las reclamaciones. Una victoria –diplomática o militar– que atrajese al archipiélago al abrigo de la República Popular sería el principio del fin de las disputas en la zona, ya que se sobreentiende que el resto de territorios reclamados caerían bajo el amparo chino antes o después.

La actual Zona Económica Exclusiva (ZEE en inglés) que actualmente China posee no es la que pretende poseer. Fuente: Heritage Foundation.
La actual Zona Económica Exclusiva (ZEE en inglés) que actualmente China posee no es la que pretende poseer. Fuente: Heritage Foundation.

¿Qué busca China en las Spratly?

Aunque las reclamaciones de tipo histórico sobre el archipiélago contienen cierta base, en Pekín son perfectamente conscientes de lo endebles que son y el escaso impacto y legitimidad que tienen para el resto de interesados. Es por ello que en los últimos años se ha ido abandonando la línea diplomática para dejar paso a una más política y militarista. Las Spratly son, dentro del planeamiento estratégico chino, una parte vital, y desde el Imperio del Medio cada vez son menos pacientes con el tiempo que les está llevando avanzar en la cuestión del archipiélago.

Una victoria china en la cuestión de las Spratly completaría en buena medida la pretendida ZEE bajo la forma de la Línea de Nueve Puntos. Esto, además de expulsar a los vecinos de las actividades económicas que se pueden realizar en estas aguas, abriría a China la posibilidad de explotar en solitario los nutridos yacimientos de gas natural y petróleo que se estiman en la región, unos depósitos submarinos aún sin tocar por la potencial conflictividad del archipiélago y también por la soberanía discutida de la totalidad del mismo. De poder extraer China hidrocarburos en las islas, indudablemente ganaría en seguridad energética, ya que buena parte del crudo y el gas es actualmente importado de Rusia, el golfo Pérsico o el continente africano.

Del mismo modo, reunir bajo el dominio de Pekín a las islas y bancos que emergen en este archipiélago supondría, además de una buena dosis de moral nacional –otro paso en el cada vez más inflado nacionalismo chino– una legitimación sobre Taiwan en relación a quién es la verdadera China. Y es que desde Taipei también se reclama la totalidad de las Spratly aduciendo los mismos argumentos que la República Popular. No olvidemos que a ambos lados del estrecho de Taiwan se consideran los únicos y verdaderos herederos de lo que China representa. Así, el paso de las islas al amparo de uno u otro significaría un reconocimiento implícito de cuál es la heredera auténtica del Imperio del Medio.

Sin embargo, no hay que olvidarse de la variable geoestratégica, ya que sin duda es la que más peso tiene en las ambiciones de Pekín. En la actualidad, con la soberanía del archipiélago discutida, los miles de barcos mercantes y petroleros que transitan por las aguas del Mar del Sur de China con origen o destino Hong Kong, Cantón o cualquier otro concurrido puerto de los muchos situados en territorio chino, pasan por varias aguas territoriales o, puestos a hilar fino, por aguas internacionales al no reconocerse la soberanía de nadie en las Spratly. En cierto sentido, esta situación “neutraliza” el mar en esta zona de Asia, que si bien es un statu quo aceptable para los países ribereños, no lo es para China, que tiene que esperar a que sus barcos se aproximen a la isla de Hainan para poder controlar su tránsito.

Con un mando absoluto sobre las Spratly, Pekín adelantaría su supremacía a la antesala oriental del estrecho de Malaca, uno de los mayores chokepoints del mundo y por el que discurre una proporción considerable del comercio global. En este escenario, el peso geopolítico de China en la región ganaría indudablemente, relegando al resto de países a una posición secundaria y aumentando el poder de Pekín en un área de influencias solapadas y que por el momento se le resiste al Imperio del Medio, tanto por carecer de recursos suficientes de cara a imponer su posición como por la ausencia de aliados entre la vecindad meridional. Y es que si algo ha conseguido China es formar un frente común contra su descarado expansionismo marítimo, arrojando incluso en brazos de Estados Unidos a países que se creía antagónicos de los norteamericanos, caso de Vietnam.

Los flujos de gas natural que China importa son un buen ejemplo de cara a evidenciar la posición estratégica de las Spratly. Fuente: Center for Strategic & Int'l Studies 
Los flujos de gas natural que China importa son un buen ejemplo de cara a evidenciar la posición estratégica de las Spratly. Fuente: Center for Strategic & Int’l Studies

Sin embargo, el interés chino en el mosaico de islas no termina aquí. En su condición de punto geoestratégico para el indudable dominio aeronaval y comercial del sudeste asiático, las Spratly se configuran como la primera estación de lo que China ha denominado como el “collar de perlas”, su posicionamiento geopolítico a lo largo del océano Índico para asegurar el comercio en la zona, especialmente las importaciones de hidrocarburos, y mantener a raya una futurible expansión naval de India por su mar circundante.

VER MÁS: La China actual. Geoestrategia en su entorno geopolítico, IEEE

Un escenario de creciente tensión

Por la acuciante necesidad de hacer avances en sus reclamaciones, así como por la importancia de ir generando una infraestructura en previsión de cualquier escenario, el Imperio del Medio se ha puesto manos a la obra en las pocas islas que controla en las Spratly. Si hace una década su control se limitaba a unos pocos atolones y arrecifes sin potencial ni importancia aparente, China ha sabido reciclar sus posesiones y exprimir toda su capacidad. Así, ya en 2013 y 2014 se empezó a observar una actividad naval de bajo perfil permanente en torno a las islas chinas del archipiélago.

Sin saber exactamente qué estaba haciendo China por allí –al menos para el público general–, a finales de 2014 y principios de 2015 se reveló mediante imágenes por satélite la concienzuda obra de ingeniería ordenada desde Pekín para aquel escenario meridional. Nada más y nada menos que China estaba reformando los bancos de arena, arrecifes y diminutas islas en superficies insulares de notable extensión. El cómo era simple: toda la actividad naval detectada eran buques dragadores que, aprovechando la baja profundidad de las aguas en esa zona, habían extraído enormes cantidades de arena del lecho marino para construir y agrandar las islas. Así, lo que antes eran escuetos puestos de vigilancia en una isla no más grande que la propia torre se habían convertido en terrenos de cierta importancia, con muelles y superficie para almacenes, helipuertos y algún que otro alojamiento. En definitiva, todo un compendio de bases estables con potenciales usos logísticos y militares.

Los trabajos avanzan a buen ritmo por el interés de Pekín en tener listas lo antes posible esas instalaciones. En algunas islas se puede comprobar el perfil logístico de estas, especialmente en las más pequeñas; en cambio, en los arrecifes de mayor tamaño, caso del de Fiery Cross, China está apostando fuerte con la construcción de una pista de aterrizaje de algo más de 3 kilómetros, lo que permitiría el despegue y aterrizaje de todo tipo de aeronaves, incluyendo bombarderos pesados. De hecho, la pista de Fiery Cross se dio por finalizada en septiembre de 2015, si bien todavía falta toda la infraestructura auxiliar para que el futuro aeródromo esté operativo.

Aunque todos los países con presencia en las Spratly han desarrollado infraestructuras militares, China les saca ventaja. Fuente: Center for Strategic & Int'l Studies 
Aunque todos los países con presencia en las Spratly han desarrollado infraestructuras militares, China les saca ventaja. Fuente: Center for Strategic & Int’l Studies

Cuando las instalaciones estén listas, algo que no debería alejarse de 2016 o 2017, China habrá ganado muchos enteros de cara a forzar una negociación o una cesión de las islas de otros estados litigantes. Y es que aunque la República Popular no se encuentre muy sobrada de medios navales –probablemente es su brazo más débil dentro de las Fuerzas Armadas–, supera con creces las capacidades de otros estados vecinos, cuyos medios para defender en el futuro las Spratly son totalmente insuficientes.

En este escenario cada vez más favorable a China es cuando Estados Unidos ha decidido involucrarse. Tanto Vietnam como Filipinas, Malasia y por supuesto Taiwan están alineados estratégicamente con la potencia norteamericana, más por necesidad que por gusto. Cada vez más arrinconados, un gesto de Estados Unidos que indique a Pekín que desde Washington no se olvidan de las reclamaciones en el archipiélago sería lo ideal. Es cierto que en la disputa sobre las Senkaku entre China y Japón, la Casa Blanca se ha alineado firmemente con su aliado asiático, pero en las Spratly su papel todavía estaba en el aire. A finales de octubre de 2015, un destructor estadounidense, el USS Lassen, navegó por el archipiélago cerca de las islas que China ha construido en la zona. Evidentemente, las protestas de Pekín fueron inmediatas y sonoras. Estados Unidos contestó a las quejas chinas argumentando que ellos consideran las Spratly aguas internacionales, con la consiguiente libertad de paso que se supone ampara tal estatus. Y en cierto modo, Washington era consecuente, pero también mostraba parte de la baraja con la que va a jugar. Estados Unidos es de los pocos países –y el único de importancia global– que no ha firmado ni ratificado la Ley del Mar. Así, se balancea peligrosamente entre el derecho consuetudinario y las normas internacionales por las que se debería dirimir el asunto. En este sentido, Estados Unidos se encuentra totalmente deslegitimado para apadrinar o inducir a una negociación amparada en la Ley del Mar, quedándole como única salida la disuasión militar, que es precisamente lo que pretendía mostrar la navegación de su destructor por las aguas del archipiélago.

VER MÁS: “Frente a frente: las estrategias militares de Estados Unidos y China”, IEEE

La pregunta que todos se hacen ahora es qué va a pasar en las Spratly. Algunos analistas apuntan a que podría ser el punto donde detonase una guerra en Asia-Pacífico, mientras que otros sostienen que el escenario permanecerá tan inmóvil como en los últimos años. Lo cierto es que esta problemática tiene una buena dosis de incertidumbre. Los países en liza, así como Estados Unidos, juegan constantemente a la provocación, siempre intentando cargar de simbolismo acciones aparentemente irrelevantes. Por ello existe una alta probabilidad de que en un momento dado, un gesto, una orden mal dada –o mal entendida– desencadene una reacción imparable y poco conveniente para todos. Del mismo modo, también es llamativo cómo no se ha explorado todavía la vía judicial. Tanto Naciones Unidas como la Corte Internacional de Justicia tienen potestad para dirimir los límites fronterizos y la soberanía del archipiélago. Ahora bien, la complejidad del asunto es tal que probablemente llevaría muchos años resolver el entuerto. Una opción, por tanto, que aunque ideal desde el punto de vista legal y político, es inviable por el tiempo que requiere, algo que ninguno de los contendientes está dispuesto a invertir.

Con todo, China va a seguir presionando para ver cumplidas sus ambiciones. Podría apostar por la vía militar o tratar de obtener algún canje insular por ventajas comerciales o políticas. La versatilidad diplomática de Pekín ya se ha demostrado amplia, y en las Spratly le va una importante porción de su capacidad geoestratégica. Por eso mismo no conviene perder de vista los sucesos que irán ocurriendo en este archipiélago. Buena parte del futuro de Asia-Pacífico se dirime ahí.

MÁS INFORMACIÓN: Estrategia de seguridad marítima en Asia-Pacífico (Departamento de Defensa de los EEUU)

MÁS INFORMACIÓN: Estrategia militar de China (Oficina de Información del Consejo de Estado de la República Popular China)

Acerca de Fernando Arancón 69 Articles
Nacido en Madrid, en 1992. Graduado en Relaciones Internacionales en la UCM. Máster en Inteligencia Económica en la UAM. Analista de Inteligencia. Especialista en geopolítica y entornos estratégicos. Twitter: @Feraru92
Contacto: Twitter

4 comentarios en Las Spratly, el problemático capricho de Asia-Pacífico

  1. Buen artículo Fernando. Podrías haber usado como referencia mi artículo de 2010 en UNISCI donde explico varias de los temas a los que aludes, y te hubiera ayudado bastante a ello.
    EL DESPLIEGUE ESTRATÉGICO DE EEUU, LA REPUBLICA
    POPULAR DE CHINA Y LA SEGURIDAD EN ASIA 2001-2010http://revistas.ucm.es/index.php/UNIS/article/viewFile/UNIS1010330083A/26926.

    Un saludo

  2. Los países asiáticos de Vietnam, Malasia, Filipinas tienen todo el derecho de reclamarle a China por estas islas. Quién no tiene ningún derecho, ni siquiera como defensor de otros países ni como arbitro es Estados Unidos. Para Estados Unidos todo el mundo es su patio trasero. Solo basta preguntar en cuantos países tiene bases militares China y en cuantos Estados Unidos?

  3. La Unión Económica Euroasiática tiene dos frentes muy activos en los que luchar para seguir desarrollándose. Mientras Merkel invita a Turquía para acelerar su integración en la Unión Europea… Putin debe hacer lo propio con los países que quedan por integrarse en la Unión Económica Euroasiática tan necesaria para la firma y ratificación del COP24.
    .-
    Fabius: “Los países cumplirán con el acuerdo climático” http://dw.com/p/1HNQ9?tw
    .-
    El acuerdo COP21 fracasará a la hora de ser ratificado por los parlamentos nacionales, recordemos que hay 9 países que no han presentado su plan de acción. La ONU es un organismo supranacional muy, pero que muy débil en estos momentos. Necesita urgentemente la ayuda y la fortaleza de las 5 Uniones Continentales que les ayuden a prohibir las religiones en TODO el mundo, ya que es la fuente de las más absurdas guerras en todo el mundo… de ello depende la supervivencia de la ONU.
    .-
    El COP24 será firmado y ratificado por las 5 Uniones Continentales si hacen bien su trabajo.

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