“Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error”, rezaba la portada de The Economist a principios de abril, mostrando a un Xi Jinping sonriente detrás de Donald Trump. Y es que Estados Unidos está erosionando su propia reputación con la guerra en Irán, el cierre del estrecho de Ormuz y el tono confrontacional con sus aliados. China, en contraste, recoge los frutos: un modelo comercial y energético que ha resistido mejor al shock, el acercamiento de socios internacionales y vía libre en Asia-Pacífico.
Aunque a China tampoco le conviene una guerra larga, el conflicto en Irán ha validado las principales apuestas de Xi. El presidente chino lleva tiempo invirtiendo en diversificar proveedores y compradores, y en asegurarse la autosuficiencia con un modelo de Estado que apuesta por la electrificación y que ha demostrado ser una apuesta ventajosa frente a las crisis globales. Mientras Estados Unidos se empantana en Oriente Próximo, China está hoy más cerca de su competidor en la carrera por la hegemonía mundial.
La apuesta energética china, confirmada con Ormuz
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