El mapa de la geopolítica de Ceuta

La ciudad española, ubicada en un punto estratégico, se ha convertido en herramienta de presión migratoria por parte de Marruecos
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Ceuta es una ciudad autónoma española situada en el norte de África y uno de los exclaves más singulares de la Unión Europea. Sus escasos 18,5 kilómetros cuadrados caben en la superficie del aeropuerto de Madrid-Barajas, pero alberga más de 83.000 habitantes, una de las densidades de población más altas de España. El pasado 30 y 31 de julio, una cantidad similar de personas cruzó la frontera desde Marruecos. El Gobierno marroquí ha sido señalado por su responsabilidad ante la crisis, ya sea por acción y omisión deliberada, y el Gobierno español por su falta de contención frente a Rabat.

 

El mapa de Ceuta

 

¿Por qué Ceuta supone un foco de tensión? La respuesta no está en sus dimensiones, sino en todo lo que caben dentro de ella: un grifo migratorio que Marruecos abre y cierra a voluntad, una frontera terrestre de la Unión Europea con África, una alta densidad demográfica, una economía particular, una guarnición militar y el irredentismo marroquí, que reclama Ceuta como propia y presiona a España por su soberanía.

Ceuta se ubica en la península tingitana en el norte de África, justo en el extremo oriental del estrecho de Gibraltar, que une el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Es un territorio de la UE rodeado por Marruecos por tierra y sin aeropuerto propio. Sus conexiones con la península son un ferry desde Algeciras y un helipuerto. Pese a su ubicación, Ceuta no es una colonia: pertenece a España desde 1580, casi cuatro siglos antes de que Marruecos existiera como Estado independiente, y desde 1996 tiene el estatus de ciudad autónoma. La ONU nunca la ha incluido entre los territorios pendientes de descolonización.

Un territorio estratégico para España, la UE y la OTAN

Ceuta permite a España controlar el oriente del estrecho de Gibraltar, paso obligado entre el Atlántico y el Mediterráneo, y una ruta clave en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. En 2025 se incautaron 12.688 kilos de hachís, un 726% más que el año anterior, un total solo superado por el de Andalucía. De ahí que haya 3.000 militares repartidos en distintos puntos de la ciudad. Uno de los más importantes es el monte Hacho, en la península de Almina, donde una colina fortificada domina la entrada al Estrecho desde el siglo XVI y sirve como puesto de vigilancia tanto para la OTAN como para la UE.

Para la UE, Ceuta es una de las fronteras terrestres en África junto con Melilla y el peñón de Vélez de la Gomera. Forma parte del espacio Schengen, pero su frontera con Marruecos es una frontera exterior del bloque, por lo que tiene reglas especiales: por ejemplo, los trabajadores fronterizos pueden cruzar sin visado, pero cruzar irregularmente a la ciudad no permite acceder al resto del espacio Schengen. Por tanto, Ceuta sirve de filtro inicial al flujo migratorio, así como de laboratorio de la llamada “fortaleza europea”, incluyendo las llamadas “devoluciones en caliente”, o la externalización de la migración con Marruecos.

Para la OTAN, la posición de Ceuta es estratégica, pero su protección resulta ambigua: la ciudad no entra de forma automática bajo el paraguas de defensa colectiva de la Alianza. Al estar en África, queda fuera de la definición de “territorio europeo” que el artículo 6 del Tratado de Washington asocia a la cobertura del artículo 5. En 2022, el entonces secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, recordó que una invocación del artículo 5 no sería automática, sino que exigiría una decisión política del Consejo Atlántico. A esta ambigüedad jurídica se suma otra, de carácter político: Marruecos reclama la soberanía de Ceuta, pero es socio estratégico de la OTAN y aliado de Estados Unidos, que concentra el poder militar de la Alianza Atlántica. Atrapada entre estos dos frentes, Ceuta queda en una posición incómoda para la OTAN.

La valla: frontera física y herramienta de presión

A mediados de los años noventa, la llegada irregular de migrantes subsaharianos a Ceuta y Melilla se había vuelto habitual y muchos quedaron varados en las ciudades sin ser repatriados ni autorizados a pasar a la península. La adhesión de la frontera hispanomarroquí al espacio Schengen permitió encontrar recursos para fortificar el perímetro terrestre. El símbolo más visible de esta gestión migratoria es la valla. 

La valla de Ceuta empezó a levantarse en 1971 como una simple reja metálica de ocho kilómetros, y ha ido creciendo con los distintos Gobiernos. Hoy en día es una doble valla paralela de 7,8 kilómetros entre Benzú y El Tarajal, de entre seis y diez metros de altura. Desde 2019 se han invertido más de 37 millones de euros en modernizar el perímetro con cámaras optrónicas, sensores de movimiento y sistemas de alerta temprana. En 2020, España retiró las concertinas de arriba de la valla, que generaban heridas graves e incluso mortales. Ahora son unos “peines invertidos”, unos barrotes en semicírculo menos lesivos.

 

 

Pero la valla no funciona sola. Desde el primer acuerdo de readmisión con Marruecos en 1992, España ha externalizado progresivamente el control fronterizo, cooperando con Rabat para disuadir la entrada antes de que los migrantes lleguen a la valla, con inversiones en cooperación policial y hasta quinientos millones de euros en un plan de la UE para el periodo 2021-2027. Además, la devolución de quienes cruzan depende de la cooperación consular con Marruecos. Esa delegación de responsabilidad migratoria ha generado una interdependencia creciente: cuanta más responsabilidad asume Rabat, más margen de presión gana sobre Madrid, porque España necesita su cooperación tanto como Marruecos el respaldo político y económico.

El cierre de la frontera comercial como arma económica

Durante décadas, la frontera de Ceuta fue mucho más abierta que hoy. Los marroquíes de las ciudades de Nador y Tetuán podían entrar sin visado y existían las “porteadoras”, que cruzaban a diario cargadas de bultos en un comercio de contrabando que llegó a mover cerca de 1.600 empleos directos. Pero entre 2018 y 2019 Marruecos cerró ese paso en Melilla y en Ceuta, alegando fomentar el comercio en el puerto de Nador, y la pandemia de covid-19 terminó de consolidar el cierre, reconduciendo el intercambio hacia puertos propios como Tánger Med, donde Rabat controla aranceles y logística.

El golpe económico para Ceuta fue inmediato, por lo que en 2022 Madrid y Rabat firmaron un acuerdo para reabrir la aduana comercial. Sin embargo, el acuerdo fracasó y solo se han dado unos cuantos pilotos en 2023, enviando camiones que han sido devueltos por Marruecos. Rabat mantiene que las devoluciones se deben a problemas técnicos, pero los locales han dicho que el acuerdo presenta trabas legales para que no pueda ser aplicado. Una hipótesis que puede explicar este sabotaje es que un acuerdo aduanero con España implicaría aceptar de facto la soberanía española de las ciudades.

Ceuta, mientras tanto, se ha reinventado en torno al turismo español, el consumo propio y el sector del juego digital, favorecido por su régimen fiscal especial. Aun así, mantiene una de las mayores tasas de desempleo de España, por encima del 22%. El barrio de Príncipe Alfonso, descrito a menudo como un “gueto de migrantes”, es la cara más visible de esa crisis humanitaria y económica.

Ceuta en la UE: entre externalización y estatus pendiente

Dentro de este complejo entramado de actores, riesgos y acuerdos, se han buscado alternativas para que Ceuta tenga un estatus de protección mayor dentro de la UE. Al día de hoy es una frontera exterior que no está integrada en la unión aduanera; es un territorio comunitario, pero no una región ultraperiférica (RUP) como Canarias o Azores. Por ello, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció a principios de septiembre que España pedirá la integración de Ceuta y Melilla en la unión aduanera y su reconocimiento como RUP, junto a una silla permanente en el Comité de las Regiones. El objetivo es cambiar su situación de problema de emergencia resuelto con ayudas puntuales a una prioridad estructural de la UE.

 

El mapa de los territorios ultraperiféricos de la UE

 

De lograrse, el estatus RUP abriría fondos europeos para infraestructura, empleo o sanidad, y a un régimen fiscal reforzado similar al canario. Para que esto sea posible, se requiere el voto unánime de la UE. Mientras tanto, Ceuta seguirá siendo tratada como una frontera que Europa externaliza y que no termina de asumir como propia, cuya estabilidad depende de que España, Marruecos y la UE decidan dejar de considerarla como un territorio de tensiones que estallan cada pocos años.

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